El cine del Metal: 10 películas más ‘heavies’ que el viento

El documental 'Road tho Wacken' recoge en 3D la hazaña de las Princess of the Night, un grupo español seleccionado para tocar en el festival 'metalero' más importante del mundo. Te presentamos una antología para mover tus melenas al viento. Por YAGO GARCÍA

17 de julio de 2011

Las siglas ‘WOA’ suenan a onomatopeya de Julio Iglesias, pero en realidad corresponden a un tipo de música algo más ruidoso: así se abrevia el nombre del Wacken Open Air, un certamen de grupos metaleros que se celebra en Alemania desde hace 11 años, y que ha llegado a reunir a 80.000 asistentes dispuestos a agitar las melenas y poner los cuernos sin compasión. Producido por el festival y dirigido por el aragonés Pablo Aragües, el documental Road to Wacken 3D ha llegado esta semana para contarnos las aventuras de las Princess of the Night (en la foto), una banda española y heavy formada sólo por chicas que fue seleccionada para actuar en Wacken, compartiendo cartel con mitos del género como Slayer, Doro Pesch, Blind Guardian y un largo etcétera.

La hazaña de las Princess of the Night es épica, sin duda. Y por ello CINEMANÍA ha seleccionado estos clásicos del cine repletos de solos aullantes, pelos cardados, cinturones con canana y muñequeras de pinchos. Algunos de ellos apuestan por las formas más puras del género, otros se arrojan a los brazos del hair metal glamuroso y melódico (como Tom Cruise en Rock of Ages, más o menos) mientras que otras abrazan los registros extremos del thrash y otras variedades. Pero todas rebosan de temazos, y muchas veces también de risas: no en vano dice la leyenda que los hijos del metal son de las pocas tribus urbanas que saben reírse de sí mismas. ¿Quieres comprobarlo?

This is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984)




No es sólo el mockumentary (falso documental) más heavy de la historia, sino también una comedia divertida e imprescindible. Dirigida por el autor de La princesa prometida, Spinal Tap recoge las andanzas del grupo de rock más entrañable y patético de la historia: su aceptación entre la parroquia metalera es tan grande que, aún hoy, la falsa banda protagonista (con Christopher Guest y el doblador de Los Simpson Harry Shearer en sus filas) se marca alguna gira que otra.

Momento melenudo: El guitarrista Nigel Tufnel (Guest) muestra a Reiner su colección de amplis, entre ellos el mítico modelo cuyos potenciómetros “llegan al once”.

La rebelión de las máquinas (Stephen King, 1986)




La única película como director del autor de Carrie y El resplandor es regular tirando a mala, algo que reconoce hoy su máximo responsable. ¿Por qué la incluimos en esta lista? Pues porque su banda sonora corrió a cargo de AC/DC, los reyes australianos del riff demoledor. Gracias a su musicón (y a los diálogos que King y Emilio Estévez, ambos hasta las cejas de cocaína, cocinaban a pie de plató), esta película supuestamente de terror ha pasado a la historia como una comedia de culto.

Momento melenudo: El ataque final de los camiones poseídos: ¿querías ‘metal pesado’? ¡Pues toma tres tazas!

Muerte a 33 revoluciones por minuto (C. M. Smith, 1986)




Debido a su gusto por la iconografía satánica (por un lado) y a la paranoia de ciertos sectores sociales (por otro), la música heavy está muchas veces rodeada por un halo siniestro. Repleta de posesiones diabólicas y sacrificios humanos, esta película de serie B se regodea a gusto en el tópico, contando además con cameos del mismísimo Ozzy Osbourne y del bajista de Kiss, Gene Simmons.

Momento melenudo: Cualquiera de las apariciones de Ozzy, pelicorto y engominado, como predicador evangelista enemigo del metal. ¿Qué pensarían sus compañeros de Black Sabbath?

Eat the Rich (Peter Richardson, 1988)




Hasta ahora, hemos registrado filmes sobre la siempre boyante escena metal de EE UU. Pero, ¿qué pasa con sus colegas del Reino Unido? Esta comedia canibal no sólo da testimonio fílmico de lo brutos que podían ser los Mötorhead cuando se lo proponían, sino que también cuenta con el propio Lemmy como actor, acompañado por el comediante Rick Mayall, el cantante de The Stranglers, Hugh Cornwell y el mismísimo Paul McCartney. ¿Quién dijo que punks, heavies y hippies no podían llevarse bien?

Momento melenudo: Lemmy y su bajo toman el escenario durante el show de un grupo de ‘nuevos románticos’. Es el momento para un poco de headbanging.

Wayne’s World ¡Qué desparrame! (Penelope Spheeris, 1992)




En los 90, cuando Nirvana estaban en lo alto de las listas y el grunge dominaba la tierra, parecía que el metal clásico y sus excesos habían pasado a mejor vida. Craso error, como nos recordaron Mike Myers y Dana Carvey importando a la pantalla grande sus personajes de Saturday Night Live. Su argumento no es el colmo de la originalidad, pero los chistes son otra historia.

Momento melenudo: Empate entre la escucha de Buhemian Rhapsody (Queen) a bordo de un coche AMC Pacer y el cartel de la tienda de guitarras: “Prohibido tocar Stairway to Heaven”.

Cabezas huecas (Michael Lehmann, 1994)




Como todo metalero sabe, la escena heavy rebosa de bandas de barrio con buenas canciones, pero sin proyección comercial. Por ello, el power trio de Adam Sandler, Steve Buscemi y Brendan Fraser decide saltar a la fama secuestrando una emisora de radio a punta de pistola… De plástico. Los chistes musicales son de antología, en especial un acertijo muy puñetero: “Hay una pelea en el cielo entre Lemmy y Dios, ¿quíén la gana?”. La respuesta, en el vídeo de arriba.

Momento melenudo: El mismísimo Lemmy (sí, él de nuevo) realiza una confesión traumática y real: fue el redactor jefe del periódico de su instituto.

Cero en conducta (Adam Rifkin, 1999)




Para los melómanos, Detroit es la ciudad de Iggy Pop y sus Stooges, del techno elegante y sutil … Y de los siempre maquilados Kiss. En 1978, cuando el grupo era más popular que nunca, Edward Furlong (Terminator 2) y sus colegas de colegio católico hacen lo posible para no perderse un concierto de “la mejor banda de rock’n’roll del mundo”. Aunque para ello tengan que atracar un banco.

Momento melenudo: El concierto final, con Detroit Rock City como temazo álgido.

Rock Star (Stephen Herek, 2001)




Antes de ser actor, Mark Wahlberg se dedicaba al rap con el seudónimo de Marky Mark. Por ello, sorprendió verle luciendo melena en este biopic muy poco sutil, inspirado en las andanzas de Tim ‘Ripper’ Owens como cantante suplente de los Judas Priest. De encabezar un grupo de versiones, Marky pasa a ser el vocalista de su grupo favorito, descubriendo cosas muy poco agradables sobre el rock’n’roll way of life y decidiendo que el estrellato no es para él. ¡Pringao! 

Momento melenudo: La decadente visita al estudio de los Steel Dragon (los Judas en la ficción): el vocalista Jason Flemyng se quita el peluquín y sale del armario simultaneamente.

Metal: A Headbanger’s Journey (Tim Dunn, 2005)




Enamorado del heavy metal desde pequeñito, el antropólogo Tim Dunn realiza un documental profundo y contrastado sobre la música de sus amores. ¿Un aburrimiento? No: un festín de revelaciones y reflexiones cachondas enunciadas por Bruce Dickinson (Iron Maiden), los Mayhem (satánicos y nórdicos ellos) y otros grandes de todas las variantes del género. Imprescindible para melómanos, sin distinción de preferencias.

Momento melenudo: La visita a la casa de Ronnie James Dio, seguramente el hogar más metalero del universo.

Dando la nota (Liam Lynch, 2006)




No hace falta haber visto Escuela de rock para saber que Jack Black lleva el rock en las venas. Y es que el comediante más bajito, grasiento y gritón es el vocalista de Tenacious D, un dúo musical que protagoniza este filme de culto. Junto a su inseparable Kyle Gass, Black emprende una búsqueda mística para encontrar ‘la púa del destino’, sagrado artefacto que eleva a su portador a la gloria metalera.

Momento melenudo: El enfrentamiento final (y musical) contra un Dave Grohl (ex Nirvana, ahora en Foo Fighters) transfigurado en Satanás.

Anvil. El sueño de una banda de rock (Sacha Gervasi, 2008)




Podrían haber sido los más grandes. Pero se quedaron en la cuneta, y ahora malviven en el circuito de festivales: esa es la triste historia de Anvil, una banda canadiense que triunfó en los 80. Sacha Gervasi, antiguo roadie del grupo, les homenajea en este documental conmovedor y (a veces) hilarante, repleto de garitos que no pagan y horarios que nunca se cumplen y con el festival murciano LorcaRock como escenario de uno de sus momentos más bochornosos.

Momento melenudo: El cantante Steve ‘Lips’ Kudlow, toda una bestia en el escenario, descubre que no puede hacer carrera en el telemarketing a puerta fría. “Yo soy un hombre cortés y educado, no sirvo para esto”, gime.