El cine español responde a los recortes

Los Presupuestos Generales del Estado han apretado el cinturón a nuestra industria, y los directores y productores reaccionan ante el nuevo estado de cosas. Por YAGO GARCÍA

14 de abril de 2012

Todo comenzó el pasado martes 3 de abril, y desde entonces no ha hecho sino aumentar. O mejor dicho, disminuir. Estamos hablando de los recortes en las ayudas al cine español, un conjunto de medidas que se pueden resumir en la disminución en casi un 36% del dinero que el erario público destina al cine cada año. Frente a los 106,5 millones que nuestra industria del celuloide recibió en 2011, los Presupuestos Generales del Estado de este año contemplan 71,06 millones. Una merma muy sustanciosa que afecta, sobre todo, al Instituto de Cinematografía y Artes Audiovisuales (ICAA) y al Fondo de Protección a la Cinematografía, del cual parten las ayudas públicas. Por si esto fuese poco, la directora general del ICAA, Susana de la Sierra, anunció ayer la aplicación efectiva de estas medidas de austeridad.

Por el momento, las ayudas a la amortización, que compensan las pérdidas de los productores en la elaboración de una película, siguen más o menos incólumes, pero desaparecerán los incentivos públicos para los guionistas, para los proyectos de interés cultural, para los cortometrajes y para las series de producción nacional, por citar sólo unos pocos. Si el año pasado un productor, o un trabajador del cine, que quisieran optar a una ayuda del Estado podía acogerse a 11 posibles apoyos, este año podrán ser candidatos a tan sólo seis. Algo de lo que ya se había hablado antes de las elecciones de 2011, y que deja a nuestra industria ante un panorama, cuanto menos, incierto.

“Generar activos”

¿Estamos ante una muerte anunciada de las ayudas públicas al cine? Según Pedro Pérez, presidente de FAPAE (Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales), “para nada”. Pérez, que reprochaba la semana pasada su “poca sensibilidad” al ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, no está nada contento con las recientes medidas del Gobierno, y eso se nota. Pero también se nota su voluntad de seguir pugnando. “La memoria económica de la vigente Ley del Cine decía que el Fondo de Protección a la Cinematografía llegaría a 100 millones de euros en 2013”, nos recuerda. “Y este año ha perdido un 35 por ciento, en lugar de subir”. El presidente de la patronal del cine opta por una actitud realista (“Aceptaremos la cifra”, dice), pero señala que las consecuencias más duras de estas medidas aún están por llegar: “No es un buen síntoma que, cuando el recorte de presupuestos al Ministerio de Cultura es de un 20 por ciento, al cine le quiten un 35 por ciento”. Según señala Pérez, esta desproporción no es aceptada: “Nada entra en la economía productiva más que el cine, que es una estupenda inversión”.

Según Luis Martínez, redactor jefe de Cultura del diario El Mundo y antiguo director de CINEMANÍA, esto no es el fin definitivo de las ayudas al cine español, pero sí al menos de una cierta forma de entenderlas: “Si se observa con detalle, [los recortes] preservan las ayudas de amortización porque estas sirven a los productores para obtener créditos bancarios: son un aval a cuenta del dinero que van a ganar, calculado además de forma fija y segura”. Según el periodista, si a los productores españoles les quitasen este respaldo financiero, “sería la ruina absoluta”. Martínez, que expresó ayer sus opiniones sobre este estado de cosas en un contundente artículo, señala además que las ayudas a la amortización se mantienen “por lealtad institucional: aquellas que se adjudiquen en este ejercicio respaldan a películas que se estrenarán en 2015. A principios de 2012, estaba en tela de juicio el que se las mantuviera”.

Por otra parte, Martínez asevera que (como ya se ha visto), la parte más perjudicada de la producción española será “el cine pequeño, ese que dependía de ayudas discrecionales [no sujetas a criterios fijos] como las destinadas a producción y a guión”. Aun así, indica, “no me atrevo a radicalizar, diciendo que se asegura la parte industrial del cine y que la artística queda menoscabada, pero está claro que los recortes son un torpedo al antiguo sistema”.

Desde su punto de vista de productor, Pedro Pérez sentencia que “aquí caben los dos modelos de cine, el que da beneficios y el que realizan genios como Jaime Rosales”, pero también comenta (“siempre matizando”) que en tiempos de crisis “lo fundamental es invertir el dinero público en aquello que genera activos”. Y, remacha, “todos sabemos qué los genera, y qué no los genera”. A esto, según Pérez, hay que añadir los problemas derivados de la sobreproducción. “En España se producen demasiadas películas”, afirma. “De las 200 y pico que se rodaron el año pasado, hay muchísimas que no conozco ni yo, y las hay que no deberían haber empezado a rodarse”.

“Resistir y reinventarse”

Entre los directores de los que Pedro Pérez se considera “admirador” está Isaki Lacuesta, el cineasta barcelonés que ganó la Concha de Oro en San Sebastián con Los pasos dobles. Claro que no hay que ser profeta para saber que su obra no está entre las que más activos económicos generan. Cuando le preguntamos a él, sin embargo, prefiere poner énfasis en otro aspecto de los recortes: “Están en sintonía con un desmantelamiento general de la función pública”, asevera Lacuesta. “Los recortes al cine tienen la misma filosofía que aquellos que afectan a la sanidad, o a la educación”. Y lo que más parece preocupar al cineasta es que estas medidas conllevarán el aumento del paro en un sector cuyas condiciones laborales (según nos contó en su día Guillermo Toledo) distan de ser ideales.

“En mi entorno hay mucho paro, tanto entre los directores como entre los técnicos, los foquistas… Es algo de lo que se habla menos de lo que debiera”. ¿No contradice esto la imagen del cine español como un nido de estómagos agradecidos, pendientes del dinero público? “Seguramente sí”, nos responde Lacuesta. “la imagen del director de cine subvencionado está muy bien montada, podríamos hablar incluso de una medida populista”. Lo cual, prosigue, parte de un error de base: “considerar que las subvenciones van todas en el mismo paquete”. Y también, considera, de un error de planteamiento en la concesión de esas ayudas: “No tiene sentido que las películas que más dinero ganan sean las que más dinero reciban, como ocurre con las ayudas a la amortización”. Y prosigue: “Una cosa es conceder ayudas racionales y lógicas, para que se hagan películas y ayudar a que se estrenen, y otra darle dinero a quien te da la gana, que es lo que hace el ICAA”.

En la presentación del Festival de Málaga, el productor catalán Lluis Miñarro ha calificado de “desconcierto absoluto” la nueva política económica del cine. Y, como Miñarro es uno de nuestros empresarios más arriesgados (entre los filmes que ha financiado se encuentran obras de Manoel De Oliveira y Apitchapong Weerasethakul), acudimos a él para arrojar algo de luz sobre ese desconcierto. Lo primero que nos dice es que estamos ante un aspecto de una debacle mucho mayor:  “Estamos ante un eco de lo que ocurre en toda Europa: la cadena económica formada por la moneda única hace que todo se vaya al garete”. Preocupado por el hecho de que “las ayudas a la amortización se lleven todo el pastel”, y (como Isaki Lacuesta) por el aumento del paro en el sector, Miñarro nos habla de un panorama en el que estrenar un filme es complicado, si se tiene un producto comercial, y pesadillesco si el filme que se tiene entre manos es “riesgoso”.

“Más allá de que haya películas de usar y tirar, realizadas sólo para cobrar ayudas”, indica Miñarro, “las producciones menos convencionales se quedan fuera de los canales de exhibición y distribución: algunas películas nuestras las hemos tenido que estrenar en mitad de agosto porque no había forma de conseguir una sala”. “Es difícil luchar contra las redes establecidas y la hegemonía de Hollywood”, indica. Y, según añade, contra esto el cine español sólo tiene una solución: “Resistir, y reinventarse”.

“Más vocación, menos subvención”

Como relevo al sistema de subvenciones, el actual gobierno del Partido Popular ha hablado en ocasiones del fomento del mecenazgo privado. Algo que Pedro Pérez no ve claro (“Una correcta aplicación de la desgravación fiscal para las películas sería mejor”, comenta el presidente de FAPAE), Luis Martínez considera incierto cuanto menos (“¿Qué tenemos del nuevo modelo? Sólo cuatro titulares, es tirar la piedra y esconder la mano”) y Lluis Miñarro, por su parte, extremadamente poco aplicable. Según el productor, “en España no hay una cultura del mecenazgo, y algo así no se improvisa: Telefónica u otras grandes empresas no van a invertir en cine para desgravar, sino en artes plásticas, en música…”. ¿Por qué? Pues porque, prosigue Miñarro, “para que les atraiga convertirse en mecenas, las corporaciones tienen que contemplar desgravaciones muy grandes”.

Así pues, el modelo antiguo (basado en subvenciones y ayudas directas) está en las últimas, mientras que un posible relevo no acaba de nacer. ¿A qué nos llevará esto? Pues, según Isaki Lacuesta, a un cine español de peor calidad, con profesionales menos entrenados: “El cine, como artesanía que es, depende del conocimiento del oficio, y si alguien -un operador de cámara, un guionista, lo que sea- trabaja en un filme cada cuatro años, nunca llegará a tenerlo. “Si te fijas en los clásicos como Chaplin o Hitchcock”, prosigue el director, “verás que eran capaces de rodar una película por semana”. Lacuesta considera que, a partir de ahora, “se tenderá a películas muy grandes, de gran presupuesto, que puedan recibir ayudas, y a trabajos underground”. Él, nos indica, piensa estar presente en ambas variedades, “y si me quedo con un presupuesto de cero euros, pues haré marionetas: el cine depende de la vocación, no de la subvención”.

“La lectura final, en todo caso”, refiere Luis Martínez como experto, “es que a partir de ahora sólo habrá dinero para las películas con vocación comercial, mientras que las producciones más ‘artísticas’ se quedan sin nada, son las que más perjudicadas han salido”. Pedro Pérez, por su parte, añade que el cine español con más vocación taquillera tampoco tiene las cosas tan fáciles: “Hay películas que recaudan el cincuenta por ciento de lo que deberían recaudar”, comenta el presidente de FAPAE. Y añade: “En su primera semana, [REC] 3 o Grupo 7 se han llevado la mitad de la taquilla que les correspondería, mientras que en Francia tenemos casos como las 19 millones de entradas de Intocable. Y eso incluye a directores de prestigio crítico, como Almodóvar”. Tras contar esto último, el presidente de FAPAE respira hondo, y se despide con una última frase: “No voy a dejar morir esto”.

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