[Festival de Sitges 2017] Distintas formas de entender el líquido

Guillermo del Toro ha presentado su nueva película, 'La forma del agua', y William Friedkin ha recogido el premio honorífico en la inauguración del festival

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06 de octubre de 2017

Es decir, de la hemogoblina con sorna a los lagos que ocultan monstruos ignominiosos, pasando por el líquido elemento que da y quita vida en la última película de Del Toro. En un día de clima francamente playero, arranca la edición número 50 del Festival de Sitges.

¿De qué se habla hoy en Sitges?

De lo único posible: el arranque del Festival en circunstancias muy, muy particulares para Cataluña. En las colas es inevitable escuchar comentarios agoreros sobre la semana que tenemos por delante, pero intentamos concentrarnos en la inauguración de la semana, donde Guillermo del Toro y William Friedkin han dominado el escenario -uno presentando su nueva película, otro recogiendo un premio honorífico-, mientras tres vampiros y un Van Helsing coppolianos hacían cucamonas.

¿Qué hemos visto?

La forma del agua, de Guillermo del Toro, ha supuesto una gratísima sorpresa, sobre todo para los que piensan que sus buenísimas ideas, intenciones y referentes no siempre van a la par con películas algo artríticas. En esta ocasión, Del Toro está especialmente afinado con su historia de una mujer muda y solitaria que inicia, en los Estados Unidos de los años 50, una relación singular con una extraña criatura anfibia. Posiblemente las estrecheces del escenario, casi siempre el cochambroso domicilio de la protagonista o las instalaciones donde está encerrada la criatura, han jugado en favor de una película sencilla, rebosante de homenajes al cine de género de los cincuenta -pero también a los musicales de la época-, optimista pero muy emotiva y que demuestra que Del Toro brilla siempre cuanto más básica es su propuesta.

Jackals es una desechable serie B que juega a homenajear los psychothrillers de los ochenta (el arranque es un ripio de la cámara subjetiva del inicio de La noche de Halloween) combinándolos con recursos del más reciente género de las home invasions. El resultado es de usar y tirar, y ni Deborah Kara Unger ni Stephen Dorff salvan la papeleta de un historia mil veces reciclada: el superviviente de una secta satánica y su familia se atrincheran en una casa aislada esperando el ataque de los de la mano izquierda. Lo más positivo es, precisamente, su inexistente despliegue de sorpresas y una franqueza a veces involuntaria, que otorga cierta crudeza primitiva a la desangelada propuesta.

También sobre sectas, pero de otro tipo, versa The Endless de Justin Benson y Aaron Moorhead, que siguen desarrollando un estilo con tics indies y ramalazos mumblecore… pero muy, muy a su manera. Tras un arranque pausado y sensato (dos hermanos supervivientes de una secta deciden visitar a sus ex-compañeros tras la recepción de una enigmática cinta de vídeo), Benson y Moorhead juegan a manosear los tópicos tal y como hicieron en sus previas y sensacionales Spring o Resolution, que conviene traer revisada de casa. De tono mutante y jugando (a veces citando de forma explícita) con las referencias a Lovecraft, es el primer sorpresón del año, y una película que no va a tardar en encontrar encendidos detractores y defensores a muerte.

En una onda también referencial, pero infinitamente más irreverente, está Tragedy Girls, un Scream para la era de la hiperconexión digital protagonizada por un par de amigas decididas a lo que sea para que su emporio de noticias truculentas se mantenga en la cresta de la ola. El humor destrozón campa a sus anchas en una película que, mitad experimento metalingüístico, mitad puesta a punto de las convenciones del género, disfruta llenando de guiños a la cultura de Internet un desarrollo al que quizás le falte algo de mala idea para multiplicar su alcance.

¿Qué nos hemos perdido? 

Las maldades de los horarios del primer día nos ha arrebatado el visionado de Science Fiction Volume One: The Osiris Child, que pese a su ostentoso título de épica space opera es en realidad una producción australiana que parece aprovechar los códigos de la ozplotation para presentar una aventura post-apocalíptica llena de violencia.

¿Qué esperamos de la jornada de mañana?

Que Yorgos Lanthimos nos deslumbre un año más con The Killing of a Sacred Deer. Algún comentario en los mentideros de la Sala de Prensa nos ha avisado de que el documental 78/52 sobre la escena de la ducha de Psicosis puede ser una de las sorpresas más simpáticas del año.

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