[FICX 2019] ‘Rounds’: una noche en Sofía, 30 años de pesadilla europea

Komandarev, que ya se llevó premio en 2017 en el certamen con 'Destinos', vuelve a patrullar la capital de Bulgaria para contarnos las miserias de su país.

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22 de noviembre de 2019

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  • Lo anunciaba en 2017 y lo ha cumplido. Cuando el búlgaro Stephan Komandarev ganó el premio al Mejor Guion con su película Destinos, anunció su deseo de iniciar una trilogía sobre ruedas. Rounds es su segunda entrega.

    Si entonces su particular “Noche en la tierra”, claramente influida por Jim Jarmusch, versaba sobre el noble oficio del taxista, ahora lo hace con el mundo de la policía. Tres parejas, que encarnan tres dinámicas distintas (nostálgicos y detractores del comunismo, flirteos profesionales y diferencias generacionales), patrullan Sofía, o tal vez sería mejor decir la decadencia del viejo continente. Cambiando de marchas constantemente entre la comedia y el drama, Komandarev no deja de tocar ninguno de los problemas sociales de Bulgaria, que son también los de Europa: el auge del fascismo, la xenofobia, la corrupción política y su extensión policial, la inmigración ilegal, e incluso tiene tiempo para plantearse una analogía entre el Alzheimer y el fin de la cultura cinematográfica.

    Suena serio, suena trascendente, pero Komandarev y sus personajes, sometidos a situaciones a cada cual más surrealista, no cae nunca ni en el sermón ni en el panfleto. Baste como ejemplo la escena inicial, en la que, tras un aviso por sobredosis, uno de los policías charla sobre las ventajas sexuales de la época comunista, como si se hubiera acabado de empollar Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, el libro de Kristen Ghodsee recientemente editado en España. Hablan de penes, hablan de orgasmos, pero en el fondo lo están haciendo del gatillazo que para los búlgaros ha supuesto la inclusión en una Unión Europea que ni los quiere ni los valora. En el fondo, como en el running gag que vertebra los diferentes viajes y sirve de metáfora al mensaje del filme, el país es un cadáver en medio del continente que estorba a todos los que se topan con él.

    La película también es notable en lo estilístico pues, de nuevo, como en Destinos, utiliza repetidamente los planos secuencia, lo cual tiene su mérito al mover la cámara del exterior al interior de los vehículos. Probablemente, por repetitivo, por ya visto en la primera parte de su trilogía, sea algo que penalice a una película más que notable.

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