El final de ‘Estoy pensando en dejarlo’ explicado

Charlie Kaufman conquista una vez más a los espectadores tras 'Anomalisa', y su participación en los libretos de '¡Olvídate de mí!' y 'Cómo ser John Malkovich'.

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07 de septiembre de 2020

[Esta noticia contiene spoilers de Estoy pensando en dejarlo]

El imaginario de Charlie Kaufman ha conseguido impactar una vez más en la mente humana. El complejo paisaje intelectual del director de Anomalisa, y guionista de ¡Olvídate de mí! y Cómo ser John Malkovich, regresa con fortaleza con el lanzamiento de su último título (en esta ocasión para Netflix): Estoy pensando en dejarlo. Un reflejo sobre la soledad más profunda a través de la opuesta historia de una pareja joven (Jesse Plemons y Jessie Buckley), que viaja a la casa de él para que ella conozca a sus padres. Un aparente viaje cándido que se convertirá en un trayecto repleto de interesantes debates, con un culmen demente y onírico en su llegada al hogar, donde son recibidos por unos padres de lujo: Toni Colette y David Thewlis.

Desde su lanzamiento el pasado fin de semana en la plataforma, los suscriptores no han dejado de alabar la nueva producción, que algunos incluso comparan con otras simbólicas e intrigantes películas como Madre! de Darren Aronofsky. Sin embargo, eran muchos lo que también señalaban no haber terminado de entender el final de Estoy pensando en dejarlo y buscaban en el libro original de Iain Reid una forma de comprenderlo. Algo que se podía encontrar a simple vista en la divergencia entre el desenlace literario y el cinematográfico, y las constantes pistas que Kaufman arrojaba al espectador durante el metraje.

La importancia del conserje

Para comenzar, es importante incidir en la importancia de obras como la de Kaufman para dejar volar la imaginación y que cada cual haga su propio análisis de lo ocurrido, sin que ninguno sea más meritorio que otro. Dicho esto, basados en la interpretación del propio título y la novela es fácil comprender la interrelación entre el conserje con el personaje de Jake, puesto que todo apunta a que son la misma persona, y se nos otorgan pistas constantemente acerca de ello. Todo lo que ocurre es producto de la imaginación del solitario anciano, anclado en un trabajo infeliz, en el que entremezcla los recuerdos de su vida y de sus propias ilusiones, hasta su suicidio final. Por tanto, la única realidad aparente en todo momento es esta.

El hilo argumental queda a la vista desde la introducción del personaje de su novia, cuyo nombre es desconocido de principio a fin, y recibe algunos dispares como Lucy o Ames. El primer trayecto en coche deja caer la idea de que la joven quiere abandonar a su novio con la repetida cita ‘estoy pensando en dejarlo’, algo que en verdad vendría de la mente del propio Jack, quien se replantea terminar con su vida. De esta forma, la voz en off de los pensamientos de la joven en muchas ocasiones es retomada por su pareja en los diálogos, como si conociera cada cosa que ocurriera en su psique.

Comienza el surrealismo

La temporalidad no lineal, la vida o la muerte y los comportamientos erráticos comienzan con la llegada a la granja en la que Jake se crió, abandonando toda la posible narración verosímil hasta el momento. El rejuvenecimiento y envejecimiento de sus padres de manera persistente son clave en ello. Esto supone destellos de la vida de Jake y sus progenitores a los que probablemente ayudó hasta su propia muerte (o al menos se arrepiente de no hacerlo), y a los que recuerda en momentos de su periplo vital. Por su parte, su novia tiene una serie de encuentros con el personaje del perro fallecido, que empieza a demostrar el mundo de fantasía ante en el que nos hallamos.

En este contexto, el filme hace alusiones muy claras sobre la realidad detrás de la historia, con la revelación cambiante de las profesiones de la novia (tan dispares como de física a poeta), y sus pasiones, existentes realmente ya en obras creadas. Además, otras pistas son la confusión de esta al mirar una instantánea de Jake de pequeño y verse a sí misma, los uniformes del conserje en la lavadora del sótano y la forma de conocerse de ambos sacada de la película Oklahoma!, que el anciano estaba viendo en sus ratos libres. De hecho, el título de los 50 de Fred Zinnemann se convierte en la base de la idealización de su relación anhelada.

Explosión de fantasía para paliar la soledad

En su desplazamiento de regreso a la ciudad, tras abandonar la represiva vivienda de Jake que parecía tener a ambos atrapados, los dos hacen una parada en un establecimiento de venta de helados. Allí se reencuentran con unas cuantas jóvenes, que ya podíamos ver en el comienzo del filme cruzándose con él en los pasillos del instituto. De esta forma, la chica menos agraciada advierte a la novia de que ‘no avancen en el tiempo’, una forma de intentar evitar el suicidio de Jake.

De vuelta a a la carretera, ambos terminan en el instituto de Jack, donde este desaparece. Ella al final se ve obligada a salir del coche en su búsqueda y así conoce al Jake anciano, quien una vez más le ofrece sus pantuflas (como ya hiciera en su casa). Así mismo, ella es incapaz de delinear el aspecto físico de su novio, puesto que es como ‘describir a un mosquito que le picó hace 40 años’. Una mención más a la elevada edad de Jake, que ya se había dejado intuir en alguna ocasión, como cuando su madre por ‘equivocación’ apunta a la celebración de su 50 cumpleaños.

Finalmente, el Jake de mediana edad y su novia se reencuentran en un emotivo momento en el que sus ‘yo jóvenes’ comienzan a moverse al ritmo del baile de un musical. Un hecho que proviene de la observación del conserje de los ensayos en el instituto durante sus labores.

Estoy pensando en dejarlo

Por último, todos los personajes desaparecen para dejarnos ver al conserje, quien en plena tormenta de nieve se desnuda y sale en la búsqueda del cerdo fallecido por los gusanos que se lo estaban comiendo vivo (como se narraba en la historia de la granja). Una forma poética de mostrarnos su suicidio y que dan lugar al gran desenlace final: el verdadero sueño de Jack. Allí podemos ver como este cumple sus metas vitales de recibir el Premio Nobel, acompañado de sus padres y de su novia. Una secuencia en la que vemos a todos maquillados de ancianos, puesto que probablemente a la mayoría de gente jamás pudo conocerla en su vejez. Una forma de alcanzar la quimera de abandonar la soledad en la que se ha sumido su vida. Sublime.

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