[FICX 2019] ‘A White, White Day’ lleva un héroe trágico de John Ford a Islandia

Hlynur Palmason, director de 'Winter Brothers' (2017), se afianza como cineasta a seguir con un thriller helado premiado en la Semana de la Crítica de Cannes.

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16 de noviembre de 2019

Nombres como Hafsteinn Gunnar Sigurðsson (Either Way, Buenos vecinos), Benedikt Erlingsson (De caballos y hombres, La mujer de la montaña), Rúnar Rúnarsson (Sparrows) o Grímur Hákonarson (Rams) durante esta década han contribuido a trazar una cierta idea del cine independiente de Islandia, tomando el relevo de un Baltasar Kormákur ya consolidado y habituado a Hollywood. Se hace necesario añadir al grupo el nombre de Hlynur Palmason, quizás como el mejor de todos una vez visto su segundo largometraje: A White, White Day.

El director de Winter Brothers, debut premiado en Locarno 2017 que puedes repescar en Filmin, acudió este año a la Semana de la Crítica de Cannes con A White, White Day, presente en la competición del Festival de Gijón. Pese a ser su segundo largo, bien podría ser un trabajo de madurez reposada. Se trata de una película marmórea, sólida como un puñetazo en la cara, pero también intensamente cálida; como el calorcillo que te deja en la carne ese mismo golpe.

A White, White Day comienza con el seguimiento de un coche por una de esas carreteras islandesas que parecen recorrer el fin del mundo. Hay un accidente. Después, pasamos a una hermosa sucesión de vistas de una casa en construcción (en realidad, la demolición de una nave industrial para su transformación en vivienda), mientras pasan el tiempo y las estaciones. Palmason filmó ese material durante dos años con su cámara de 35mm y mucha paciencia.

Aún no hemos visto a ningún personaje humano. Pero pronto aparece en pantalla: es Ingvar Sigurdsson, la presencia cinematográfica más potente del cine islandés; en Hollywood lo saben, pero lo han desaprovechado vilmente en roles terciarios dentro de descalabros como Liga de la Justicia Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald. 

Aquí Sigurdsson interpreta a Ingimundor, un detective de policía retirado y viudo, que se sobrepone a la muerte de su mujer (el accidente del principio) volcándose en la construcción de la casa y cuidando a su nieta. La entereza de este hombre recio, su apariencia gélida que se derrite en cuanto interactúa con la pequeña, recuerdan al Jonathan Banks de Breaking Bad, pero este intérprete mayúsculo (premiado en la Semana) tiene la planta y las hechuras de un héroe trágico de John Ford que habría clavado John Wayne.

Ingimundor descubre que su mujer fallecida mantenía un affair secreto con un vecino. Conocer esa información lo sume en una espiral de celos y rencor que se filtran entre su duelo enquistado y una vuelta rejuvenecedora a las rutinas de la investigación policial para dar con el sospechoso. Un camino hacia el abismo que Sigurdsson cuenta con pulso firme y secuencias planificadas con un sentido del ritmo y la tensión tan helador como ese horizonte blanco donde se confunde el cielo con la tierra.

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