‘El Vuelo’: Entrevistamos a Denzel Washington y Robert Zemeckis

La odisea de un aviador alcohólico nos da la ocasión de hablar en el mismo día con el actor de 'Malcolm X' y con el director de 'Regreso al futuro'. Qué suerte que tenemos... Por YAGO GARCÍA

23 de enero de 2013

No todos los días se encuentra uno con dos leyendas vivientes. Y, para colmo, con las dos casi a la vez. Pero, ayer mismo, el equipo de CINEMANÍA tuvo la ocasión de pasar por esa experiencia. Porque Denzel Washington y Robert Zemeckis se pasaban por Madrid para promocionar El vuelo, y… ¿cómo resistirse a la oportunidad de hablar con el actor de Training Day y Malcolm X, y con el director de Regreso al futuro, con minutos de diferencia? A nuestro modo de ver, los encuentros fueron oro molido: Washington, fiel a su fama de caballero locuaz, nos habló de vídeos de borrachos en YouTube, de los estereotipos raciales en Hollywood y de su inesperada conexión familiar con Django desencadenado y Quentin Tarantino. Zemeckis, por su parte, resultó mucho menos cooperativo, pero nos dio una posible clave sobre por qué hay tantos espectadores jóvenes que anhelan subirse a un DeLorean. ¿Quieres saber de qué estamos hablando? Pues sólo tienes que leer lo que sigue. 

Denzel Washington: “No quería ver a otro camello negro”

denzel_washington_entrevista_el_vuelo¿Se merecía El vuelo más nominaciones a los Oscar que las dos que ha recibido? “Sí”, responde Denzel Washington, y se queda tan ancho. Minutos después, se explaya algo más: “Me alegran esas nominaciones, claro. Esperábamos que la película recibiera más reconocimiento, pero al menos han atraído la atención del público, y lo que de verdad me importa es que la gente vaya a ver la película”. El actor no puede quejarse, todo sea dicho: una de esas dos nominaciones podría darle su tercer Oscar, a cuenta del rol de Whip Whittaker. Un piloto de líneas aéreas dotado con un talento sobrehumano, y también con una adicción mastodóntica al alcohol y a las drogas de todo tipo.

Para ese papel, en el cual se desborda como nunca en mucho tiempo, Washington siguió un proceso de documentación un poco heterodoxo. Por un lado, charló con verdaderos pilotos de línea, y se dio el gusto de usar uno de los simuladores de vuelo de la compañía Delta Airlines. Por otro lado, en lo referente al alcoholismo de su personaje… “Whittaker no se vé a sí mismo como un alcohólico, sino como alguien que, a veces, bebe más de la cuenta. Así que yo no fui a reuniones de Alcohólicos Anónimos, ni nada de eso: fui a internet. Me metí en YouTube, escribí ‘borrachos’ en el buscador, y me encontré con docenas de vídeos, la mayoría de gente cayéndose de culo. Se lo aconsejo a todo el mundo, pero ojo, porque a lo mejor te encuentras un vídeo en el que sales tú…”.

Acto seguido, Washington se pondrá serio, recordando que el alcoholismo puede afectar a “pilotos, periodistas, fotógrafos…”. Y también que su personaje en El vuelo no se acaba en las adicciones: “El alcoholismo es un problema secundario para él. Su mayor defecto es el ego, algo que las drogas y la bebida se limitan a intensificar. Por eso, por su bien, necesita que le hundan en la miseria: ha estado aturdido demasiado tiempo, y le hace falta una experiencia que le aporte humildad”. En otro momento, Robert Zemeckis ha hablado de “la idea de Dios” como un punto importante de El vuelo. Y, aunque no se trate de una película religiosa, el actor está de acuerdo: “Para el abogado, Dios es una herramienta que usa para que Whittaker no acabe en la cárcel. Para mi personaje también lo es, al principio. Pero luego, cuando está arrinconado y no puede mentir más, pide su ayuda inconscientemente. Entonces es cuando las cosas cambian”.

El abogado de Whittaker, un personaje muy importante en la película, se merece una mención especial: le da vida Don Cheadle, más conocido como Jim Rhodes para quienes hayan visto Iron Man 2. “La idea de poner a Don en el reparto fue mía”, explica Washington. “En el guión, los personajes no estaban determinados por su raza, empezando por el protagonista, y cuando entré en la película no quería que mi personaje fuese un afroamericano en un mundo de blancos, no tenía sentido. Así que, ¿cómo hacer el casting? No queríamos que fuese la chica [Kelly Reilly], porque eso hubiera sido demasiado fácil. ¿El camello del protagonista [John Goodman]? Tampoco: los únicos negros en la historia, entonces, hubieran sido el adicto y el traficante, y no era plan. Entonces, ¿por qué no hacer que fuese el abogado?”.

Ya que sale el tema de los afroamericanos en Hollywood, tenemos una pregunta espinosa para terminar. Porque una de las hijas del actor, Katia Washington, es ayudante de producción. Y este año figura en los créditos de Django desencadenado, una película sobre cuya polémica (esperamos) nuestro hombre tenga algo que decir. “No he visto aún Django…, tal vez vaya a verla mañana o esta semana. Pero Katia ha sido mis ojos y mis oídos en el rodaje: el proceso ha durado cerca de un año y medio, y me lo ha contado todo. Era algo nuevo para ella, se lo ha pasado de miedo”. Muy entrañable, pero ¿y la polémica sobre la palabra nigger, y sobre un blanco como Tarantino abordando el tema de la esclavitud? Washington no suelta prenda, pero cuenta una anécdota reveladora: “Supongo que Quentin debió de haberle pasado una copia a Lee Daniels [el director de Precious], porque Lee fue el primero en hablarme de Django desencadenado, hace mucho tiempo. Me dijo: ‘Es un guión fabuloso. Si Quentin no lo dirigiera, me encantaría rodarlo yo”. Y, de este modo, queda como un señor.

Robert Zemeckis: “Para los jóvenes, los 80 son muy raros”

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Durante los últimos 15 años, el director de Forrest Gump se había convertido en un propagandista del motion capture y en el mayor apologista del cine digital. Una deriva en su carrera que, ahora, achaca a “una decisión espontánea, sin una agenda detrás”. Claro, tras el desastre de Marte necesita madres, puede ser fácil decir algo así. Máxime cuando, refiriéndose a El vuelo (una de esas películas que nacen con las palabras ‘cebo para los Oscar’ escritas en la frente) el cineasta afirma: “Me gusta la tecnología, y también me gustan los buenos guiones: esta película pedía un tratamiento de acción real”.

Nos tememos que no cuela. El guión de El vuelo no está firmado por Zemeckis, sino por John Gatins (Acero puro), y el propio cineasta reconoce que él no fue el impulsor del filme. “Denzel se interesó por el guión antes que yo”, comenta, Y uno piensa en la necesidad por parte del director en rehabilitarse frente a la crítica, la industria y un público que parecía haberle dado la espalda para siempre. Según declara Zemeckis, volver a un plató convencional fue sencillo: “Llevo tantos años haciendo esto que todo fue sobre ruedas”. Pero los hechos son los que son: por un lado, pese a sus dos nominaciones a los Oscar, El vuelo no ha sido el cazapremios que sus responsables esperaban. Y, por otro, Robert Zemeckis podría ser la persona idónea para llevar a la pantalla la historia de un aviador alcohólico: un director que sabe pilotar un aeroplano y que (interprétese esto como se quiera) lleva quince años sin beber.

Así pues, ¿qué fue lo que más le atrajo de este proyecto a Robert Zemeckis? ¿Qué sintió al leer ese guión que le llegó como un encargo? El director esquiva la segunda parte de la pregunta: “Ser piloto me ayudó a darle verosimilitud a las escenas que transcurren en la cabina de un avión”. Un tour de force que ocupa el primer tercio de la película, y que tardó “ocho meses entre planificación y rodaje”. “Pero la mayor parte de lo que ocurre en la película estaba en el guión original”, puntualiza. Y, ya que estamos, ¿cuál ha sido la experiencia más apurada que el Zemeckis piloto ha vivido en la vida real? “No he vivido ninguna: prefiero las catástrofes aéreas en la pantalla de un cine, no en la vida real”

Este tono de indiferencia, o de ganas de pasar rápido por las preguntas, vuelve a aparecer muchas veces. ¿Ha encontrado Zemeckis en Washington un nuevo compañero de fatigas, como lo fuera Tom Hanks? “Es posible”. ¿Se ha planteado centrarse en el drama, olvidando el fantástico por el momento? “Quién sabe, habrá que ver qué pasa”. El director sólo se emociona un poquito cuando habla de una de las escenas más sencillas de la película, una en la que tres personajes comparten una charla y unos cigarrillos en la escalera de un hospital: “Fue lo que más me gustó del guión, me emocionaba la idea de rodarla: es algo único en una película moderna, parece sacada de un drama clásico”.

Así las cosas, frente a este Zemeckis tan místico, da un poco de apuro hacerle una pregunta sobre Regreso al futuro. Resulta que, hace unos meses, la Filmoteca Española ofreció en su programa la trilogía completa. Y el grueso del público que acudió a las proyecciones no estaba compuesto por treintañeros nostálgicos, sino por chavales y chavalas que aún no habían nacido cuando Marty McFly viajó por primera vez en el tiempo. ¿Tiene su autor alguna explicación para esto? Y, al oír nuestra historia y nuestra pregunta, Zemeckis parece, por una vez, contento de respondernos: “No sé qué decir. Tal vez la gente joven… Bueno, allá va: creo que todos a los jóvenes les fascinan sus padres. Las diferencia entre generaciones es un tema fascinante, siempre, tengas la edad que tengas. Todos hemos querido saber cómo eran nuestros padres cuando eran jóvenes. Esa es la única explicación que se me ocurre. O tal vez se debe a que, a los chicos de ahora, los 80 les parecen una época muy rara”.

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