La trágica historia de los Doheny, la familia que inspiró ‘Pozos de ambición’

Los Doheny son una de las cinco grandes familias de Los Ángeles que Jean Stein retrata en 'Al oeste del Edén', que ha sido el libro del verano para la cinefilia.

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31 de agosto de 2020

Jean Stein tardó 20 años en recopilar todos los testimonios que componen Al oeste del Edén (Anagrama), un mosaico de voces que recorre la historia de Los Ángeles a través de cinco grandes familias y seis direcciones de mansiones situadas en Beverly Hills o Malibú, las casas de los más ricos.

Se trata de un apasionante recorrido que arranca con los Doheny, en el 905 de Loma Vista Drive, en Beverly Hills, y termina en 133O de Angelo Drive, donde creció la propia Stein, hija del fundador de la MCA.

Al poco de publicarse el libro, en 2017, Jean Stein decidió tirarse por la ventana de su piso en un rascacielos de Manhattan. Tenía 82 años, depresión, y posiblemente la sensación de que, después de este titánico esfuerzo, había cumplido con su misión en la Tierra.

En Los Ángeles con un plano

Entre las muchas voces convocadas, que van de Lauren Bacall a Joan Didion, pasando por Jack Warner Jr, Abraham Polonsky o Dennis Hopper, nos llama especialmente la atención la del escritor británico Richard Rayner, que en los 80 publicó la novela de culto En Los Ángeles sin un plano (también en Anagrama); dio para una película que aquí se tituló Colgados en Los Ángeles, dirigida por Mika Kaurimäki y estrenada en 1998.

Si la novela de Rayner, daba cuenta del desconcierto de un peatón extranjero, Al oeste del Edén es todo lo contrario, nos facilita el plano que nos ayuda a desentrañar el significado oculto de algunas de las mansiones que dominan la ciudad de Los Ángeles.

En las primeras páginas de esta fastuosa polifonía topográfica –un prodigio de literatura oral, con la misma estructura que Edie, la biografía de Edie Sedgwick firmada por Stein y George Plimpton–, Rayner define a Edward L. Doheny (1856-1935), el personaje que inspiró tanto al Daniel Plainview de Pozos de ambición (PTA, 2007) como al James Arnold Ross de ¡Petróleo!, de Upton Sinclair, como “el hombre que creó la industria petrolífera de Los Ángeles”, cuando la ciudad “producía el 20% del crudo mundial”.

Por su lado, Patrick Ned Doheny, guitarrista, cantautor y bisnieto del gran Doheny, puntualiza que, aunque “Daniel Day-Lewis está espléndido, extraordinario, y la película me gustó, lo que cuenta no tiene nada que ver con mi familia. Nada. En realidad, la historia de mi familia es mucho más interesante de lo que nadie puede llegar a inventar”.

 

Loma Vista Drive, 905, Beverly Hills

La dirección corresponde a Greystone, la mansión estilo Tudor revival que Doheny construyó para su único hijo, Edward Ned Doheny, cuando este se casó con Lucy Smith, cuyo padre había llevado el ferrocarril de Santa Fe a California.

Greystone, la mansión construida para el hijo de Edward L. Doheny. (C). Departamento of Special Collections, University of Southern California Librairies).

 

Actualmente es un parque público, y se ha utilizado para centenares de rodajes, empezando, por supuesto, por Pozos de ambición: los interiores de Greystone fueron los de la mansión de Plainview, incluida la bolera, que aparecen en el intenso final de la obra maestra de Paul Thomas Anderson. Por citar dos ejemplos más, Lynch rodó Cabeza borradora en los establos, y los Coen, los interiores de la mansión de Jeffrey Lebowski. Cuando no hay pandemia se puede visitar.

Según recuerdan Stein y Rayner, la historia de los Doheny y su mansión también dejó una huella profunda en la obra de Raymond Chandler. Greystone inspiró la mansión de los Sternwood en El sueño eterno y la de los Grayle en Adiós muñeca, donde la describe así a través de la mirada cínica de Philip Marlowe: “La casa no era gran cosa. Mucho más pequeña que el Palacio de Buckingham, algo gris para California y, probablemente, con menos ventanas que el Chrysler Building”.

Rayner subraya que Greystone aparece en toda la obra de Chandler, “desde distintos ángulos. La consideraba un paradigma de lo que para él era el corazón podrido del paraíso”. De ahí también la cita chandleriana “la ley vale lo que pagas por ella y está en el lugar en el que la compras”. Curiosamente, ninguna de las famosas adaptaciones de El sueño eterno o de Adiós muñeca se rodaron en Greystone.

 

Aquí va a haber sangre

¿Pero por qué Greystone, y lo que simbolizaba, obsesionaron tanto a Chandler, a Sinclair y a PTA? Además de ser la ostentosa manifestación arquitectónica de una de las mayores fortunas de la historia de EE UU, las alfombras de la mansión estaban manchadas de sangre. Hubo un crimen no aclarado, y encubierto de cara a la prensa y a la justicia.

Aunque antes de llegar a ese crimen irresoluto, la vida de Doheny padre también fue de película, como la de Plainview. Patrick Ned Doheny reconoce un gran momento de verdad en esa gloriosa introducción sin diálogos de Pozos de ambición en la que un inmenso Daniel Day-Lewis está básicamente solo en el fondo del pozo, escarbando en busca del oro negro.

Febrero 1916. Pozo nº 4 del Cerro Azul, México, el más grande del mundo en esa fecha (C) Archival Center, archidiócesis de Los Ángeles.

 

También admite la artimaña del drenaje, reveladora en la bolera de Pozos de ambición, como otro vínculo entre Plainview y su bisabuelo. Hay otros paralelismos, aunque son menos obvios.

A diferencia de Plainview, soltero empedernido, Doheny, ya convertido en un floreciente magnate que vivía en Chester Place –una de las primeras ‘comunidades cerradas’ de EE UU–, se casó, en segundas nupcias, con Estelle Betzold.

Junio 1915. Edward L. Doheny y Estelle, su segunda mujer.

 

Pero Carrie, su primera mujer, no se lo tomó bien: se suicidó de la peor manera posible, ingiriendo ácido sulfúrico (alaridos durante todo un día mientras se le deshacían las tripas). Ned, por entonces, no era más que un crío, pero se le quedó para siempre la mirada triste.

 

El imperio en peligro

Revolucionarios mexicanos rondaron la mansión de Chester Place con aviesas intenciones. Doheny había expandido su imperio por México, llegando a crear un ejército privado para protegerlo, y pudo estar detrás del asesinato de líderes políticos mexicanos que se abrieron camino con ideas tan locas como la de nacionalizar los recursos naturales del país.

El imperio petrolífero de Doheny no empezó a tambalearse hasta que salió a la luz pública un episodio precisamente protagonizado por su hijo, y el secretario y ayudante de este, Hugh Plunkett, a quienes había entregado un maletín repleto de dólares para sobornar al Secretario de Interior Albert Fall a fin de que el gobierno le cediera la explotación de una importante concesión petrolífera durante la Primera Guerra Mundial.

Doheny removió cielo y tierra para salvarse. Se gastó millones en una legión de abogados que se reunían, precisamente, en una bolera. Incluso llegó a pedirle a D.W. Griffith que le hiciera un biopic hagiográfico redentorio a medida, pero el director de El nacimiento de una nación no lo vio claro.

 

El crimen sin resolver

Ned Doheny y Hugh Plunkett fueron encontrados muertos, de sendos disparos, en una habitación de Greystone. La historia oficial dice que Plunkett se volvió loco y disparó contra Ned, antes de volarse la cabeza. La prensa avaló esta versión, y muy pronto se enterró el asunto, validando aquella frase de Chandler sobre la ley que vale lo que pagas por ella.

Hay múltiples teorías sobre el doble crimen. Está el hecho de que Plunkett tenía que prestar testimonio por el caso del maletín, y es posible que la familia pretendiera apartarlo, recluyéndolo en un sanatorio, como era usual en la época cuando alguien resultaba especialmente molesto. También hay quien sugiere una escena de celos homosexuales, ya que la amistad entre el rico heredero y su fiel secretario pudo ser de lo más estrecha.

El artista Kerry Tribe filmó, en las mismas habitaciones donde tuvo lugar el crimen, un mediometraje de 30 minutos titulado Greystone (2012), para el que utilizó los audios de varias películas rodadas en esa misma mansión. Tampoco olvidemos que la escena más violenta de Pozos de ambición, la de la bolera, tiene lugar en el mismo edificio.

Lo cierto es que la familia tardó horas en llamar a la policía, y que uno de los primeros detectives que se personaron en Greystone, Leslie White, publicó un libro autobiográfico (Me, Detective) en el que desmiente la teoría oficial. John Creel, pariente de Plunkett, apunta en Al oeste del Edén: “Cuando lees el libro no te queda la menor duda de que Ned Doheny mató a High Plunkett, el hermano de mi padrastro. Por ejemplo, el hecho de que Hugh tuviera un cigarrillo en la mano demuestra que no estaba haciendo nada violento en aquel momento”.

 

Relaciones paterno-filiales conflictivas

Si uno de los arcos dramáticos de Pozos de ambición es la compleja relación de Plainview con su hijo adoptivo, también Doheny utilizó a su hijo ya fallecido para tratar de zafarse de la acusación que llevó al desmoronamiento de su imperio. El pequeño Ned pasó también un tiempo apartado de la familia tras la muerte de su madre.

De una manera general, el hilo que une las historias de las cinco familias que componen Al oeste del Edén podría ser el de Hollywood devorando a sus hijos, como si Stein hubiese querido encontrar su propio reflejo en la casa de sus vecinos. Está el esplendor fundacional, el Sueño Americano, y luego las consecuencias del éxito que asume la descendencia.

En el libro aparece por ejemplo la desastrosa prole de Robert Walker y Jennifer Jones, quien abandonó al primero para casarse con el productor David O’ Selznick. Michael Walker, que aparece en la cinta de motoristas Hell’s Belles (con mítica BSO, mil veces pinchada, de Les Baxter) falleció de sobredosis de propofol después de una vida desesperada, mientras que Mary Jennifer Selznick, hija de Jennifer y David, se tiró del piso nº20 de un hotel de L.A.

Más elocuente si cabe es la historia de Jane Garland, que nada tiene que ver con Judy, aunque es todavía más desgraciada. Apareció a los ocho años en Una dama en apuros (1942), sólo porque el director Gregory LaCava fue una de las numerosas parejas de su glamourosa madre, que acabaría manteniendo a su hija vigilada por una legión de enfermeros aficionados en su casa de Malibú.

La pobre era esquizofrénica, posiblemente a raíz de no pocos traumáticos acontecimientos, como su paso por una secta de lesbianas enloquecidas. La casa, de estilo español, estaba en el 22368 de la Pacific Coast Highway, donde más adelante se instaló Jennifer Jones.

Todas las casas tienen un pasado que nos observa, como la mansión de los Warner que David Geffen se quedó por 47 millones de dólares, o la de los Stein, que acabó en manos de Rupert Murdoch, que dejó colgadas las fiestas hollywoodienses de los antiguos propietarios, como si también aquel antiguo esplendor le perteneciera.

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