‘El practicante’: Mario Casas sobre su primer villano y el ego desmesurado

La película de Carles Torras presenta un Mario Casas irreconocible, y no solo por su famoso corte de pelo.

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15 de septiembre de 2020

Médicamente les llaman perversos narcisistas, manipuladores narcisistas o psicópatas narcisistas. “Son personas muy tóxicas, muy nocivas, con un ego desmesurado y que para alimentarlo necesitan destruir o amargar la existencia de las personas que les rodean”, explica Carles Torras (Callback), que no es psiquiatra, pero se hizo un buen máster en este tipo de personas que “pueden ser, perfectamente, gente de nuestro entorno familiar, laboral y hasta de pareja”. De hecho, dicen que un 10% de la población reúne estas características psicopáticas o sociópatas.

Torras conoció indirectamente a alguien así y en seguida pensó en que ahí había una película. “Me interesé por este tipo de personaje y eso fue el germen: ¿qué pasaría si ponemos a un personaje así en una situación al límite, que se vea impedido, incapacitado, para poder mantener la vida que tenía?”, cuenta el director. “En esa situación es cuando el personaje desarrolla los comportamientos extremos y peligrosos. Se convierte en un auténtico personaje perturbado”.

Así nace El practicante. Un psicópata narcisista (Mario Casas) que vive más o menos bien integrado, en casa de su abuela, con su novia francesa (Deborah François), trabaja como paramédico en una ambulancia. Guaperas, delgado. Parece normal aunque a los pocos minutos de arrancar el filme algo chirría: siempre les roba algo a las víctimas y heridos que se llevan en la ambulancia, o bien lo vende o se lo guarda en el armario de la habitación de la abuela que mantiene intacta.

El practicante

Una noche, en un servicio, tiene un accidente y queda paralítico. Ahí empieza el thriller psicológico. El narcisista sufre y el psicópata gana. Y se va transformando en un monstruo más visible, sobre todo, para su novia.

Creando a este tipo, Carles Torras pensó en Mario Casas para interpretarlo. El actor, que en los últimos años ha dado un giro de intensidad y calidad en su carrera y se ha alejado conscientemente de cierto cine y televisión dirigida a un público más joven, aceptó sin dudarlo, habiendo leído solo 15 páginas de un guion sin terminar. Era su primer villano en una película. “Es un proyecto al que le tenía muchísimas ganas, quería sumergirme en el trastorno antisocial de un ser así, de un psicópata, trabajar desde la no emoción”, explica. “Me considero un actor que trabaja desde el corazón, desde las tripas, necesito sentir y, en este caso, esta gente, no sienten, no empatizan”.

SUELTA A ESE DEMONIO

Casas lleva tiempo trabajando con un coach, Gerard Oms, que también le acompañó en esta transformación física y psicológica. Pasó tiempo en el Centro Nacional de Parapléjicos de Toledo y en el Institut Guttman de Barcelona. Adelgazó muchísimo y se sentó en una silla de ruedas durante dos meses y medio, cada día las 12 o 13 horas del rodaje. Fiel seguidor del método, no abandonó al personaje y le pasó factura. “Después de dos meses y medio con un personaje que se está pudriendo por dentro, consumiendo, me afecta. Cuando acabamos y me pesé no me había dado ni cuenta de que había adelgazado otros tres o cuatro kilos. Y sí había algo de esa maldad, de ese trastorno que me estaba afectando. Pero cuando estás en mitad del rodaje no te das cuenta”, explica el actor. “El pelo, la silla… no me dejaba desconectar, te ves físicamente bastante destruido, las energías escasean y cuando acaba el rodaje te cuesta volver a la realidad, y quedan siempre resquicios de los personajes, muchas veces se quedan ahí cosas, la psicopatía no en este caso, pero estaba tan metido en el personaje que no empatizaba; mis amigos, mi familia me decían: ‘Suelta ya a ese demonio”.

El practicante

Suya fue la idea del famoso corte de pelo que tanto revuelo causó hace unos meses. “Cuando hablo con el psiquiatra me dice que uno de los patrones de esta gente es que quiere tener una apariencia perfecta delante de los demás, que tiene una personalidad arrolladora, cuidan mucho su físico… Si mi personaje tenía algo que no podía controlar como la caída del pelo, podía aumentar algo la psicopatía y la violencia en alguien que quiere verse perfecto. Lo hicimos como un rasgo psicopático que le puede afectar al ego. Y si les tocas el ego es lo peor que les puede pasar”, desarrolla Casas.

De ego los actores saben un rato aunque solo sea por la de veces que les preguntamos los periodistas por ello. “Hay un ego, una lucha que creo que tenemos la mayoría, unos más desarrollado que otros. Este es un trabajo de uno mismo, todo el tiempo estás trabajando con tu personalidad, con tus emociones, hace que tu ego pueda ser más marcado”, confirma Casas. “Cuando era más pequeño recibí bastantes palos, hice series tal vez para un público más joven, películas por las que se me dio bastante caña, y ahí ya me apalearon el ego, desapareció y lo destruyeron”, sonríe.

El practicante

Ahora lo tiene “dormidito, apartado” mientras reconstruye una carrera a fuerza de papeles tan opuestos a él como este psicópata en silla de ruedas, que vive en casa de su abuela, no para de comer chococrispis con leche (“Una cosa que le queda de la infancia, otra idea que se me ocurrió”) y escucha Un sorbito de champán, de Los Brincos o el Hymn à l’amour, de Edith Piaf, un efecto de contraste pensado por Carles Torras para convertir canciones románticas en melodías perturbadoras.

El practicante se estrena el 16 de septiembre en Netflix.

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