El cooperativismo se hace fuerte en las salas de cine

La reapertura del cine Zumzeig de Barcelona bajo un modelo de gestión cooperativista nos invita a analizar el mapa de las salas comunales que han abierto en los últimos años.

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24 de noviembre de 2016

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  • La sala CineCiutat de Mallorca fue en 2012 la primera sala de España en reabrir bajo un modelo de gestión comunal. Tras ésta, los cines Zoco de Majadahonda, Madrid, se atrevieron a seguir esta vía después de que el municipio estuviera a punto de quedarse sin salas. Hace poco más de un año se inauguraban los cines Numax, en Santiago de Compostela, y a punto de cumplir 365 en activo se encuentran también las salas Aragó, en Valencia. Y, ahora, a todas ellas se les suma la Zumzeig de Barcelona, dedicada al cine independiente y de autor, que volvió a abrir el pasado viernes 4 de noviembre bajo un nuevo sistema de gestión formado por una cooperativa. Si alguien estaba a punto de expedir el certificado de defunción de las salas de cine en nuestro país, estos cines gestionados bajo un modelo cooperativista o directamente por un amplio grupo de socios, en la línea de los Community supported cinema que de un tiempo a esta parte funcionan en el ámbito anglosajón, son el mejor ejemplo del empuje de espectadores y simpatizantes, gracias a campañas de crowdfunding en algunos casos, por dotar de nueva vida a lo que hasta hace poco era un gesto casi rutinario: ir a ver una película a la sala de cine.

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    La reapertura de los cines Zumzeig en Barcelona bajo este modelo de gestión cooperativista ha vuelto a poner de actualidad, así pues, la apuesta social para hacer frente a la desaparición de las salas como también si este modelo de gestión es viable. No todos los casos recientes de cooperativismo en salas de cine han tenido un éxito arrollador, pero sí son paradigmas de un esfuerzo mayúsculo por defender una apuesta cultural comprometida con el cine y con las ciudades en los que se encuentran.

    “Nuestro modelo de gestión, inédito en el ámbito cinematográfico de Cataluña, aporta proximidad, un trato más personalizado con el usuario, una mayor interacción y la oportunidad de que todo aquel que lo desee pase a ser socio colaborador de la cooperativa, con voz y voto en las asambleas, donde opinar, proponer y  tomar decisiones. Es un modelo de gestión innovador, horizontal y democrático, el primer cine cooperativo de Cataluña, con un planteamiento económico pensado en base a potenciar el hecho cultural y no al revés, algo por lo general no muy habitual”, explican Yonay Boix y Javier Rueda, del Zumzeig. En términos similares se expresa David Castelo, de Asociación XarxaCinema de CineCiutat, la sala mallorquina que fue la primera en adoptar un modelo asambleario ciudadano para gestionar el cine: “El objetivo de la iniciativa era llegar a ser un agente transformador cultural”.

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    La aventura de CineCiutat arrancó en mayo de 2012, cuando el cierre de Alta Films se llevó por delante buena parte de la red de las salas Renoir que la empresa tenía en nuestro país, entre ellas la que se encontraba en la zona de S’Escorxador de Palma de Mallorca. Al cabo de poco tiempo, el 13 de julio de ese año, se constituyó el proyecto y Cine Ciutat comenzó a andar gracias al apoyo de 1800 personas.

    Hoy, cuatro años después, cuenta con unos 1000-1300 socios (el número varía cada mes, siempre en base a la renovación de cuotas, explica Castelo) y para celebrar esos cuatro años en activo configuraron un programa de aniversario que da cuenta de su espíritu abierto y ecléctico con el que reabrieron: el 2 de julio los socios tenían cita con la sesión  Camarón Nuestro, coloquio con Ricardo Pachón que incluía un amplio despliegue audiovisual dedicado al mítico cantaor, preludio del documental Mallorca – Historia y flamenco presentado por el  productor y director Julio Piñeiro y Jacobo Martin Crespillo; el 9 de julio, en la sesión El clásico, se proyectó Casablanca (Michael Curtiz, 1942); el 16 de julio se pudo ver la película más votada por socios y espectadores, en este caso La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013); y una última sesión dirigida pro el colectivo Cinemascupe en la que comentaba en directo la película Plan 9 from outer space (Ed Wood, 1959).

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    Desde Santiago de Compostela, Ramiro Ledo cuenta que cuando abrieron la sala Numax en marzo de 2015 “no había ninguna otra sala en el centro de la ciudad a la que la gente pudiese acudir a pie”. No sólo eso, señala, porque “las películas de autor quedaban sin estrenarse en salas y algo tan básico como poder vincularse con la actualidad a través de los estrenos que se anuncian en prensa cada semana era imposible”. El catálogo de éxitos de asistencia de esta sala incluye una variedad de títulos, desde Sufragistas (Sarah Gavron, 2015) a Carol (Todd Haynes, 2015), Costa da morte (Lois Patiño, 2013) o El gran vuelo (Carolina Astudillo, 2014), además de otras películas “de repertorio”, como indica Ledo, como Nubes pasajeras (Aki Kaurismäki, 1996) y Las vacaciones de M. Hulot (Jacques Tati, 1953) sin contar con las tres películas que se han estrenado distribuidas por la compañía asociada a la sala: Los hongos, de Óscar Ruíz Navia, La venganza de una mujer, de Rita Azevedo, y Caballo Dinero, de Pedro Costa.

    Pero el propósito de Numax no radica sólo en acumular taquilla de estrenos independientes, sino que, “por el tipo de proyecto que somos, cooperativa de trabajo asociado sin ánimo de lucro, nuestra forma legal garantiza que todo el dinero que la gente se gaste en nuestro proyecto siempre será reinvertido al 100 por ciento en la cooperativa, permitiendo enriquecer y mejorar el proyecto, lo que implicará a su vez poder poner a disposición de nuestro público mejor oferta de todo tipo y mejores condiciones de acceso a esta oferta”.

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    También los cines Aragó, en Valencia, han resucitado de la mano de una cooperativa , en este caso La Cinemista, formada por seis socios trabajadores y tres asociados, ninguno de ellos con experiencia previa en el gremio. La sala cerró en 2006 tras 17 años de actividad, y La Cinemista consiguió alquilársela a los anteriores propietarios para abrir hace justo un año. “Nosotros intentamos abrirnos a otras películas que no llegan, hacemos reestrenos de películas que merecen tener más trayectoria, nos fijamos en el cine documental con la sesión El documental del mes, en colaboración con el DocsBarcelona”, explica Mentxu Suárez, de La Cinemista.

     

    CÓMO LEVANTAR UN PROYECTO

    Las razones por las que se pusieron en marcha estas cooperativas dedicadas a las salas de cine son diversas. En el caso de La Cinemista, todos los miembros de la cooperativa provenían de otros sectores que nada tenían que ver con el cine, más allá de ser férreos aficionados, pero decidieron embarcarse en el proyecto hace ya cuatro años como manera de reinventarse laboralmente, tal y como señala Suárez, y bajo la forma jurídica de una cooperativa porque creían que la horizontalidad era la mejor manera de relación laboral entre los miembros de la iniciativa. Lo que siguió fue acudir a una caja cooperativa, solicitar un préstamo sustancioso y, tras una inversión profunda y una renovación de las salas, especialmente para dotarlas del equipamiento digital necesario, los cines Aragó reabrieron el 27 de noviembre de 2015.

    La aventura de los cines Numax arrancó en agosto de 2013 bajo la forma de una conversación íntima entre Ramiro Ledo y sus allegados. Y algo que parecía “una boutade” pronto se precipitó en un proyecto consistente: “En una semana pasé de no tener ni idea de en qué consistía una cooperativa o de cómo dimensionar el proyecto a tener ya la primera base sobre la que empezar a trabajar e incluso un boceto de presupuesto (la mitad del que al final fue necesario)”, dice Ledo.

    No fue, ni mucho menos, tan fácil el proceso de levantar los cines Numax: “un año y medio de trabajo intensísimo antes de abrir, desde Barcelona elaborando el plan de negocio, trabajando todo el día y asistiendo en los ratos libres a un posgrado de gestión de librerías y también ya a visitar futuros proveedores. Las reuniones con Santiago por skype eran también una locura, cogiendo los vuelos a nada que había dos días libres para buscar locales, visitar arquitectos, presentar el proyecto… Pero sobre todo conseguir el dinero, los 300.000€ que no teníamos ninguno, y que gracias a Coop57 y 182 personas que avalaron el crédito mancomunadamente conseguimos en 4 meses”.

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    También la ayuda ciudadana ha sido un apoyo, más moral que económico, en la reapertura del Zumzeig. Yonay Boix y Javier Rueda lo relatan así: “Todo comenzó en el mes de abril, cuando el propietario del cine, Esteban Bernatas, decidió que quería pasar página y citó a varios colectivos y personas relacionadas con el mundo del cine de Barcelona para comentarles sus planes de abandonar la gestión y proponer que de ahí saliera un grupo de gente que quisiera seguir adelante con el cine. De esas reuniones, cada vez fuimos quedando menos hasta que al final hemos sido nosotros los que hemos decidido sacar adelante esta nueva etapa en forma de cooperativa, puesto que nos parece la forma más ética de funcionar y que además encaja muy bien con el barrio de Sants, que tiene una gran tradición asociativa y cooperativista”.

    Cuando el pasado verano se hizo público que Zumzeig cerraba, una marejada de indignación cubrió las redes sociales geolocalizadas en Barcelona, pero ese ánimo cambió cuando al cabo de pocos días se dio a conocer que reabrirían y se puso en marcha un crowdfunding para financiar una parte de las reformas que necesitaba el local: “Sabíamos que Zumzeig tenía ya una base de seguidores fiel, pero ¡no esperábamos tanto apoyo! Al menos no nos imaginábamos que llegaríamos a la meta de 10.000€ en un día y medio. De todas formas la campaña de crowdfunding se planteó principalmente como una manera de hacer comunidad y de comunicar nuestra próxima reapertura, basada en gran parte en una preventa de entradas y servicios que nos permite además tener algo de caja para poder afrontar la apertura de puertas, aliviando así la tesorería de la cooperativa en estos primeros meses”, señalan.

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    Pero una vez pasada la euforia inicial aparecen las dificultades. “No ha sido un año fácil”, confiesa Suárez, de la sala Aragó. “Durante la semana es complicado”, señala, “porque Valencia no es una ciudad tan grande como Madrid o Barcelona”. Santiago de Compostela tampoco es tan grande como ambas capitales, pero a diferencia de los Numax, los cines Aragó son grandes, muy grandes. La sala con más butacas de las cuatro del establecimiento cuenta con 325 localidades, una cifra que contrasta con las 73 del Zumzeig o las 70 del Numax. También los cines Zoco, que recién han cumplido su tercer aniversario en activo, son multisalas (su sala más grande tiene 195 butacas) y lograr un compromiso continuo de socios al tiempo que se intentan conseguir nuevos espectadores es complicado, especialmente para aquellos ciudadanos que ponen mucho más que su capital en el proyecto. “Estamos resistiendo”, asegura Suárez. “Una sala es mucho trabajo. Además de los turnos de trabajo hay muchas otras tareas que nos quitan tiempo de nuestra vida personal, desde la promoción a las relaciones públicas o las propias gestiones administrativas de la cooperativa”.

     

    UNIRSE PARA UNA MAYOR DIVERSIDAD

    Estas cuatro salas, junto a los cines Zoco, los Truffaut, de Gerona, los Álbeniz, de Málaga, o los Artistic Metropol, de Madrid, entre otras tantas, forman parte de la Red CineARTE, asociación constituida como tal en primavera de 2015 cuyo objetivo es promover la distribución del cine de autor, en versión original y de aquel realizado en nuestro país en salas de cine, con el fin de ayudar a que se ofrezca una mayor diversidad cinematográfica, tal y como se señala en el decálogo de la organización. En la práctica, esto significa que puedan estrenarse más diversidad de películas, ya que las salas pertenecientes a esta red contribuyen juntas para que películas con más dificultades para llegar a nuestro país pasen por los cines.  En este sentido, también es importante remarcar que plataformas como Screenly o Youfeelm, que gestionan estrenos o reestrenos de cine bajo demanda, suelen trabajar con estas salas de cine independientes.

    El objetivo, tal y como lo resume David Castelo, de CineCiutat, es conseguir un “espectador activo”, que “piense en el modelo empresarial de la sala de cine y en qué tipo de contenidos quiere”. Una manera de pensar en el público que también forma parte del espíritu del Zumzeig: “La idea es que el espectador no sea un ente pasivo, sino que queremos invitarle a reflexionar y debatir después de la proyección”, cuentan Boix y Rueda. “Con este tipo de gestión queremos demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera, más ética, social, dispuesta a asumir riesgos, en la que el rendimiento económico no es lo principal. Y teniendo en cuenta las demandas del espectador”, concluyen los portavoces del Zumzeig. Unas metas que por el momento cuentan con un buen soporte ciudadano.