‘El país de las maravillas’: Alice (Rohrwacher) al otro lado del espejo

La Italia rural y el esperpento del 'berlusconismo' buscan su espíritu de la colmena en el Gran Premio del Jurado en Cannes y un relato de iniciación con sabor a miel.

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26 de febrero de 2015

“Es personal, no autobiográfica”. Alice Rohrwacher intentó por todos los medios que ese asunto quedara claro du- rante el pasado Festival de Cannes, donde su segundo largometraje se alzó con el Gran Premio del Jurado (o lo que es lo mismo, se quedó a un suspiro de la Palma de Oro). Hay que decir en defensa de los entrevistadores poco originales que El país de las maravillas parece indicar lo contrario con cada detalle. Cuenta la vida de una familia campesina en una granja apícola de la Umbria italiana, el mismo ambiente donde Rohrwacher pasó su infancia; también con un padre de origen alemán.

¿Algo más? Ah, sí: a la madre la interpreta su hermana, la actriz Alba Rohrwacher (Yo soy el amor). Ok, no seguiremos insistiendo con los rasgos autobiográficos (“puede ser profundamente personal sin ser una plasmación literal de una parte de mi vida”, subraya) pero sí señalaremos el papel primordial que de momento juegan los relatos de iniciación prepubescente en el cine de la directora. En su debut Corpo celeste (2011) exploraba las dudas de una chica de 13 años y sus tensiones con el catecismo de una estricta comunidad católica; Gelsomina, la atenta protagonista de 12 años de El país de las maravillas, se ocupa de los panales de la granja, recolecta miel y cuida de sus hermanas pequeñas ante la indolencia parental mientras sueña con participar en un fantasioso concurso-reality sobre los pueblos más pintorescos del país presentado por una luminosa Monica Bellucci. Piensa en El Grand Prix. Puro berlusconismo televisivo de los años 90.

Las tesis de la socióloga holandesa Saskia Sassen sobre la paulatina transformación de los espacios urbanos y rurales en parques temáticos calaron en la película. “Los paisajes humanos eran una de las riquezas de la herencia italiana, una parte integral de quienes somos. Nuestra época lo ha convertido todo en decorados pintorescos”, se lamenta la cineasta. Ante esa situación, frente a la espectacularización barroca de Paolo Sorrentino o Matteo Garrone está la mirada libre y curiosa de Rohrwacher. Su formación documentalista se nota en el deseo por registrar lo que está a punto de dejar de existir, desde los espacios al propio celuloide (ha filmado la película en Super 16 mm, como la anterior). “No me gusta esa preservación que convierte los lugares en museos, monumentos para el turismo. Lo interesante es lo demás, la vida que había en esos sitios”.

El país de las maravillas se estrena el 27 de febrero.