EE.UU. es el país idílico para pardillos y crápulas

El sueño americano es un concepto muy amplio, una manera de vivir que puede beneficiar a gente trabajadora y también a auténticos maleantes.

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16 de septiembre de 2016

Estados Unidos es el país de las oportunidades. Y hay oportunidades para todos, ojo. Si eres un niño o niña de alta cuna con mucho dinero guardado en un gran banco que te administran papá y mamá tienes las mismas oportunidades de fundar tu propia empresa que un muchachito de Queens de padres divorciados cuyos trabajos son el de camarera y el de basurero.

Ahora eso sí, para tener las mismas oportunidades el pobre debe esforzarse mucho, trabajar muy duro y tener suerte o fabricarse su propia suerte como dicen en las películas. Y si no llegas a cumplir tu sueño es que te has cansado pronto. No has currado lo suficiente. ES CULPA TUYA Y NO DEL SISTEMA. De esta forma EE.UU. da rienda suelta a su vigoroso sistema capitalista. En resumen: el pez grande siempre se come al pequeño.

Sin embargo, y como siempre, el cine está ahí para salvarnos y para recordarnos que no todo está perdido, que a veces son los pardillos, los golfos, o los de la peor calaña los que ganan… Aquí van ocho momentos en los que el cine nos enseñó, a través de historias reales, que cualquiera puede doblegar a los poderosos.

Juego de armas (2016)

Todd Phillips dirige esta película sobre dos jóvenes de 20 años sin oficio ni beneficio a los que el mismísimo Pentágono pagó 300 millones de dólares para armar a Afganistán. Los protagonistas son Miles Teller y Jonah Hill. El director de Resacón en las vegas cuenta con mucho humor negro una, en el fondo, trágica historia. Ya que al fin y al cabo estamos hablando de armas, de guerras, de muertes y de los negocios que sostienen todo eso. Todo es terriblemente frívolo.

Cuando tocan el cielo: Estos dos pardillos de Miami consiguen ganar la licitación del mismísimo gobierno para armar Afganistan por 300 millones de dólares. Les toca reunirse con los señores trajeados y de pelo blanco que deciden si finalmente serán ellos o no los que lleven a cabo esta empresa. A ellos no se les ocurre otra cosa que fumarse un canuto antes de la reunión, por eso de los nervios. La escena que describe el encuentro parece sacada de Los hermanos Coen. Solo que esta vez, ES REAL.

El descenso a los infiernos: Por mucho que fabriques tu propia suerte, esta se acaba. Y eso es lo que les ocurre a los personajes de Miles Teller y Jonah Hill. Al fin y al cabo estafar al gobierno es un “poquito” ilegal. Aunque él te lo permita y te haga ojitos.

Uno de los Nuestros (1990)

“Desde que tengo uso de razón, siempre quise ser un gánster”. ¿Os suena, no? Sí, es la frase que pronuncia el joven Henry Hill mientras mira por la ventana la vida que llevan los gángsters de su barrio. Scorsese hizo una película inspirándose en la vida de este mafioso que acabó traicionando a todos sus socios poniéndose en manos del FBI.

Cuando toca el cielo: Tras subir de categoría tan rápido como la espuma, Ray Liotta, que interpreta a Hill,  junto a al personaje de Robert De Niro, el de Joe Pesci y unos cuantos socios más dan el golpe más importante de sus carreras. Son ricos. Pero cuidado con gastarlo todo de golpe, no vaya a ser que les pillen.

El descenso a los infiernos: Hill llegó muy alto pero se lo gastó todo: “El FBI calculaba que habían pasado por mis manos unos 200 millones de dólares. Pero los fundí todos en mujeres, drogas y caballos lentos”.

Scarface. El precio del poder (1983)

Brian De Palma hizo un remake de la Scarface de Howard Hawks inspirada en la vida de Al Capone. De Palma hizo algo macabro, sumamente violento, provocativo, hortera en ocasiones y maravillosamente interpretado por un exagerado Al Pacino. ¿Pero qué diablos? Quién no ha recitado alguna vez alguna frase de Tony Montana, el cubano frío e implacable que pasa de ser un auténtico don nadie a convierte en el gángster más importante de Miami.

Cuando toca el cielo: Tony Montana descansando en su despacho que combina el color negro de los muebles de lujo, el oro de las esculturas y detalles y una buena montaña de cocaína encima de la mesa.

El descenso a los infiernos: Justo después del instante descrito anteriormente. Vienen a por él. Estar en la cúpula de una organización de narcos no es gratis y a Tony Montana le queda poco para disfrutar de la vida de vicios y de su carrera delictiva. “¡Saludad a mi pequeña amiga!”

Dallas Buyer Club (2013)

Esta película está basada en la vida real de Ron Woodroof, un cowboy de rodeo texano al que le encantaban las drogas y las mujeres y al que le cortaron su tren de vida cuando le diagnosticaron SIDA pronosticándole que moriría en un mes. El único medicamento disponible en aquella época era el AZT y sin embargo, con él su salud empeora.

Cuando toca el cielo: Woodroof, interpretado maravillosamente por Matthew McConaughey descubre que hay un medicamento que le ayuda a mejorar, ¿el problema? Que no está aprobado por la FDA (Agencia de alimentos y medicamentos de Estados Unidos). Decide entonces, vestirse de cura y traficar con él, alegando que es para consumo propio. Acaba montando un club, el Dallas Buyer Club, en el que un montón de enfermos de sida se benefician del medicamento. Woodroof 1 – FDA 0

El descenso a los infiernos: Aquí la historia acaba bien. La FDA se cabrea y cambia su regulación para hacerlo ilegal, sin embargo, Woodroof lucha y demanda a la agencia. La redención es posible.

Blow (2001)


Irregular pero certera película de Ted Demme con guión del mismísimo Nick Cassavetes. Johnny Depp interpreta a George Jung, un tipo que comienza vendiendo marihuana en Palm Spring, en California y acaba ganando 100 millones de dólares con el Cartel de Medellín. La cara B del sueño americano.

Cuando toca el cielo: George se gana la confianza de Pablo Escobar y llega a los más alto del cartel gracias a su personalidad práctica, leal y poco violenta.

El descenso a los infiernos: La ambición fue demasiado para él. George Jung llega a ser un adicto a la propia actividad delictiva y eso le pasa factura hasta que acaba desmoronándose tanto su vida sentimental como su talento para los trapicheos.

Atrápame si puedes (2002)


La historia de Frank W. Abagnale le sirvió a Steven Spielberg para hacer una maravillosa película de estafadores con el ritmo de los clásicos de robos y atracos.  Leonardo DiCaprio es el joven y escurridizo delincuente y Tom Hanks el agente del FBI que se pasa media vida en su búsqueda.

Cuando toca el cielo: El amor. Siempre es el amor el momento más dulce. Abagnale hace una fortuna falsificando cheques (y todo tipo de documentos) y con apenas 20 años se hace pasar por un reputado cirujano y se casa con la entrañable Amy Adams. Tiene el mundo bajo sus pies.

El descenso a los infiernos: Todo lo que sube baja y una vida sostenida por mentiras no tarda en derrumbarse y ahí está el agente del FBI para recoger los restos.

The Master (2012)

El más oscuro de los sueños americanos. La historia del fundador de la Iglesia de la Cienciología. Fundar tu propia religión está solo en manos de muy pocos, hoy es casi impensable que esto ocurra en cualquier parte del mundo, excepto en Estados Unidos, claro. Paul Thomas Anderson nos cuenta como el inteligente Lancaster Dodd interpretado por un soberbio Philip Seymour Hoffman convierte atraer a su secta a numerosos y fervientes seguidores. ¿Os suena Tom Cruise?

Cuando toca el cielo: Cuando casi de la nada, las fuertes convicciones de Lancaster Dodd comienzan a cuajar para millones de personas y se convierte en (casi) un mesías.

El descenso a los infiernos: Las dudas siempre surgen. Las polémicas. Las sospechosas prácticas de la secta. Hay demasiados borrones en su historia.

El lobo de Wall Street (2013)

Martin Scorsese encontró su película perfecta cuando el mismísimo Leonardo DiCaprio le dijo que quería llevar a la gran pantalla la vida de Jordan Belfort, un corredor de bolsa neoyorquino que pasó de ser un joven honrado en busca del sueño americano a acumular un enorme éxito y fortuna con una regla básica: No hace falta que tus clientes ganen dinero, lo importante es ganar una buena comisión.

Cuando toca el cielo: Blefort llegó a montar su propia empresa en Wall Street mientras se ganaba el mote de ‘El lobo de Wall Street’. Tenía una mujer preciosa, una casa de ensueño y tanto dinero que podía malgastarlos en absurdos divertiementos como contratar enanos para jugar con ellos a la diana.

El descenso a los infiernos: Demasiado dinero, demasiado poder, demasiadas mujeres, demasiadas drogas y muy poca discreción. Lo perdió (casi) todo.

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