‘Escuchando al juez Garzón’: el veredicto de CINEMANÍA

Tras ver la película de Isabel Coixet sobre el controvertido magistrado, te contamos nuestras primeras impresiones.

15 de abril de 2011

Es bien sabido que Isabel Coixet es aficionada a los grandes temas. Por eso, apartándose por un momento de sus panoramas emocionales, la directora de Mi vida sin mí y Mapa de los sonidos de Tokio ha creado su filme más expresamente político a partir de la figura de Baltasar Garzón, el magistrado (actualmente asesor del Tribunal de La Haya) que se enfrenta a tres causas por prevaricación en el Tribunal Supremo a raíz de su investigación de los crímenes políticos del franquismo y de la llamada ‘trama Gurtel’.

 

Escuchando al juez Garzón, título del filme que se proyectó por primera vez en el Festival de Berlín, se estrena en España el próximo 20 de abril. CINEMANÍA ha tenido ya la oportunidad de verla, y te cuenta aquí sus primeras impresiones.

* Austeridad miliciana

Rodada durante sólo un día en un piso de Madrid, Escuchando al juez Garzón ofrece justamente lo que promete en su título: una conversación de algo menos de hora y media entre el magistrado y el escritor Manuel Rivas (denominado “Interlocutor” en los títulos de crédito), registrada por la propia Isabel Coixet y el cámara y montador Jordi Azategui, quien ejerce también como director de fotografía. En blanco y negro, sin apenas movimientos de cámara y con el montaje reducido al mínimo, la película hace gala de una austeridad muy vérité.

* Protagonista absoluto

A lo largo de la cinta, el espectador sólo encuentra a una figura principal: el propio Baltasar Garzón. Coixet ha decidido no usar metraje de archivo ni ningún tipo de apoyo documental, y Manuel Rivas procura mantenerse en un discreto segundo plano, interviniendo sólo para hacer preguntas (escasas) o solicitar precisiones en lo declarado. Buen orador y dotado de una vehemencia inflexible, el juez -actualmente suspendido de sus funciones en la Audiencia Nacional- resulta un protagonista magnético.

* Imprescindibles referencias

La concisión buscada por Coixet a lo largo de la película contribuye a dotar a esta de un ambiente de seriedad, pero también juega en su contra. Como hemos avisado, el filme prescinde de apoyos documentales, y la conversación entre Rivas y Garzón hace referencia constante a hechos cuyo conocimiento se da por sabido. Aunque al espectador potencial de la película se le suponga un interés en la actualidad política, repasar la trayectoria del juez antes de un visionado sería una buena idea. Y adquirir unas nociones mínimas de Derecho Procesal, también.

* Señalar es de mala educación

Cuando Garzón alude, durante su diálogo con Rivas, a “un director de periódico que no es muy amigo mío”, el espectador puede deducir que se trata de Pedro J. Ramírez. Así mismo, sabemos que las querellas contra el magistrado han sido interpuestas por, entre otros, Falange Española y la asociación de jueces Manos Limpias, cuyos nombres son elegantemente eludidos durante la charla. El único personaje público al que se refieren los interlocutores es Manuel Fraga, a cuyo pasado como ministro del régimen de Franco dedica Garzón una fina invectiva. Por otra parte, nada se nos dice de la abortada carrera política del magistrado, que concurrió junto al PSOE como independiente en las Elecciones Generales de 1993, para dimitir un año más tarde tras serios desacuerdos con el entonces presidente Felipe González.

* Gritos y susurros

Escuchando al juez Garzón es una película en la que, ante todo, se habla. Sin embargo, el entorno en el que ha sido rodada le hace un flaco favor: la habitación en la que el magistrado y Rivas conversan es amplia, diáfana y con grandes superficies de cristal y aluminio, a lo que se suma el hecho de que (según una de sus responsables de prensa) aquel día “estaba diluviando” en el exterior. El resultado: una fortísima reverberación natural, que provoca incómodos acoples y ruidos parásitos durante todos los momentos del filme.

* Esto es Coixet: hay drama

Tratándose de una película de la cineasta catalana, el paroxismo emocional no podía faltar. Y eso que Escuchando al juez Garzón sólo se permite audacias formales al comienzo, aliñado con una cita de Samuel Johnson (“Una injusticia en un lugar es una injusticia en todas partes”), y al final, merced a una turbulenta música para cuarteto de cuerda. Ahora bien: tal y como se nos expone en el filme, la situación que rodea a Garzón y su familia es lo suficientemente kafkiana como para dar pie a momentos y declaraciones de lo más dramático. Por no hablar de los recuerdos al juez italiano Giovanni Falcone y su colaborador Paolo Borsellino, asesinados por la Mafia.