‘Ferdinand the Bull’: El corto antitaurino de Disney que prohibió Franco (y ganó un Oscar)

El toro de este filme no quiso salir a la plaza. Su negativa le hizo famoso, y puso de los nervios a más de un dictador.

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18 de febrero de 2015

Hablemos de The Story of Ferdinand the Bull, un cortometraje estrenado en 1938 que se ganó los odios de sujetos como Adolf Hitler y, especialmente, un tal Francisco Franco.

Comencemos por el principio: Ferdinand the Bull está basado en un cuento para niños del escritor Munro Leaf y el ilustrador Robert Lawson. Con la historia de este bóvido de buen carácter, que prefiere oler flores y tumbarse bajo un alcornoque extremeño antes que embestir el capote, los autores no aspiraban más que a narrar una historia divertida, satirizando los tópicos del mundo taurino. Con lo que no contaron es con que su librito llegó a los estantes de EE UU en enero de 1936, seis meses antes del comienzo de la Guerra Civil Española.

Tras la insurrección del 18 de julio, el bueno de Ferdinando se convirtió en el centro de una polémica internacional: las izquierdas lo tomaron como una alegoría pacifista, mientras que el gobierno golpista (dirigido por Franco desde septiembre de ese año) prohibió su historia fulminantemente, interpretándola como una sibilina maniobra judeomasónica a favor del pacifismo y de la República. Otros países, cuyos gobiernos simpatizaban con el bando rebelde, se sumaron al veto: en la Alemania de Hitler, ejemplares del libro fueron quemados en público por chicos muy simpáticos con camisa parda.

En EE UU, por su parte, las invectivas también abundaron: mientras que Leaf y Lawson insistían en que lo suyo sólo era una historia para niños, sus detractores le acusaban de ser una exaltación del comunismo, del colectivismo y de otras ideologías cuyo nombre acaba en “-ismo”. Lo cual le granjeó, además de insultos y prohibiciones, simpatías tan inesperadas como la de Mahatma Gandhi (que lo mencionó como uno de sus libros preferidos) y, sobre todo, hizo que sus ventas subieran como la espuma. Siempre dispuesto a acudir allí donde estaban los dólares, Walt Disney decidió que Ferdinand the Bull era material de primera. Y a partir de entonces, como reza el tópico, lo demás es historia del cine.

Debemos señalar que, a los autores del cuento, la llegada de Ferdinando al cine no les gustó nada: Disney y su estudio no contaron con ellos en absoluto para la producción y, donde las ilustraciones de Robert Lawson pretendían plasmar una España realista, los subordinados de ‘Tío Walt’ representaron nuestro país mediante la imaginería clásica de Hollywood, esa según la cual Madrid queda a la misma latitud que México D.F. Aun así, los siete minutos resultantes son una auténtica delicia, tanto en lo visual (la cuadrilla del torero de turno está formada por caricaturas de los animadores del estudio) como en lo sonoro, con la banda sonora de Albert Hay Malotte repleta de pasodobles y habaneras.

El tempo cómico de la historia es impecable, alcanzando su clímax en la desesperación del matador frente a ese astado tan poco bravo, y la anécdota está lo bastante bien narrada como para que uno entienda las pocas ganas que el prota tiene de acabar con un estoque hundido en el morrillo. Para colmo, Ferdinand the Bull acabó llevándose el Oscar al Mejor Cortometraje de Animación en 1939. Justo el año en el que la Guerra Civil acababa con la victoria de ya sabemos quién.

Ignoramos si el generalísimo Franco, que sentía verdadera devoción por Blancanieves y los siete enanitos, acabó apreciando los buenos modales de Ferdinando. El caso es que ni el fin de nuestra contienda ni la estatuilla dorada supusieron el fin de su popularidad. Con el correr de los años, otras celebridades como Stephen King, Vin Diesel (sí, él) y el músico Elliott Smith se han declarado fans tanto del cortometraje como del libro original.

Y, en general, su historia se ha convertido en un símbolo tanto para los pacifistas como para los detractores de la tauromaquia… y también para el colectivo gay, por aquello de rechazar los roles de la virilidad tradicional en favor de ser uno mismo. En 2007, para colmo, Un sueño posible (The Blind Side) significó su regreso a la luz pública: además de proporcionarle el Oscar a Sandra Bullock, dicha película (en la cual el cuento tiene un lugar muy importante) hizo que las ventas del librito de Leaf y Lawson se disparasen como nunca en décadas.

Una bonita historia, ¿verdad? Para concluirla, no se nos ocurre un mejor regalo que este clip, donde el cortometraje de Disney aparece tal y como muchos españoles pudimos verlo por primera vez: con su delicioso doblaje original en español latino, emitido por televisión una vez que el dictador estuvo muerto y enterrado. No perdáis la ocasión de verlo, porque es una auténtica gozada.

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