Estos trabajos de cine sí que son divertidos

Conductor de limusina, detective enamoradizo o cazador de vampiros… Celebra con estas profesiones de película el Día de la Diversión en el Trabajo.

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01 de abril de 2016

Rápido, celebremos que hoy es el Día de la Diversión en el Trabajo. ¿Que qué es eso? Pues el Fun at Work Day, fiesta inventada en 1996 para recordarnos que el trabajo, si se hace cómodo y con humor, es siempre más productivo. No en vano, su celebración coincide con la del April Fools’ Day, el día de las bromas para muchas culturas. Es decir, nuestro día de los inocentes. Desde la creación de la festividad, empresas de todo el mundo han celebrado anualmente los eventos más disparatados, haciendo desde partidos de fútbol entre sus empleados a carreras de sacos por los pasillos de las oficinas. Para aportar nuestro granito de arena a la celebración mundial y como es posible que todavía no te hayas incorporado a esta festividad, hemos hecho un ranking de los trabajos más divertidos que podrías tener gracias al cine.

Cazador de vampiros

Cazador de vampiros

Empezamos por un clásico entre los clásicos. Un trabajo que han desempeñado desde Mel Brooks a Hugh Jackman, pasando, dicen, por todo un presidente de los EE UU como fue Abraham Lincoln. Ser cazador de vampiros en ningún caso ha sido tarea fácil y de hecho, podría ser vocacional, ya que Peter Cushing repitió el papel hasta en cinco ocasiones sin que pareciera aburrirse. Lo mejor de dedicarse a ello es que asegura aventuras continuas y el estar siempre de moda, porque si algo nos ha quedado claro es que no hay generación que no cuente con su ración de historias de vampiros. Importante: Abstenerse alérgicos al ajo.

Agente de S.H.I.E.L.D.

Agente de SHIELD

¿Cuántos no habrían enviado ya una solicitud si S.H.I.E.L.D. tuviera formulario online, cual C.N.I.? Desde que entraron en nuestras vidas, el trabajo de los hombres de Nick Furia nos parece uno de los más divertidos del mundo… Reclutan superhéroes a su antojo, se cuelan después de los créditos de todas las películas de Marvel y para colmo, si mueres en acto de servicio, ¡te dan tu propia serie de televisión! Y no olvidemos que tienen un helitransporte y un coche volador… Como abran reclutamiento en España, allá que vamos.

Blade Runner

Cuando se estrenó esta obra cumbre de la ciencia-ficción, también apareció ante nuestros ojos una profesión de ensueño: Ser un Blade Runner. Y es que los cazadores de “pellejudos” llevaban una pistola muy guay, un maletín gracias al que hacían interrogatorios impertinentes y el coche de policía más fardón que se ha visto en una pantalla de cine. Era como ser detective privado en una peli de Howard Hawks pero pudiendo pedir comida asiática en puestos de la calle. Además, nunca pasan de moda, porque todos sabemos que cada pocos años, toca remontar la película original y volver a venderla en vídeo doméstico.

Vale, sí. Es verdad que luego estaba todo aquello de que los Blade Runner también podían ser replicantes y que lo mismo te despertabas una mañana sospechando que toda tu vida (fotos encima del piano, incluidas) había sido un engaño… pero algún precio había que pagar por tener una profesión tan divertida ¿no?

 Vendedor de Gremlins

Aquí, el mejor ejemplo de un trabajo que te permite “liarla parda” y salir indemne de cualquier responsabilidad… Mr. Wing, también conocido como el-chino-de-los-Gremlins, se hacía de rogar para vender al mogwai y al final, poco menos que dejaba que lo vendiera su nieto haciendo como que no se enteraba de ello. Cuando la película terminaba y los bichos habían puesto patas arriba la localidad de Kingston Falls, Mr. Wing aparecía de nuevo en la película y se llevaba de vuelta al mogwai con aires de superioridad y sin devolverle el dinero a la familia Peltzer.

Y si ni eso, ni la apasionante tienda de antigüedades que tenía Mr. Wing sirve como ejemplo máximo de la diversión en el trabajo, recordar que Keye Luke, el actor que lo interpretaba, tuvo una carrera que fue una auténtica fiesta, ya que interpretó al Kato del primer Avispón verde y apareció en Falcon Crest, El Equipo A, Los ángeles de Charlie o MacGyver. Vamos, que no tuvo tiempo para aburrirse.

 Asesino de nazis

Desde el primer trailer de Malditos Bastardos, con el teniente Aldo “El Apache” Raine pasando revista a sus reclutas y diciéndoles que su misión no era otra que cortarle la cabellera a los nazis, caímos rendidos a la propuesta.

Porque, ¿quién podría negarse a saltar dentro de la Europa ocupada, infiltrarse en las líneas enemigas con Brad Pitt, Eli Roth o Michael Fassbender y plantarle cara al mismísimo Hitler en un cine propiedad de Mélanie Laurent? Es verdad que muchas películas nos contaron las secuelas de los militares aliados que sobrevivieron a las campañas militares en Francia, pero tal y como Tarantino nos planteaba el encargo, aquello parecía la profesión más divertida del mundo.

Reclutador intergaláctico

Reclutador intergaláctico

Solamente había una cosa en Starfighter (la aventura comienza) que molara más que la máquina recreativa a la que jugaba el prota, y era el trabajo del personaje de Robert Preston.

En esta película que revolucionó los efectos por ordenador, un joven batía todos los récords de un videojuego instalado cerca de su casa. Al hacerlo, aparecía Preston dando vida a Centauri, un extraterrestre cuya misión era localizar a los mejores jugadores de toda la galaxia para llevarles a pilotar naves en una guerra en los confines del espacio. Además, por si Centauri no fuera un personaje ya de por sí lo suficientemente molón, recordemos que en 1989 cogieron su coche y lo colaron como atrezzo en mitad de una localización de Regreso al futuro II. Si eso significaba que Centauri estaba intentando reclutar a Marty o a Doc, entonces, el suyo, es definitivamente el mejor trabajo de toda la galaxia.

Cazatiburones

Cazatiburones

¿Quién no ha querido alguna vez aparecer a mitad de película, arañando una pizarra? Pues algo así solamente está a la altura de personajes como Quint, al que en Tiburón contrataban nada más y nada menos que para dar caza al escualo más famoso de la historia del cine. Porque, ¿cómo no querer pasarse pasarse la vida a bordo de ese barco, presumiendo de cicatrices, cantando Show me the way to go home más borracho que una cuba, y lo más importante, soltando monólogos sobre la Segunda Guerra Mundial escritos por John Milius?

En 1975, Robert Shaw tuvo el trabajo que muchos todavía soñamos con tener.

Detective privado enamoradizo

Detective privado

Aprovechando que hoy se estrena el documental Hitchcock/Truffaut, vamos a recordar Besos robados, la tercera de las veces que Jean Pierre Léaud se puso bajo la piel de Antoine Doinel, el alter ego del cineasta francés. En esta entrega, Doinel encontraba trabajo en una agencia de detectives, un empleo que el cine nos ha enseñado que es divertido donde los haya, y allí era contratado por un zapatero que le pedía investigar por qué sus trabajadores le odiaban. Pero Antoine, como “el amante del amor” que siempre fue, acababa seducido por los encantos de la mujer del zapatero; algo que no le podemos reprochar puesto que el personaje lo interpretaba Delphine Seyrig, protagonista de El año pasado en Marienbad.

Cuidador de dinosaurios

Olvidemos a los otros personajes de Parque Jurásico porque el que tenía el trabajo más apasionante de todos era, sin duda, Robert Muldoon. Él era el tipo duro en mitad de esa isla y el hombre que parecía no perder nunca la calma. Era el Clint Eastwood de Isla Nublar y a su lado, todos los demás personajes parecían ratones de biblioteca. Sí, es verdad que Muldoon moría en la emboscada de los raptores, pero sin su sacrificio, Laura Dern no hubiese podido restablecer la corriente, los supervivientes no habrían escapado de la isla y a lo mejor, a estas alturas los dinosaurios ya habrían salido y dominado el mundo. Poca broma con el trabajo del pobre Robert.

Conductor de limusinas que no se entera de nada

Conductor Limusinas

Argyle es uno de esos personajes que salieron poco en pantalla pero que nos robaron el corazón desde la primera vez que los vimos. En su aparición en La Jungla de Cristal, descubrimos que este conductor de limusinas tenía todo para divertirse sin que nadie le molestara, pasándose media película escuchando a Stevie Wonder en el aparcamiento del edificio Nakatomi y sin enterarse de que aquello estaba tomado por terroristas.

Y por si Argyle no hubiese sido el que mejor se lo pasaba a lo largo de la película y no hubiese tenido suficiente juerga dentro del coche, los guionistas Steven E. de Souza y Jeb Stuart le dejaron decir una última línea de diálogo que ya es historia: “Si así pasan la Navidad, no quiero saber cómo pasan el Fin de Año”.

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