“¡Esto es Brasil!”: Por qué ‘Fast & Furious 5’ es la película más importante de la saga

El film dirigido por Justin Lin en 2011 juntó en su seno a Vin Diesel y Dwayne Johnson, de modo que no estaba la cosa para tonterías.

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22 de septiembre de 2020

Ha pasado ya cerca de una década desde 2011, pero los efectos de su verano cinematográfico en la industria de Hollywood han encontrado eco en los años posteriores, como semillas de una serie de fenómenos culturales que todavía están lejos de agotarse. La franquicia Harry Potter llegaba a su fin con la segunda parte de Las reliquias de la muerte, para poco después reinventarse como Animales fantásticos. La dupla ThorCapitán América: El primer vengador afianzaba las ambiciones de Kevin Feige, a punto de consolidarse en Los Vengadores de 2012.

Y, un 29 de abril, se estrenaba en España Fast & Furious 5, la película llamada a cambiarlo todo en la saga titular. Luego de varios volantazos en medio del camino (tan confusos pero disfrutables como la secuela de título pluscuamperfecto 2 Fast 2 Furious o luego Tokyo Race), Justin Lin retomaba la senda continuista de la cuarta entrega, Aún más rápido, para conducirla hacia un futuro lleno de promesas, barbacoas y desafíos a las leyes de la física.

Nos sobran los motivos para tender un puente directo entre Fast & Furious 5 y el presente inmediato de la franquicia (con una novena entrega retrasada hasta 2021 por coronavirus), pero por hacer honor al título vamos a darte nada menos que cinco.

1. Hay un hombre en la carretera que lo hace todo

Como muchos directores que hoy son requeridos a los despachos para hacerse cargo (preferiblemente sin rechistar) del blockbuster de turno, el taiwanés Justin Lin venía del indie, habiendo rascado nominación tanto en Sundance como en los Independent Spirit Awards por su drama criminal Better Luck Tomorrow. El film estaba protagonizado por estadounidenses de origen asiático que desempeñaban varias actividades delictivas, lo que le hizo erigirse automáticamente como un candidato a considerar por parte de Universal para un futuro proyecto.

Pasado el primer lustro del siglo XXI, la major no estaba segura de qué hacer con la marca de A todo gas, originada a partir de un reportaje de Kenneth Li que desgranaba la cultura tuning y materializada en torno a dos contundentes películas de acción sin interés por mantener un tono homogéneo. 2 Fast 2 Furious, de hecho, había prescindido del protagonismo de Dom Toretto (Vin Diesel) para entregárselo a Brian O’Conner (Paul Walker), sentando un precedente según el cual la tercera entrega pudiera ser básicamente cualquier cosa.

A punto estuvo Tokyo Race, de hecho, de ser mandada directamente al DVD, pero lo que ha de interesarnos es que Lin accedió a prestarle su sensibilidad a un exploitation lleno de neón y de personajes inanes, dando pie a un film no demasiado estimulante pero sí lo suficientemente sólido como para mantener la asociación con Universal. Así llegó en 2009 Fast & Furious 4: Aún más rápidoy luego Fast & Furious 5.

El éxito de esta última fue tal que Lin no dudó en perfeccionar la recién re-acuñada fórmula en Fast & Furious 6 (2013), manteniéndose desde entonces alejado de la franquicia para trabajar en televisión (participó tanto en la denostada segunda entrega de True Detective como en el revival de S.W.A.T.) y, sobre todo, recoger el amedrentador testigo de J.J. Abrams para firmar la estimable Star Trek: Más allá en 2016.

Pero un hombre ha de ser fiel a sus orígenes, y Lin volvió a ser requerido por Universal para prestarle su oficio a las dos últimas (supuestas) entregas de la saga principal.  Con Fast & Furious 9 terminada y debiendo cumplir la promesa de mandarnos al espacio, a Lin solo le queda concluir su relación con el clan Toretto por todo lo alto, en Fast & Furious 10. Él revitalizó la saga, así que lo más poético es que sea él quien la termine.

2. Cuando Vin Diesel encontró a The Rock

Al igual que Justin Lin, el guionista Chris Morgan inició su relación con la saga rápida y furiosa al hilo de Tokyo Race. Echándole un breve vistazo a su currículum y reparando en la histriónica Wanted. Se busca, parecía estar mucho más capacitado que Lin para encauzar las directrices cada vez más descabelladas del estudio (con Diesel, además, ejerciendo de productor ejecutivo desde Aún más rápido). Y así ha pasado, que Morgan ha continuado a bordo hasta Hobbs & Shaw, y lo que le quede.

Para Fast & Furious 5 le tocó incorporar un personaje vital en el desarrollo de la franquicia, y este era Luke Hobbs: agente de la DDS que escribió con la idea expresa de que Dwayne Johnson lo interpretara. La carrera del luchador antes conocido como The Rock pasaba entonces por un estado algo desigual, alternando films de culto tan heterogéneos como Pisando fuerteSouthland Tales con comedias descafeinadas del estilo de Rompedientes. Aún así, como lo es hoy, era una figura imprescindible del entretenimiento palomitero.

Su introducción en Fast & Furious sería la cara visible de un cambio radical en los presupuestos creativos que se iba antojando necesario tras los bandazos de las secuelas anteriores. Con Hobbs, Morgan no solo ensayaba una nueva relación de amistad/enemistad al estilo O’Conner/Toretto: lo que hacía era tomar estos mismos elementos e inyectarle anabolizantes. Nadie esperaba que O’Conner pudiera tumbar a Toretto si en algún momentos su alianza se resquebrajaba, pero Hobbs podía hacerlo.

De hecho, la escena cumbre de Fast & Furious 5 (con permiso de Lo De Las Cajas Fuetes, que desentrañaremos después) es aquélla en la que Hobbs trata de acorralar a Toretto, y los dos lados de la ley confluyen en un combate cuerpo a cuerpo rodado, como contaba Noel Ceballos en su imprescindible estudio de la saga, como si el clímax de una película de Godzilla se tratase. A partir de ahí la tormentosa relación de ambos personajes guiaría el destino de las entregas siguientes, tanto dentro de la pantalla como fuera.

Y es que, si Dom Toretto dando golpes con una llave inglesa por traumas paternofiliales era la imagen de la vieja Fast & Furious, este Hobbs que sudaba cantidades industriales desde la primera escena era la imagen de la nueva.

3. El ocaso de la cultura tuning

Es relativamente fácil entender por qué el inicio de la saga Fast & Furious fue tan turbulento, y tardó tanto en escoger la senda del triunfo que ha seguido desde Fast & Furious 5. Como adelantábamos, A todo gas nació inmersa en la cultura tuning, y esta era una cultura condenada a desaparecer velozmente. Ya en la primera entrega, el carácter efímero de este movimiento contrastaba ruidosamente con las aspiraciones dramáticas de cierta hondura que perseguía el guion, donde la huella de Le llaman Bodhi era sumamente perceptible.

La llegada de la segunda, tercera y cuarta entregas no hicieron sino subrayar que el nitro, las carreras ilegales y las cadenas tenían un recorrido muy limitado; en estas tres entregas asistíamos a distintos maridajes según los productores se daban cuenta de que el escenario no daba más de sí. 2 Fast 2 Furious insistió en su relación con el policíaco, Tokyo Race quiso darle un sabor exótico a esta misma mezcla, y Aún más rápido volver a los orígenes (trayendo de vuelta al clan Toretto) sin que la cosa acabara de funcionar.

En Fast & Furious 5 todo cambió. A nadie se le escapaba que la gran energía que exhumaban los personajes (no solo en tanto a los monólogos shakesperianos de Toretto, sino a la fuerza que poseían sus relaciones familiares), y en Universal pensaron con acierto que si ponían sus avatares al servicio de un espectáculo libre, sin ataduras automovilísticas, podían triunfar a lo grande. Ahí estuvo la clave: en tener los personajes primero, y luego intuir en qué escenario podían rendir mejor.

Los talleres y el hincapié en mostrar tanto coches tuneados como posaderas femeninas eran cosa del pasado: Fast & Furious tenía que evolucionar y buscar un público más amplio. Debía ser más grande, y debía buscar una mayor variedad en su codificación del espectáculo. Ya entonces Marvel pisaba fuerte tras Iron Man y estaba a un año de llevar el género superheroico a la eclosión con Los Vengadoresy quizá la solución estaba ahí. En convertir al clan Toretto en justicieros con poderes especiales, y parcialmente ajenos al mundo real.

Solo había pues, que reunir al equipo.

4. La familia ya está completa

Fast & Furious 5 no deja de ser una película de atracos, de modo que lo justo sería atribuir la paulatina adscripción de la saga al género superheroico a entregas posteriores (quizá la séptima). Tras lo sucedido en A todo gasAún más rápido, el grupo que forman Toretto, O’Conner y Mia (Jordana Brewster) quieren dar un último golpe para poder huir de la justicia, y ahí es donde entra la necesidad de formar una iniciativa Vengadores.

Letty (Michelle Rodriguez) sigue aparentemente muerta tras los sucesos de Aún más rápido, pero los protagonistas echan mano de sus agendas y pronto Fast & Furious 5 se convierte en un desfile de caras conocidas. Tras 2 Fast 2 Furious, Tyrese Gibson reaparece como Roman Pierce transmutado en alivio cómico (sucesivamente más exagerado) de la función. Tras su paso por A todo gas, Tej (Ludacris) y Vince (Matt Schulze) también acuden a Río de Janeiro a echar una mano. Y Giselle (Gal Gadot) no duda en volver a aliarse con Toretto tras la cuarta entrega.

Han (Sung Kang) se une también al equipo forzando la conversión de Tokyo Race en un aparatoso flashforward ambientado en un futuro indeterminado, y cada uno de estos profesionales reciben un encargo en el que están convenientemente especializados. Fast & Furious 5, recogiendo lo sembrado en entregas anteriores, se convierte así en el gran evento de la saga, y en un posible clímax que sin embargo hubo de postergarse en cuanto el público descubrió algo: era tremendamente bonito ver a toda esa gente junta.

Y Toretto también fue consciente. Ampliando el rango familiar a todo un grupo de atracadores, las diatribas sobre la familia y su ansiedad por beber Coronita en buena compañía inyectaron un nuevo significado al rol de Vin Diesel, convertido en un patriarca con todas las de la ley para quien nada había más importante que sus allegados. Con el estreno de Fast & Furious 5, por lo tanto, Universal también logró lo más difícil: darle a la saga un corazón, y convertir el melodrama familiar en su ADN básico.

En efecto, todo empezó aquí. También, en cierto modo, las escenas de acción en las que reír con incredulidad antes que maravillarse ante la pericia de sus responsables.

5. De Río de Janeiro al infinito (y más allá)

El objetivo de Toretto y sus secuaces, entorpecido ligeramente por Hobbs y Elena (Elsa Pataky poco antes de ser seducida por la estampa de Vin Diesel cruzado de brazos), es robar a un todopoderoso narcotraficante llamado Hernán Reyes (Joaquim de Almeida). Fast & Furiuos 5 narra este procedimiento con el gusto de un Ocean’s Eleven (aún más) testosterónico, sin nunca olvidar que el público ha venido por los coches dándose trompazos.

El interés por desentenderse del tuning no condujo, por tanto, a la desaparición de los coches; únicamente a una actualización de su uso. En lugar de ser empleados en carreras o persecuciones, ahora la recién establecida familia podía utilizarlos de las formas más creativas posibles, dibujando un horizonte inagotable que también contemplaba elaboradas coreografías y tiroteos. El ejemplo determinante de esto es su ya icónico clímax, donde los protagonistas consumaban el golpe.

La secuencia en la que varios vehículos arrastran cajas fuertes destrozando Río de Janeiro sin ningún pudor terminó de sentar las bases de todo lo que vendría después. Familias alternativas de malosos (con Luke Evans al frente). Coches saltando en paracaídas. Coches saltando entre rascacielos. Dwayne Johnson diciendo, con un genial doblaje en castellano, “te voy a dar de hostias hasta quedarme bien a gusto”. Dwayne Johnson reventando una escayola a base de marcar músculo. Idris Elba en Hobbs & Shaw autoproclamándose el Superman negro.

Todo eso es Fast & Furious. Quien lo probó lo sabe.

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