¿Cómo sería el mundo si Jodorowsky hubiera estrenado ‘Dune’?

Haga lo que haga Villeneuve, nada será tan extremo como el intento de Jodorowsky, que sin estrenar su versión de 'Dune' cambió el cine de ciencia-ficción para siempre.

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16 de septiembre de 2020

La de Dune podría ser la trilogía de adaptaciones más extraña de la historia. Una película nonata con aspiraciones tan enormes a nivel artístico, conceptual y filosófico que, de lo grande que se hizo en la mente de su creador, un apasionado Jodorowsky, acabó por ser inabarcable para cualquier productor de este planeta.

Después, una película fallida, un director que apenas había demostrado nada (aunque luego se convirtiera en la referencia absoluta de lo moderno) haciéndose cargo de una historia de ciencia-ficción sin que, en el fondo, le interesara demasiado la ciencia-ficción. Hoy la Dune de David Lynch se ha convertido en película de culto… ¿Pero qué cosa no es de culto hoy en día? 

Y por último la versión de Denis Villeneuve, cuyo tráiler no cuenta demasiado sobre el enfoque, el subtexto o la propuesta final del director de La llegada. Jodorowsky ya ha dado su opinión al respecto. El resultado final puede que sea un fiasco, puede que termine siendo una película convencional o puede que nos encontremos con una obra maestra. Pero aún hay que esperar. 

Y más allá de lo que consiga Villeneuve con su versión, repleta por cierto de gente guapísima en el reparto (es una cosa loca), nadie nunca en la historia se acercará a la magnitud del proyecto que Jodorowsky tenía en mente. El documental Jodorowsky’s Dune de Frank Pavich lo puedes ver ahora mismo en YouTube y así hacerte una idea de lo grande que podría haber sido esta película.

Visto hoy en día con perspectiva, conociendo la industria y los gustos, podríamos estar hablando del fracaso más estrepitoso de la historia. El final es abierto porque nunca se hizo pero sí que podemos jugar con las consecuencias e incluso con la idea de un universo donde esta película sí se hubiera estrenado. 

Así cambió el cine la Dune de Jodorowsky

Jodorowsky cometió muchas frivolidades absurdas en la búsqueda de los que él denominó como sus guerreros, porque “cualquier persona que trabaje en esta película debe ser un guerrero espiritual”, explica en el documental. 

Tenía a Mick Jagger, a David Carradine, a Orson Welles y Salvador Dalí para el reparto y contrató a cada uno de ellos en un momento, en un lugar y bajo una acción inesperada, como si el casting por si solo fuera una especie de epopeya del héroe absurda y casi cómica. 

Sin embargo, las decisiones que tomó Jodorowsky en materia artística son harina de otro costal. Sencillamente llamó a los mejores. Empezó con H.R. Giger, un pintor suizo que aún no había hecho nada para el cine. Llamó a Chris Foss, el hombre que firma las mejores cubiertas para la trilogía de la Fundación de Isaac Asimov. Tampoco Foss había hecho nada para el cine. Y por supuesto, el que sería la joya de la corona: Jean Giraud, un dibujante de cómic que se hacía llamar Moebius cuando firmaba ilustraciones de ciencia-ficción.

Y aquí, entre las líneas del párrafo anterior tenemos a los tipos más influyentes en el diseño de arte del cine de ciencia-ficción de varias décadas. Y el diseño de arte lo es todo en un género para el que los 70 y los 80 fueron los años más relevantes en el cine. 

H.R. Giger se encargó del diseño de la dinastía Harkonnen y acumuló muchísimo trabajo entre ilustraciones y réplicas de su arte que ahora son piezas de coleccionista. Después este tipo creó junto a Carlo Rambaldi a la criatura perfecta, el xenomorfo de Alien, el octavo pasajero. Y después llegaron el resto de Alien hasta Prometheus, todo un lenguaje artístico mantenido a lo largo de las décadas. 

Chris Foss creó las naves que por supuesto influenciaron al resto de naves diseñadas para las películas venideras. Trabajó en el diseño de los cohetes de Flash Gordon y suyos son los diseños de todas las naves de Guardianes de la galaxia. Por supuesto, George Lucas vio su trabajo antes de ponerse manos a la obra con su Flash Gordon particular, una película que se tituló Star Wars. 

Y Moebius. El artista dibujó la película que Jodorowsky tenía en la cabeza. Básicamente la filmó con la pluma de Moebius, que hizo un storyboard de 3000 dibujos. Esto, unido a los diseños del resto del equipo, se convirtió en un libro inmenso lleno de ideas que desgraciadamente rechazaron en Hollywood.

Pero ahí quedó ese trabajo que impulsó al dibujante y a Jodorowsky a seguir trabajando juntos para crear la saga de cómics de El Incal, inspirada en Dune, por supuesto. Y junto a Dan O’BAnnon realizar el que nuestro compañero Yago García considera, con razón, el cómic más influyente de la historia del cine: The Long Tomorrow. 

Además de eso Jean Giraud trabajó en el diseño cinematográfico de Alien, Tron, Willow, The Abyss o El quinto elemento.

 

¿Por qué se idealiza la Dune de Jodorowsky?

Pensad en esta declaración de Nolan sobre Tenet: “Es todo lo grande que una película puede llegar a ser”.  Imaginad que leéis eso antes de ver Tenet y luego de repente un cataclismo universal elimina de la faz de la tierra todas las copias de la película y es imposible recuperarla. En nuestras cabezas Tenet sería, evidentemente, lo más grande. 

Luego está el universo paralelo, que es el nuestro, donde Tenet se ha estrenado y al final pues ni fu ni fa. Así en general está bien pero no nos ha cambiado la vida…

Pues vamos con las declaraciones de Jodorowsky sobre su obra: “Esta película cambiará la vida de las personas, será una experiencia espiritual totalmente fascinante, un Dios artístico”. 

Reunió a sus guerreros y se gastó tres millones en una preproducción que iba a desembocar en un rodaje epopéyico para finalmente culminar en una película de 12 horas de duración que funcionaría como un viaje de LSD donde, por supuesto, Jodorowsky había (en sus propias palabras) violado con amor la obra original de Frank Herbert. 

Finalmente no pudo ser y esta Dune solo existe en nuestra imaginación colectiva. Es la película más grande jamás hecha, pero solo en nuestras cabezas. 

 

¿Cómo sería el mundo si esta Dune existiera?

Alien, Star Wars, Flash Gordon, Terminator, En busca del arca perdida, Contact y el resto de películas que beben de este proyecto seguirán existiendo porque a nivel artístico sus hallazgos son intachables. 

Sin embargo, Jodorowsky se hubiera convertido en un lunático, un outsider expulsado de la industria porque nadie en su sano juicio iría al cine a ver 12 horas de viaje tántrico por mucho que nos guste la ciencia-ficción. Ojo, 12 horas o las que fueran según el propio director:

“Me dijeron que hiciera una película de una hora y media para los cines y les dije ‘No, ¿por qué el tiempo? Haré una película de 12 horas o 20 horas”.

Si la gente se salía del cine en las proyecciones de El árbol de la vida, con una película de 20 horas probablemente los cines hubieran sufrido para proyectarla. 

Por otro lado estaba el rato de Dalí o Mick Jagger interpretando, con muy poca experiencia delante de las cámaras, a dos personajes en una historia absolutamente enajenada y mesiánica. Pero ni para ellos ni para Pink Floyd, los elegidos para la banda sonora, hubiera cambiado nada, hubieran continuado siendo los mejores.

Las ideas de Jodorowsky eran revolucionarias, pero el origen del cine como entretenimiento de masas está muy lejos de sus conceptos artísticos, morales o filosóficos y hubiera sido muy difícil que sus ideas, por locas que fueran, hubieran germinado en una revolución para el lenguaje cinematográfico. 

El ego de Jodorowsky y su fanática adoración por el hombre (en la película no había apenas mujeres implicadas en ninguno de los departamentos importantes, ni artísticos, ni de diseño, ni dirección ni de interpretación) hubieran culminado en una obra bastante prescindible para el público, que en 1975 inaugurará el primer blockbuster de la historia con Tiburón. 

Porque al final es el público quién decide qué película es importante para la historia y qué película merece ser ignorada. Luego ya vendrían las revisiones y la conversión a cine de culto, pero ya sería demasiado tarde. 

Quizá lo mejor que le ha pasado a Jodorowsky es que su proyecto acabe en un excelente documental sobre la creación del arte cinematográfico, la idea megalómana de un director excéntrico y el castigo de una industria que nunca arriesga.

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Ya hemos podido ver un tráiler de la ambiciosa película de Denis Villeneuve, pero el principal antagonista estaba prácticamente ausente en él.

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