Por qué ‘Dunkerque’ no debería ganar el Oscar

¿Pensabas que el general Nolan iba a librarse de nuestro asalto a las nominadas? Aquí presentamos argumentos para desbaratar su Operación Dinamo

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21 de febrero de 2018

La forma del agua ya no puede ni mover sus branquias bajo el agua, mientras que Déjame salir se ha marchado al Lugar Hundido para no volver. Así pues, CINEMANÍA prosigue su serie anual de artículos chungos contra las nominadas al Oscar emprendiendo una ofensiva a la desesperada. Esta vez, el enemigo no es un bicho anfibio, fosforescente y romanticón, ni una película de terror de bajo presupuesto con afilada (y coyuntural) agenda política. En lugar de todo eso, frente a nosotros se alza todo un ejército con marina, artillería pesada, cazas Spitfire y descargas de fusilería. Y al frente de esa fuerza expedicionaria, un general de los de antes, con gesto impasible, actitud dictatorial e impecable atuendo: nada menos que Christopher Nolan. Porque, esta vez, vamos a buscar los puntos débiles de Dunkerque

El asalto al género bélico del director inglés está nominado a la friolera de ocho Oscar, incluyendo Mejor película y, por primera vez en la carrera de Nolan, a Mejor director. Tratándose del cineasta que mejor ha llevado a Batman a la gran pantalla, y de un maestro del cine de género en todas sus facetas, cualquiera diría que estamos deseando verle subir (con su chaleco y todo) al estrado del Kodak Theatre. Pero resulta que nos hemos puesto a analizar su cinta con lupa… y hemos descubierto errores estratégicos impropios de un comandante en jefe tan reputado. Aquí te los presentamos, avisando de que pueden contener SPOILERS. 

Mucha tensión, muy poco vigor

Hemos visto El truco final, hemos visto Origen, hemos visto Interstellar y, por ello, sabemos que el paso del tiempo es una de las obsesiones de Christopher Nolan. Y, para plasmarlo definitivamente, ha lanzado su mayor órdago: “[Una intensidad] basada en el ritmo, la tensión que se acelera y los momentos de suspense que se superponen” es como él describe su película sobre la Operación Dinamo. La conocida anécdota que Hans Zimmer sampleó el reloj del director para las bases rítmicas de su BSO deja bien claro esto (y también que ni Nolan ni el compositor tienen abuela). Pero, a la hora de la verdad, ¿se traduce esto en un efecto real? En nuestra opinión (subjetiva), más bien no.

En Dunkerque hay tres películas, y el espectador acaba quedándose con solo una de ellas: un historia de aviadores con Tom Hardy, un relato de supervivencia con Fionn Whitehead y un drama de cámara, o de camarote, con Mark Rylance Cillian Murphy. Esos tres hilos tienen ritmos demasiado distintos como para casar bien y, por mucho que Nolan sea un maestro del montaje paralelo, esa intensidad arrolladora a la que aspira combinándolos nunca llega a producirse: Dunkerque aspira a ser un todo, pero queda como una película de momentos. Si bien elogiar su ambición es inevitable, debemos reconocer que esta se traduce en fracaso.

La guerra sin sangre (ni carne)

Presentando Dunkerque en una entrevista para el New York Times, Nolan le daba muchas vueltas al tema de la intensidad. Sin ir más lejos, aseguraba que la ausencia de tripas e higadillos obedecía a su deseo de que la película pusiera al público en ascuas mediante su montaje y puesta en escena, sin recurrir a efectismos de otro tipo. Dicho esto, admitamos algo: si el mejor cine cine bélico (de Sin novedad en el frente Salvar al soldado Ryan, pasando por Senderos de gloria) nos pone la piel de gallina es porque evoca una sensación de peligro real para sus protagonistas.

Ojo: no hablamos de sangre o mutilaciones propiamente dichas, porque, si fuera así, muchas películas tempranas del género quedarían en bien poca cosa. Hablamos de plasmar de forma efectiva la ruina que trae la guerra y que, desde el punto de vista del soldado de a pie, se traduce en la posibilidad de morir en cualquier instante. En lo que se refiere a Dunkerque, Nolan arroja a los personajes de Fionn Whitehead y Cillian Murphy a un vórtice de espanto existencial, pero también se da de morros con su obsesión por la pulcritud técnica. Todos sus escenarios parecen impolutos (si nos dicen que él mismo dio forma a las dunas de la playa con una pala y un rastrillo, nos lo creemos) y los momentos de pánico (como ese barco varado en el que se esconden los soldados de infantería) esgrimen un suspense demasiado calculado como para resultar visceral.

Estos británicos, ya se sabe…

“Metáfora gigante del Brexit”: este era el cachondo título que le adjudicaba a Dunkerque su ‘póster sincero’ de rigor tras conocerse las nominaciones. Y, algo de razón había ahí, porque ninguna película puede escapar de su coyuntura política. Si bien Nolan se hace cruces cuando se lo mencionan (“Eso es una falta de respeto para la gente que vivió la historia real”, declara) y recuerda que el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE ocurrió durante su rodaje, lo cierto es que esto da para un análisis puñetero.

Sobre la falta de contexto histórico de la cinta se ha escrito mucho, así como sobre el ninguneo al que esta somete a las tropas francesas (sí, un soldado galo tiene cierto protagonismo en la historia… porque se esconde como un conejo), y hay algo que nos fascina especialmente: en términos rigurosos, la retirada de Dunkerque fue el resultado de una derrota, con la fuerza expedicionaria británica abandonando el Continente con el rabo entre las piernas mientras sus aliados le cubrían las espaldas. Y, aunque Nolan no esconde esto, sí logra darle un tono épico (¡ese plano final, con un Hardy al que sólo le falta entonar el Dios salve a la reina!) que elude la historia registrada en favor del rancio patriotismo. No vamos a llegar a los extremos del crítico Jonathon Sturgeonquien acusó al cineasta de “embellecer la guerra” y de hacer propaganda para el Partido Conservador (“Si Nolan escucha alguna voz, esa es la de Margaret Thatcher en 1987”). Pero lo cierto es que más humildad en la presentación de los hechos habría mejorado mucho su filme.

Llegas tarde, Academia

Todo esto ha sido, para variar, retórica. Lo que de verdad nos cabrea de Dunkerque, aquello que nos hará crispar los nudillos si vemos a Nolan llevarse un Oscar gracias a este filme, es lo que sigue: puede que estemos ante una buena película, incluso ante una gran película, pero no ante la mejor película de su director, ni de lejos. Empezando por la tremendísima Memento y siguiendo por El caballero oscuro, El truco final Origen, Nolan ha entregado filmes mucho mejores y más atrevidos que Dunkerque… pero ninguno de ellos ha aspirado en serio a una estatuilla al tratarse de películas de fantasía, ci-fi o aventuras. Y, no, el trofeo póstumo a Heath Ledger no nos vale como contraargumento.

La verdad es que el director ha tenido que abandonar los géneros que le han hecho famoso, y que mejor se le dan, para que los mandamases de Hollywood le vean como algo más que una máquina de generar billetes. Es más: antes de que el establishment hubiera considerado al cineasta como un autor ‘respetable’, el fandom y parte de la crítica ya lo habían proclamado como tal. Así pues, verle subir al estrado gracias a una de sus obras más flojas sería una decepción inmensa. Y, si los años pasan y la Academia no se enrolla, animamos al lector a que se plantee esta pregunta: ¿Cuántos Oscar a Mejor director y Mejor película ganó Kubrick?

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