¡Feliz cumpleaños, Chicho! 7 pruebas de que Ibáñez Serrador es un genio

Le deseamos un cumpleaños de miedo al autor de 'Historias para no dormir', 'La residencia' y '¿Quién puede matar a un niño?'

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04 de julio de 2017

¿82 años? Poco importa eso: todos sabemos que el objeto de este homenaje es inmortal (o debería). Aun así, siempre mola tener motivos para homenajear a uno de los grandes genios del audiovisual español. O, como es el caso, hispano-uruguayo, porque don Narciso ‘Chicho’ Ibáñez Serrador nació al otro lado del Atlántico. Aprovechando la señalada fecha, y recordando que este director, productor y guionista recibirá el premio Maestro del Fantástico en el festival Nocturna 2017, aprovechamos para enumerar los motivos por los que adoramos que nos asuste. Motivos entre los que no se encuentra el concurso Un, dos tres…, aunque recordar a La Bombi y al Dúo Sacapuntas nos siga dando sudores fríos.

Nos quitó horas de sueño

Para los chichófilos del mundo, Historias para no dormir es la obra maestra de nuestro héroe. Y, para quienes sencillamente disfrutan con la TV bien hecha, también. Entre 1967 y 1969 (más una resurrección en 1982), Chicho puso en imágenes algunos de los mejores cuentos de terror de la historia de la literatura (obras de Robert Bloch -Psicosis-, Ray Bradbury, Edgar Allan Poe…) salteándolos con historias de cosecha propia, pero igual de espeluznantes, y poniéndoles los rostros de actorazos como su padre, Narciso Ibáñez Menta. Su último estertor, Películas para no dormir, trasplantó a nuestro ámbito el formato anthology series, ofreciendo episodios dirigidos por Jaume Balagueró Álex de la Iglesia. Chúpate esa, Ryan Murphy…

Nos hizo entender el valor de la enseñanza

Colores putrefactos, fascinación por la muerte, represión sexual a tutiplén y sustos de los que te hacen saltar en la butaca. Esos eran los ingredientes usados por maestros del cine de terror como Terence Fisher, Roger Corman… y nuestro Chicho. Con La residencia (1969), el director y guionista se marcó una de las obras maestras de lo gótico en nuestro celuloide, usando y abusando de todos los tópicos del género (incluyendo las gobernantas de gesto torvo y las lánguidas doncellas en camisón). El éxito del filme fue tal que el espabilado de Alfonso Paso se marcó un spoof, con el título de La otra residencia, sólo un año después de su estreno. Digamos que José Luis Lopez Vázquez, protagonista de la parodia, también resultaba terrorífico, pero por otras razones.

Le plantó cara a la censura

Visto hoy, el especial televisivo Historia de la frivolidad (1968, realizado por Chicho y Jaime de Armiñán) puede parecer muy rancio, y bastante machista. Pero, si se conoce su historia, la cosa cambia: concebido por el entonces director general de RTVE, un tal Adolfo Suárez, como una forma de demostrar lo ‘tolerante’ que se había vuelto el régimen de Franco, este programa de sketches acabó perdiendo su título original (Historia de la censura, nada menos) y atravesando un auténtico calvario censor. Ahora, y a pesar de los pesares, la extraordinaria labor de Irene Gutiérrez Caba como presentadora y los diseños de Antonio Mingote siguen siendo deliciosos. Eso, por no hablar del striptease medieval de Irán Eory, con armadura y todo…

Es amigo de los más pequeños

“Una película en defensa de los niños del mundo”. ¿Fue descaro, fue sinceridad, o fue ganas de suscitar morbo lo que hizo que  ¿Quién puede matar a un niño? (1976) se promocionara con este eslogan? Cualquiera sabe: lo único cierto es que estamos ante uno de los filmes españoles de terror más legendarios de todos los tiempos. El rodaje al filo de la navaja y los problemas presupuestarios que obligaron a escatimar en el reparto (¿te imaginas lo bien que hubiese estado Anthony Hopkins, la elección original del director, en lugar del sosainas Lewis Fiander?) no pueden hacernos olvidar sus obvias virtudes: ambientación mediterránea (aunque la mayor parte del rodaje tuviese lugar cerca de Toledo), la carita de pasmo de Prunella Ransome, su estupenda BSO y, sobre todo, el gustillo de ver a los tiernos infantes masacrando a diestro y siniestro. En Verónica, Paco Plaza le dedica un justo homenaje.

Educó nuestras retinas

Para los nacidos después de 1977, y salvando el inevitable Un, dos, tres…, Chicho Ibáñez Serrador fue, sobre todo, el responsable de Mis terrores favoritos. Hablamos de un espacio en el que nuestro héroe y su colaboradora Maria Luisa Armenteros nos presentaban, con simpar socarronería, clásicos del cine de sustos como No profanar el sueño de los muertos, El otro, La leyenda de la mansión del infierno La mosca. Mis terrores favoritos tuvo dos etapas (la primera, en 1982, y la segunda, entre 1994 y 1995), y fue pieza clave en la formación de muchos amantes del lado oscuro.

Es generoso con los autógrafos

El año es 1971. El lugar, un festival de cine cuyo nombre no ha trascendido, en el que Chicho Ibáñez Serrador presenta La residencia. Un joven director estadounidense, que también concurre al certamen, no cabe en sí de gozo al ver al cineasta: dirigiéndose a él, le dice que su película le ha encantado, y le pide un autógrafo que Chicho, generoso, le concede. El nombre del entusiasta admirador, que acababa de estrenar El diablo sobre ruedas, era Steven Spielberg. Y, muchos años después, Chicho recordaba la anécdota, emocionado: “Ahora sería yo quien querría trabajar en sus películas, aunque fuera para llevarle los cafés”. Menos modestia, señor: ahí quedó claro quién era el maestro, y quién el discípulo.

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