Por qué ‘Figuras ocultas’ no debería ganar el Oscar

Hola, soy la Academia de Hollywood. Quiero para 2017 un biopic sobre mujeres de color que hicieron historia. ¡Que quede claro que soy supertolerante!

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21 de febrero de 2017

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  • Sólo faltan unos días para los Oscar, esa ceremonia destinada a galardonar a las mejores películas del año. Y mientras la temporada de premios se dedica a alabar y poner por las nubes a todas estas producciones nominadas, nosotros, desde CINEMANÍA, seguimos con nuestra peculiar escabechina. No nos hemos acobardado frente a dos de las favoritas para llevarse el hombrecillo dorado el próximo 26 de febrero: Moonlight y Manchester frente al mar. También hemos sido críticos con Fences, de Denzel Washington, y el western Comanchería. Ni siquiera el regreso a la dirección de Mel Gibson ha ablandado lo suficiente nuestros corazoncitos como para ser benévolos con Hasta el último hombre. Y ahora es el turno de Figuras ocultas, cuya crítica podéis leer aquí.

    Aunque, de momento, tanto el filme de Theodore Melfi (St. Vincent) como sus tres nominaciones a los premios de la Academia han pasando desapercibidas frente a sus competidoras, no os fiéis de esta producción, es una máquina de recopilar Oscars: sus protagonistas, tres matemáticas afroamericanas, vienen para poner en órbita al astronauta John Glenn y, de paso, redimir a los académicos tras los polémicos #OscarSoWhite y #OscarSoMale. Sin embargo, lo de llevarse a Oscar a casa es otro cantar…

    Ecuación (im)perfecta

    Incluso la Academia de Hollywood, bastante despistadilla, puede calcular la siguiente suma de elementos. Afroamericanas matemáticas + carrera espacial + derechos civiles de los negros en los 60 + resaca post #OscarSoWhite + basada en hechos reales + residuos de #OscarSoMale = ¡Que empiecen a llover los premios! Sin duda, la producción de Melfi se ha estrenado en el momento oportuno; “Perfect Timing!”, como dirían los norteamericanos.

    Además de beneficiarse de la coyuntura racial del año pasado en los Oscar y de las acusaciones sexistas que siempre acompañan a la industria del cine, se trata de una película basada en hechos reales, y no hay nada que guste más a un académico que carnaza real, como ya demostrarán las flamantes ganadoras de 2016, Spotlight y El renacido. Igual que no hay nada que entusiasme más a un estadounidense que recrearse en sus logros espaciales. ¿El resultado? Un producto tan poco sutil como un puñetazo en el estómago, que si no fuera por las circunstancias y la necesidad de “lavarse la cara” de la Academia, no estaría entre las nominadas al Oscar. 

    Reparto estelar desaprovechado

    Un elenco compuesto por Taraji P. Henson, Octavia Spencer, Janelle Monáe, Kevin Costner, Jim Parsons, Mahershala Ali o Kirsten Dunst, sería capaz de hacer arte del guión más insulso. En este caso, a pesar de su incuestionable calidad artística, nuestras estrellas brillan a medio gas. No nos confundamos, esta no es la historia de tres mujeres negras contra el mundo, sino el relato sobre Katherine Johnson (Taraji P. Henson) y sus acrobacias para ir de un edificio a otro, cargada hasta los topes, en busca del servicio para mujeres de color. Y el de Al Harrison (Kevin Costner), mandamás de la NASA, tan obsesionado con vencer a los rusos que no para de gastarse los paquetes de chicles.

    Jenelle Monáe, cuya ingeniera Mary Jackson se come con patatas al resto de personajes, queda supeditada a esa eterna y maniquea guerra entre mujeres y hombres, entre blancos y negros, desmereciendo así a un personaje que pedía a gritos más protagonismo. Algo similar pasa con Mahershala Ali, e incluso Octavia Spencer, nominada a mejor actriz de reparto.

    El salvador blanco, que no salvadora

    Mucho póster a lo Los ángeles de Charlie, mucho “la fuerza no tiene género” como eslogan y mucho “girl power”, para finalmente terminar siendo otra película donde las mujeres parecen necesitar al caballero (blanco) de la brillante armadura para ganarse el favor del espectador. Por un lado, tenemos a Kevin Costner destrozando a martillazos la señal de “baños para negros”, aleccionándonos sobre cómo se combate la discriminación. Por otro, nos encontramos con el astronauta John Glenn (Glen Powell), que además de ser el heroico protagonista de turno, es tan majo que saluda a las matemáticas de color cuando llega a la NASA, y exige contar con la protagonista para su misión espacial.

    ¿Y la mujer blanca? No sabemos si nos quedamos con la estirada supervisora interpretada por Kirsten Dunst, o con Ruth (Kimberly Quinn), la antipática secretaria de Al Harrison. Pero esta no es una historia racista, ni machista. Que va…

    Igualdad, qué falacia

    La meritocracia es un mito. Por supuesto que Katherine Johnson se gana a pulso todo el reconocimiento del mundo por su gran labor en la NASA. Lo preocupante es que la protagonista tiene que destacar, saberse más brillante que sus compañeros, si quiere prosperar. No es suficiente con ser igual de buena que ellos. Y si consigue, como es el caso, ser la mejor, seguirá relegada al puesto de subordinada de algún compañero inepto y prejuicios como el interpretado por Jim Parsons (The Big Bang Theory). Cliché tras cliché.

    Tal y como ha admitido el director, la relación entre ingenieros y matemáticas de color en la realidad no era tan hostil como plasma la película, y se exageró para fortalecer el mensaje del filme. ¿Qué mensaje? La película parece celebrar que la igualdad depende de la inteligencia extraordinaria de las protagonistas, sin ser de por sí un derecho que corresponde a todos por igual.

    Racismo decolorado

    El racismo se ha retratado en infinidad de películas y, sin embargo, muy pocas se han atrevido a plasmarlo en toda su crudeza. Doce años de esclavitud, Django desencadenado. El mayordomo, Criadas y señoras… Figuras ocultas, pese a sus “baños de color”, no es una de ellas. La de Melfi es una feel-good movie, que simplifica el conflicto racial, abordándolo desde las oficinas climatizadas de Langley. Como si por el simple hecho de que estas tres mujeres consiguieran sus objetivos, el mundo, de la noche a la mañana, dejara de ser racista. O, lo que es peor, como si el racismo se limitara a miradas suspicaces y termos de café para negros en la NASA.

    Ni entonces, en las calles de la Virginia de los años 60, ni ahora, el racismo es algo tan superficial. Tal vez, deberían de haberse dejado de tanta hazaña espacial y prestar atención a lo que pasaba afuera, profundizar en esa biblioteca con una sección específica para gente de color, en la universidad sólo para blancos, y en la militancia política que sitiaba al país (reflejada brevemente en el marido de Mary Jackson). La grandeza de los logros de las protagonistas hubiera sido aún mayor en ese contexto real. Como bien dijo Isabel Allende, “la historia la escriben los hombres, los vencedores y, casi siempre, los blancos”. Y esta película sobre afroamericanos reales… casi que también.

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