Ellas llevan los pantalones: 10 actrices que se volvieron hombres en el cine

En 'Albert Nobbs', Glenn Close amenaza con apabullarnos encarnando a una mujer travestida de mayordomo. Recordamos otros casos similares. Por YAGO GARCÍA

20 de septiembre de 2011

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  • Dice que es el papel de su vida, y nos lo creemos: con un guión escrito por ella misma, con Rodrigo García (Cosas que diría con sólo mirarla) y en compañía de Jonathan Rhys Meyers y Mia Wasikowska, Glenn Close amenaza con apabullar a la cinefilia mundial en Albert Nobbs, una adaptación teatral basada en un caso auténtico. El de una mujer que, buscando su indepencia en la muy católica Irlanda del S. XIX, acaba haciéndose pasar por un hombre y trabajando como mayordomo en un selecto hotel de Dublín.

    Como nosotros admiramos a la Close, y nos alegra mucho su Premio Donostia, no nos basta con haber hablado con ella. También queremos homenajear a su nueva película repasando a estas 10 actrices que se han hecho pasar por varones en la gran pantalla. En la mayoría de los casos (salvo en tres) estamos hablando de ficciones similares a la de Albert Nobbs, con personajes de mujeres que adoptan rasgos masculinos por las razones más diversas. Pero no conviene fiarse, porque en el cine (más que en ningún otro lugar) los géneros son algo elástico que se funde y se confunde…

    Barbra Streisand

    La película: Yentl (1983)

    Sus motivos: Rabínicos. Como buen personaje de Isaac Singer, la joven Yentl quiere estudiar las leyes religiosas judías, pero su sexo se lo impide. Tras la muerte de su erudito padre, la musa nariguda (que diría Pumares) se pone la kippa y se va a una escuela talmúdica.

    Consecuencias: Sufrir el acoso sexual de Amy Irving, por entonces señora de Steven Spielberg. ¿Tendrá eso algo que ver con la broma dominatrix de la Streisand a Harrison Ford en el rodaje de Indiana Jones y el Templo maldito?

    Hilary Swank




    La película: Boys Don’t Cry (1999)

    Sus motivos: La joven Teena Brandon se convierte en Brandon Teena por seguir sus impulsos, primero, y por el amor de Chloë Sevigny, después. Basada en un caso real, esta película de Kimberly Pierce demuestra que tontear con los códigos de género se paga caro en la América profunda.

    Consecuencias: Dentro de la pantalla (y en la vida), muy trágicas: el verdadero Brandon Teena fue asesinado en 1993, tras haber sido violado repetidas veces. Además, su familia demandó a los productores del filme alegando que su ‘hija’ no era ni transexual ni lesbiana. Para la carrera de la Swank, no obstante, muy positivas: la película representó su primer Oscar.

    Julie Andrews

    La película: Víctor o Victoria (1982)

    Sus motivos: Laborales. Cuando una actriz en paro descubre que nadie le dará trabajo mientras lleve faldas, decide convertirse en “una mujer fingiendo ser un hombre que finge ser una mujer”. El bueno de Blake Edwards, esposo de la Andrews, remakeó aquí un olvidado filme alemán de 1933.

    Consecuencias: A diferencia de otras películas, cuya protagonista travestida paga cara su osadía, la prota de Sonrisas y lágrimas alcanza aquí la gloria sobre el escenario y los achuchones de James Garner fuera de él. Para que luego digan…

    Drew Barrymore y Cameron Diaz

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    La película: Los ángeles de Charlie (2000)

    Sus motivos: Por el espionaje, pura y simplemente. Cuando es perentorio infiltrarse en el cuartel general del malo, se convierten en los secretarios (con “o”) de la consultora profesional Lucy Liu. El impacto es incluso superior al de ver a Cameron como un obeso (y negro) señor en los primeros minutos de la película.

    Consecuencias: Para ser sinceros, la protagonista de esta escena fue la Liu, propinando a los currelas una sesión de fomación inolvidable. Pero hay que reconocer que sus compañeras lucían muy bien los bigotes y las perillas.

    Gwyneth Paltrow

    La película: Shakespeare in Love (1998)

    Sus motivos: Amorosos, y tan arrebatados como corresponde a una historia sobre el Bardo inmortal. Vale que Gwyneth es muy femenina (algo que no se cansa de recordarnos), y que cuando la cosa pasa a mayores libera su anatomía superior con celeridad. Pero la crisis de identidad sexual, a Joseph Fiennes no se la quita nadie.

    Consecuencias: Más allá del devenir del guión (que no es ningun sendero de rosas), nosotros nos quedamos con el dolor de poitriné que se le debió quedar a la Paltrow tras llevar esas vendas tan incómodas durante tanto tiempo.

    Linda Hunt

    La película: El año que vivimos peligrosamente (1982)

    Sus motivos: Aquí no hay trampa ni cartón: estamos ante una actriz que interpreta a un hombre, sin travestismos que valgan. La baja estatura de Hunt y sus andróginos rasgos le permitieron encarnar a Billy Kwan, el melancólico fotógrafo observará el amorío de Mel Gibson y Sigourney Weaver en una Indonesia a punto de estallar.

    Consecuencias: Gracias a una interpretación espeluznante (en el mejor sentido) Linda Hunt ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. Por otra parte, estamos ante una de las mejores películas de Peter Weir (Único testigo, Master and Commander), lo que no es moco de pavo.

    Angelina Jolie

    La película: Salt (2010)

    Sus motivos: De nuevo nos hallamos ante un caso de espionaje travestido. La feroz señora de Pitt adoptaba esta identidad como uno más de sus muchos disfraces en este enrevesado thriller.

    Consecuencias: Como Salt no cayó especialmente bien entre crítica y público, el momento drag king de Angelina armó poco revuelo mediático. Ahora bien: su hijo Maddox se llevó un buen susto cuando se presentó ante él vestido de esa guisa.

    Katharine Hepburn

    La película: La gran aventura de Sylvia (1935)

    Sus motivos: Legales, por así decirlo. Cuando su padre, estafador de profesión, se mete en líos con la justicia francesa, la joven Sylvia Scarlett tiene una idea genial: si la policía busca a un hombre y a su hija, no sabrán qué hacer cuando se encuentren a ese mismo hombre… Y a su hijo.

    Consecuencias: Aunque este filme es uno de los menos logrados de George Cukor, sus diabluras le ganaron a la Hepburn un puesto entre los brazos de Cary Grant. Los hay con suerte…

    Blanca Portillo

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    La película: Alatriste (2006)

    Sus motivos: Inquisitoriales. A la Portillo, una de nuestras mejores actrices, le gusta ponerse a prueba a sí misma tomando papeles masculinos de vez en cuando. Así, como una Sarah Bernardt cañí, la vimos interrogando a Viggo Mortensen en su papel de Fray Emilio Bocanegra.

    Consecuencias: Este mismo año, Portillo ha encarnado otro papel de varón (o casi: el adivino hermafrodita Tiresias) en una producción de Edipo Rey en el Festival de Mérida.

    Cate Blanchett

    La película: I’m Not There (2007)

    Sus motivos: Musicales. Porque, travestida cual actor isabelino (no en vano fue Elizabeth ella misma), la actriz británica se pone aquí en la piel del mismísimo Bob Dylan. O, más bien, de uno de los múltiples alter egos del músico creados por Todd Haynes.

    Consecuencias: El escalofrío que todo dylaniano de pro siente cuando la actriz se arranca con Ballad of a Thin Man no es de este mundo, ni de ningún otro.

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