Quentin Tarantino: “No creo que deba seguir hasta que ya no sea igual de bueno”

Entrevista exclusiva con el director ante su novena y penúltima película: 'Érase una vez en Hollywood'.

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15 de agosto de 2019

Pongámonos en situación. Beverly Hills, 2 de mayo de 2019. Primeras entrevistas que concede Quentin Tarantino por su novena película: Érase una vez en Hollywood. Junto a él, sus tres actores protagonistas: Brad Pitt, Leonardo DiCaprio y Margot Robbie. Más sus dos productores: Shannon McIntosh y David Heyman. CINEMANÍA se reúne con todos ellos el mismo día en el que se anunció que competiría de nuevo en Cannes. Era su sueño, su objetivo, quería terminarla solo para volver a su festival de cine favorito, el que le bautizó como gran autor de cine con la Palma de Oro a Pulp Fiction. Tarantino estaba de maravilloso humor. Después, cuando vimos la película entendimos también por qué lo estaba. Está muy satisfecho con su carta de amor a la ciudad de su corazón y la industria de su alma. El homenaje que le debía en su noveno filme, penúltimo… para el cine.

¿Por qué decides hacer Érase una vez en Hollywood?

Me creaba curiosidad involucrarme con estos personajes. La idea particular de tres personajes representando tres ideas de Hollywood: Sharon Tate viviendo la high life de Hollywood; Rick Dalton, cuyo tiempo ha pasado, todavía tiene una oportunidad, pero representa un poco el ayer; y Cliff, su doble, que está unido a Rick y si Rick cae, él cae. Cliff representa a toda esa gente que ha hecho su carrera y pasado su vida en Hollywood, pero no tiene nada que mostrar o de lo que chulearse. En esta ciudad toda esta gente pueden ser vecinos, vivir puerta con puerta. En este caso, es literal: Sharon y Rick son vecinos. Me atraía la idea de explorar esa época, ese tiempo en Los Ángeles, en Hollywood a través de estos tres personajes. Estuve cinco o seis años trabajando en ello, y durante mucho tiempo el principal objetivo era descubrir quiénes eran estos tres personajes y luego tuve que decidir qué historia quería contar. Decidí que no quería un argumento melodramático, quería un día en la vida de ellos, o tres días en su vida según se van moviendo por Los Ángeles.

EE UU, en principio, nació contra el rechazo de clases, pero hasta en Hollywood hay clases sociales.

Hollywood siempre ha tenido un sistema de clases, es su propio sistema de clases. En particular, en esa época (y ahora) el sistema de clases se agitaba como una bola de nieve, y la nieve cae. Están las estrellas de cine, pero que empiezan a desvanecerse, aún trabajan, aún son importantes, pero entonces ya son otra clase; entra una nueva clase, los actores de televisión… Importantes, pero no tanto… Lo veías en los Globos de Oro [suelta una de sus famosas carcajadas], que les lleva 15 minutos llegar al escenario a recoger su premio, porque les ponen al final de la sala.

Los productores dicen que esta es tu película más personal, ¿por qué?

Creo que lo que quieren decir es que para mía es una pieza de memoria, en cuanto a forma, historia… Érase una vez en Hollywood es para mí lo que Roma es para Alfonso Cuarón. Porque yo vivía en el condado de Los Ángeles en 1969, recuerdo lo que ponían en la televisión, recuerdo qué ponían en la radio todo el tiempo, recuerdo a la gente escuchando la radio en el coche… Tú no ibas buscando qué querías escuchar, sino que dejabas una misma cadena, y no lo bajabas cuando salían los anuncios, hablabas por encima… Parte de lo divertido fue rascar en mi cerebro y recordar todo aquello, qué había en los carteles de anuncio… ¡Así aprendí a leer: leyendo los anuncios de Coca-Cola!

Y que sea la más personal significa que es la más emocional y sentimental, quizá menos irónica. ¿Es una cuestión del paso del tiempo y la edad?

Sí, desde luego es la más emocional, pero sigue teniendo mucha ironía. Y creo que acaba en una mayor epifanía emocional. Los odiosos ocho también acababa en una gran epifanía emocional [se ríe], pero era también una epifanía más sucia.

¿Por qué sitúas esta película en 1969, en concreto?

Era el final de algo, de la inocencia. Era el final de muchas cosas y por tanto el principio de muchas. El final de la Edad dorada de Hollywood, el principio del nuevo Hollywood. Fue el principio y final del Hollywood hippie. Y lo que quiero decir con eso es que si una película se estrenaba a mitad de 1969 con una mentalidad de 1966 parecía muy vieja. Y una película hecha con mentalidad de 1969, vista en 1970 también parecía caduca y vieja porque era demasiado hippie… Hablamos de un momento que es un periodo muy pequeño de tiempo, es un puente entre el viejo Hollywood y el nuevo Hollywood, con esta contracultura hippie, es una ventana en el tiempo. Nadie pensó que toda esa contracultura iba a desaparecer tan rápido, en 1971 había acabado. Podemos hablar de lo que afecta al cine, pero es mucho más amplio, afectó a otras cosas. Lo que ocurre es que Rick y Cliff están fuera de todo eso, están fuera de esa cultura. Me gustaba la idea de hacer una película sobre la contracultura de los 60, pero a través de personajes que no eran parte de esa contracultura: la miran desde fuera y no la entienden.

¿Fue difícil encontrar el Los Ángeles de 1969 en la ciudad de hoy? Reprodujiste hasta un Pussycat Theatre, donde trabajaste de joven.

Sí, bueno, aunque no era el mismo exactamente [se ríe]. Tuvimos que encontrar lugares que aún existen como eran entonces o si no existían que no nos llevara mucho tiempo transformarlos en cómo eran. Eso fue difícil, pero aún quedan sitios clásicos en Hollywood, bastante sitios. O quedaban. Lo más fascinante fue ver cómo muchos de los edificios que rodamos, los iban destruyendo tras nuestro paso. Gracias a dios que hicimos la película cuando la hicimos, no puedo garantizar que hubiéramos podido rodarla dentro de dos años, ¡ni siquiera el año que viene! Ya entre preproducción y el rodaje muchas localizaciones que habíamos escogidas se fueron a la mierda, demolieron una manzana entera, por ejemplo. Era una carrera a contrarreloj para rodarlo tal y como era antes de que desapareciera para siempre.

¿Cuál es la mayor diferencia entre el Hollywood de hoy y el de entonces?

Es tan diferente… Es una ciudad diferente, un negocio diferente. Si no tiene nada que ver con cómo era en los 90, ni te imaginas comparado con 1969… No tenemos tanto tiempo para que lo explique.

Resumiendo un poco… ¿Es mejor o peor hoy que en los 90?

Para mí es muy bueno [se ríe], pero si no fuera así, probablemente te diría que eran mejor los 90. Quizá se hacen más películas que entonces, pero son menos relevantes. Mira, una gran diferencia usando los 90 como ejemplo: yo salí del movimiento del cine independiente, eso fue un movimiento legítimo que tuvo poder comercial, no era solo que los hipsters de Los Ángeles veían nuestras películas, es que se veían en todo el mundo. La gente joven se sentía atraída por música alternativa entonces y también por cine alternativo hasta el punto de que la gente joven, esa gente joven que años antes habían formado garage bands empezaron a coger cámaras, porque sentían que podían expresarse mejor a través del cine que con la comercialización por la que iba la música. Ahora, hay más gente que nunca cogiendo cámaras y contando sus historias, pero no sé si existe esa vía comercial para ellos que existía en los 90, que era una autopista legítima para el entretenimiento, con campañas comerciales…

Si hablamos del reparto, ¿Margot Robbie parecía la única opción para interpretar a Sharon Tate, no?

Pues es una gran historia… Yo llevaba escribiendo este guión como dos años… Había investigado mucho sobre Sharon, por supuesto, había visto Margot en pelis, y ella es, definitivamente, una de las actrices del momento. Era perfecta, pero me parecía complicado que la actriz más de moda de Hollywood tuviera tiempo de hacer mi película. Así que tenía otras opciones. Justo cuando me estoy preguntando cómo me acerco a ella, de repente recibo una carta de Margot, una carta loca y dulce en la que me decía que admiraba mi trabajo y que si algo salía, por favor, la llamara. La llamé, le conté un poco de la peli, vino a mi casa, le di el guión lo leyó , le gustó… Esto ocurrió justo después de Yo, Tonya. Me dijo que sí y rechazó todo lo que tenía para estar disponible para mí. Es casi un gesto romántico, alguien a quien le importa tanto tu proyecto, alguien como ella, en lo más alto de su carrera, es alucinante.

¿Y Leo DiCaprio y Brad Pitt eran tus primeras y únicas opciones? ¿Cómo es que nadie los había juntado antes?

¿Verdad? [Se ríe] Siempre los tuve en mi cabeza, pero no podía dar por hecho que iba a conseguir a la pareja actoral de la década, así que también tuve que considerar otras combinaciones. Pero tuve suerte, fueron los primeros a los que mandé el guión. Bueno, vinieron a mi casa leerlo. Y aceptaron.

¿Cómo te afectó la pérdida de Burt Reynolds y Luke Perry?

Me rompió el corazón. Lo bueno y egoísta por mi parte es que pude conocerles. Me crucé con Burt [Al Pacino interpreta ahora su papel] a lo largo de 25 años varias veces, una premiere o alguna fiesta. Cuando llegó esta película quería que él saliera, quería en el reparto a gente que pudiera apreciar la textura de este guión, gente de esa época que entendieran por lo que pasa Rick Dalton, entienden todas las referencias. Quería que él lo leyera y tenía curiosidad sobre su opinión.

¿Y qué te dijo?

Me dio una gran frase para Brad, me dijo: “Soy un gran fan de él, me gusta verlo, es como ver a Steve McQueen, me gusta ver cómo se mueve. Él es el doble en la película, ¿verdad? Necesitas meter una frase entonces”. Ok, ¿cuál es? “Alguien tiene que decirle: ‘Eres muy guapo para ser un doble [se ríe]”. No creo que a Brad le encantara, pero creo que le encantó que Burt lo pensara.

¿Y Luke Perry? Él sí rodó sus escenas.

A Luke le conocí hace 20 años en la inauguración de Las Vegas Planet Hollywood, estábamos en el Caesar’s Palace y empezamos a hablar sobre Evel Knievel, éramos igual de fans. Él era genial, y está increíble en la película, pudo jactarse del buen jinete que era. En su entrada yo quería que parara en un lugar muy preciso, justo delante del saloon y cada toma que hicimos, cada toma, paraba exactamente en la misma marca.

Aunque separadas por 25 años y nueve películas, la estructura de Érase una vez en Hollywood es muy similar a la Pulp Fiction.

En muchos sentidos son diferentes, sin embargo, Érase una vez en Hollywood es lo más parecido a una película compañera de Pulp Fiction que he hecho. Esta tiene personajes reales y de ficción que no es el caso de Pulp Fiction, pero más allá es muy similar, porque Los Ángeles es también un personaje y los protagonistas se mueven alrededor de la ciudad mientras se van encontrando con gente, y eso también es muy similar. Además, es la primera vez en mucho tiempo que hago una película rock’n roll, escuchas la radio y suena música cool, vinilos… No lo había hecho en mis últimas cuatro pelis.

Esta es tu novena película, ¿estás de verdad en una cuenta atrás?

No, pero si hablamos de pelis para el cine, sí que me pararé en la décima. Podría hacer una serie, una obra de teatro, una TV movie… pero en cuanto a pelis para el cine, es decir, lo que hago ahora, esta es la penúltima.

¿Por qué?

Llevo haciéndolo mucho tiempo. Creo que hay un final, creo que debería haber un final, no creo que deba seguir trabajando hasta que ya no pueda más o hasta que ya no sea igual de bueno. Me gusta la idea de hacer 10 películas y soltar el micrófono: “Ok, ahora iguala esa mierda” [carcajada].

¿Saltarás Netflix u otras plataformas como han hecho otros directores?

No estoy involucrado en nada de eso, no tengo mi ordenador conectado a mi tele, solo tengo cable. Pero no les guardo ningún rencor ni nada a todas estas plataformas. No creo que vayan a matar el cine… es otra forma de verlo y hacerlo.

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