¿Desgrava producir una película?

ACTUALIZADO 1-VI: La desgravación del 18% para la producción de cine ha sido prorrogada por el Gobierno. Si quieres conocer el mecanismo vigente, nuestros expertos lo explican aquí. Por YAGO GARCÍA

27 de junio de 2011

[ACTUALIZADO 1-VI: Finalmente, el Gobierno ha prorrogado hoy la norma que permite la desgravación fiscal del 18% a la producción de cine, así como la producción de películas a través del sistema AIE (Agrupación de Intereses Económicos), aunque sin dar una fecha exacta para el fin de esta extensión o anunciar si esta es indefinida. Si quieres invertir en celuloide, tienes un año más para sacar una desgravación…]

Las calculadoras echan humo y el programa PADRE está más activo que Skynet. Como todos los años por estas fechas, la campaña del Impuesto sobre la Renta está a punto de terminar. Y, dependiendo del ‘palo’ (o la devolución) que cada uno haya recibido de la Agencia Tributaria, es el momento de pensar en inversiones que permitan el objetivo soñado por todo contribuyente: la desgravación fiscal. Las productoras del cine español no son una excepción, y llevan ya varios meses ultimando sus declaraciones.

¿Cuál es el régimen fiscal del cine en España? ¿Fríe el estado a impuestos a nuestros profesionales del celuloide? ¿Es una buena maniobra para un cinemaníaco medio invertir en el mundo del cine? Los expertos de CINEMANÍA responden.

Para empezar, tengamos claro que el régimen fiscal del cine no es tan distinto al de cualquier otra actividad industrial. “A ojos del Fisco, una productora es igual que una fábrica de coches”, nos comenta el presidente de la federación de productores FAPAE, Pedro Pérez. Es decir, que una hipotética empresa peliculera está sometida tanto a muchas cargas fiscales (el Impuesto de Actividades Económicas -IAE-, o el IVA) y no sólo al Impuesto de Sociedades que grava a las empresas. Aún así, la vigente Ley del Cine contempla actualmente una pequeña exención: un incentivo de hasta el 18% sobre los costes de producción de una película, que puede resultar (si ésta ha tenido beneficios y la declaración de turno sale positiva) en una desgravación. Sin embargo, la Ley del Cine también contempla la desaparición de esta ventaja fiscal el 31 de diciembre de 2011. 

“El porcentaje establecido en el sistema actual no es gran cosa”, reconoce la abogada de FAPAE Mabel Klimt, “pero tiene sus ventajas”. Sobre todo, indica, que tratándose de un negocio de riesgo como el cine, “cuanto más dinero inviertas, más podrás recuperar”. En previsión para grandes inversiones, nos recuerda Klimt, existe la posibilidad de que crear una Agrupación de intereses económicos -AIE-, “una forma de sociedad que se suele usar en la construcción de barcos”, y que permite captar inversores particulares. De esta manera, se incrementa el caudal invertido, y la hipotética desgravación, también.

Sin embargo, tanto Mabel Klimt como José Luis Melchor, director financiero de Alta Films,  nos recuerdan que las AIE conllevan grandes cantidades de papeleo. “Lo peor de invertir en una agrupación de intereses es la burocracia”, indica este último. Otras fuentes, por su parte, apuntan a que “el cine es un negocio puñetero, y los bancos no lo entienden”: en otras palabras, que, si vas a un banco pidiendo un crédito millonario para sacar adelante tu peli a través de una AIE, es probable que acabes empantanado en un mar de tasaciones y avales. Por su parte, el productor Pancho Casal tiene una visión muy poco positiva de este sistema: “El sistema es muy complejo, tiene poca seguridad jurídica y conlleva unos costes de gestión que hace poco rentable la desgravación del 18 por ciento”, nos explica el responsable de Continental Producciones, quien lleva desde enero preparando la liquidación del Impuesto de Sociedades en su empresa.

Aún así, un particular que no desee empeñar hasta la camisa en una película tiene otra forma de sumarse a una producción: como coproductor financiero. Esta figura, reconocida en la ley de 2007, permite aportar entre el 10 y el 25 por ciento de los costes de producción, beneficiándose a su vez de una desgravación proporcionalmente reducida, de hasta un 5 por ciento. ¿Dónde está el truco? Pues, nos explica José Luis Melchor, que en el farragoso sistema de las AIE es posible alcanzar el soñado 18% de desgravación se aporte lo que se aporte, aunque –señala- “el productor sigue llevándose el porcentaje más alto”.

Por otra parte, si en los planes del hipotético inversor no está hacer un Lope, sino una película tirando a indie, Mabel Klimt recomienda prescindir de las altas finanzas: “lo mejor, en caso de presupuestos bajos, es buscar una subvención”. Las cuales, según nos explica Pancho Casal, pueden dar lugar a otro tipo de ventaja fiscal: las devoluciones del IVA: “En muchas producciones donde las subvenciones son parte importante de la financiación, es muy probable que surjan IVAs soportados superiores a los repercutidos, con lo que habría que solicitar devolución”.

Sin embargo, como ya hemos dicho, este régimen de desgravaciones se acabará en breve. ¿Cuáles serán sus consecuencias? Según Mabel Klimt, serán muy malas: “Estamos hablando de una reducción de incentivos, así que empezará a ser difícil encontrar inversores privados para el cine”, apunta la abogada de FAPAE. Algo más problemático aún si tenemos en cuenta que el presente régimen de desgravaciones fue concebido para atraer el capital particular: “Las cadenas de televisión invierten menos, las subvenciones disminuyen, internet es aún un medio incipiente, y producir es cada vez más complejo”.

Pancho Casal, quien -recordemos- nos explicó a dónde va el dinero que pagamos por nuestras entradas, no se muestra muy preocupado por el fin de esta desgravación. Para empezar, porque el Impuesto de Sociedades no es su mayor carga, sino el IRPF y la Seguridad Social de los trabajadores de su productora (“Representa más del 50% de nuestros costes de personal”, apunta). Y, para seguir, porque no lo considera eficaz: “Dado que su aplicación ha sido mínima, el perjuicio también lo sería”. Partidario del uso de los fondos de inversión en el cine “y, por qué no, de un cierto mecenazgo, como un crowfunding financiero”, Casal considera que el régimen de desgravaciones ha sido “un auténtico fiasco”, y confía en que sea redefinido totalmente en el futuro.

Aún así, ¿sigue mereciendo la pena el cine como negocio, a efectos fiscales? Según apunta una de nuestras fuentes, para meterse en esto “hay que estar loco”. “Una película cuesta 3 millones de euros como mínimo, la mitad que un edificio en el Paseo de la Castellana de Madrid”, explica José Luis Melchor, así que hay que ir con mucho cuidado, o bien creer sobradamente en lo que se hace. Más a lo práctico, Pancho Casal apunta a otro requisito imprescindible: “Una contabilidad eficaz e intachable, aunque parezca de Perogrullo”.