Eloy Enciso (‘Longa noite’): “El franquismo está en todos nosotros”

En 'Longa Noite', el cineasta gallego Eloy Enciso explora las postrimerías de la Guerra Civil, para recordarnos que todavía no nos hemos librado de los fantasmas de nuestro pasado.

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05 de diciembre de 2019

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  • Franco no pasa de moda. El éxito de Mientras dure la guerra, la inesperada mudanza del Valle de los Caídos, la reaparición de Tejero, el auge de Vox… Y ahora, tras sus estrenos, internacional y nacional, en los muy exigentes festivales de Locarno y Sevilla, llega Longa noite, en la que Eloy Enciso (Meira, Lugo, 1975) –de nuevo secundado, como en Arraianos (2012), por el solicitadísimo director de fotografía Mauro Herce– explora la larga noche de la posguerra franquista, a partir de un mosaico de textos declamados por actores no profesionales, que nos hablan de aquella oscura realidad, inexorablemente conectada con nuestro presente.

    Entre los textos, seleccionados en su pluralidad ante la imposibilidad de encontrar uno solo que vertebrara toda la película, hay pasajes de Max Aub, que pudo escapar a México vía Casablanca; Luis Seone, que huyó en el 36, para volver a Galicia en 1960; Alfonso Sastre, que se quedó y luchó contra la Censura con sus obras de teatro; Ramón de Valenzuela, que acabó marchando a Buenos Aires en el 49, y Rodolfo Fogwill, escritor argentino que, a priori, no tiene mucho que ver con el resto de los citados.

    “Es la excepción”, se ríe Enciso. “En Los pichiciegos (1983), su primera novela, que trata de la Guerra de las Malvinas, encontré ese monólogo sobre el miedo, que se adaptaba muy bien a lo que quería contar, porque el miedo es uno de los ingredientes básicos de un sistema como el franquismo. En la primera parte, son sobre todo escritores del exilio, mientras que la segunda parte más de memorias publicadas a posteriori de los que se quedaron aquí. Está todo muy disperso. No podía ser de otra forma, porque en la época no se podía publicar nada sobre la realidad del momento”.

    Para Enciso, que no ha visto todavía Mientras dure la guerra, aunque lógicamente le despierta cierta curiosidad, el cine español ha explorado poco y mal la posguerra: “Por lo general, se ha utilizado como trasfondo para contar las historias de siempre, ya sean de amor o de intriga. Pero rara vez se ha intentado entender los mecanismos, que es lo que a mí, personalmente, más me interesa. Entendiendo cómo funcionaba, seremos más capaces de identificarlo cuando se presente con otro vestido. El franquismo no era sólo la foto de un tipo colgado en la pared, sino algo que se fue filtrando a todos los niveles de la sociedad, como se ve en Longa Noite, desde el alcalde populista a los pobres que piden limosna en la puerta de la Iglesia; desde el obrero que construye el cuartel, y que se justifica diciendo que si no lo hace él otro lo hará en su lugar, a la señora que dice que qué más da que gobiernen unos que otros”.

    “El problema es que siempre se ha caído en el maniqueísmo, en una historia de buenos y malos”, prosigue, incisivo, Enciso. “Y ese no es un enfoque adecuado, porque te lleva a pensar que el problema está en otro lado, y que tú no tienes nada que ver con eso. Pero el franquismo es algo que está en todos nosotros, porque venimos de ahí, y tenemos que hacernos cargo, a todos los niveles”. El franquismo forma parte de nuestra cultura. Es, lo queramos o no, una herencia con la que tenemos que lidiar. “Sí, es algo cultural, y muchas veces no nos damos cuenta de que somos transmisores de esa herencia. Es como el machismo, por ejemplo. Por mucho que yo diga, ya sea hombre o mujer, que no soy machista, eso no quiere decir que no hayan actitudes machistas en mi día a día. Para superar el machismo, igual que con el franquismo, hay que empezar por hacer un ejercicio de autocrítica”.

    La autocrítica es lo contrario del maniqueísmo, que siempre tiene algo de autoexculpatorio. Por eso, y para desdramatizar, Enciso ha deslizado algunas notas de humor en su película, como esa memorable partida de cartas, en la que se barajan los diferentes nombres, más o menos oficiales, que recibió aquel Caudillo Por La Gracia de Dios: “La idea es que Franco se perfilaba como un monstruo de las mil cabezas. Por otro lado, he querido tratar a todos los personajes con el mismo cariño, hasta el punto que los que se suponen que son los malos, son los más divertidos. El problema del cine de buenos y malos es que no trasciende, se queda en la historia que cuenta la película, y a mí me gusta tratar al espectador como un adulto, que no necesita ese tipo de subrayados. Para mí, el buen cine es aquel que no acaba cuando caen los títulos de crédito”.

    “No estoy diciendo que haya que relativizar. Al contrario, hay que rebelarse cuando nos enfrentamos con algo que no respeta al ser humano. Pero se trata de trascender el mito fundacional de la Transición, que se basa en que hay que avanzar sin mirar atrás. Ese proceso de desmemoria me parece un error. Y más cuando, al empezar a leer para este proyecto, entre 2013 y 2014, encontré en aquella época muchos ecos de nuestro presente, empezando por la corrupción como forma de integración social. Así empecé a preguntarme por nuestra incapacidad de superar la ideología franquista. Pero mi película sólo es política en el sentido de que quiere transmitir un sentimiento humanista. Desde la intolerancia no se soluciona nada”.

    “No hay que hacer películas políticas, hay que filmar políticamente”, que decía San Jean-Luc Godard. La forma es tan importante como el fondo. Longa Noite es como un sueño, una película onírica que culmina con escenas, rodadas en medio del bosque, que incluso pueden recordar al cine del gran Apichatpong Weerasethakul. Enciso reconoce que Tropical Malady (2004) estaba en sus oraciones mientras rodaban. Le digo que ese sueño que es Longa Noite me hizo pensar en una cita de James Joyce que el filósofo y crítico Jean-Louis Schefer menciona en Danses macabres, squelettes et autres fantaisies, de Rita Azevedo Gomes, otra gran película proyectada en el Festival de Sevilla: “La historia es una pesadilla de la que intento despertar”. “Hay que querer despertarse”, puntualiza, consiso, Enciso. “Eso es lo más importante”.

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