¿Podrá Peter Jackson volver a la Tierra Media?

ian McKellen dice que es posible, el director tiene sus dudas y el hijo de Tolkien dice "ni hablar". ¿Podríamos tener más películas con elfos y dragones después de 'El Hobbit'?

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07 de diciembre de 2014

Los fans de El Señor de los anillos, y de las novelas de J. R. R. Tolkien en general, están a punto de despedirse de la Tierra Media en el cine: cuando El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos llegue a las salas el 17 de diciembre, será el final de un viaje que comenzó en 2001, y cuyos méritos son indiscutibles. Llevando al celuloide las aventuras de Frodo, Aragorn y compañía, Peter Jackson demostró el talento suficiente, no ya para filmar una obra considerada inadaptable por su extensión y su complejidad, sino también para redefinir el cine de aventuras moderno. Y, pese a que la conversión de El Hobbit en trilogía le ha granjeado algunos reproches, el neozelandés se las ha apañado para extraer un serial de una obra relativamente breve sin que sus materiales se vengan abajo en el proceso, lo cual no es moco de pavo. Ahora, parece ser, ha llegado el momento de mirar atrás como Sam Gamyi en la última escena de El retorno del rey, dar las gracias por los buenos ratos y buscar otros horizontes. ¿O no? Pues, si nos atenemos a las palabras de Ian McKellen, podría ser que no: en declaraciones a la BBC publicadas el martes, tras la premiere de La batalla de los cinco ejércitos, el veteranísimo intérprete de Gandalf apuntó la posiblidad de que se rodaran nuevas películas ambientadas en los mundos de Tolkien tras el fin de El Hobbit. “En 2001 [tras el rodaje de la trilogía original] Peter me dijo que aquello era el final, y que habíamos terminado”, comentó McKellen. “Y aquí estamos, trece años después. Así que no creo que esto sea necesariamente el final del viaje”. Las palabras del actor se ganaron titulares, y también despertaron preguntas. Por ejemplo: en el caso (y sólo en el caso) de que Jackson quisiera seguir llevando trabajos tolkienianos a la pantalla, ¿de qué material podría partir? Recordemos que el escritor inglés apenas publicó obras en vida, y que El Hobbit El Señor de los anillos fueron las únicas obras de su ciclo mitológico que aparecieron cuando él estaba en vida. La respuesta, como ya ha reconocido el propio Jackson, se halla en la obra póstuma más importante de Tolkien: El Silmarillion. Publicado en 1977, cuatro años después de la muerte de su autor, este libro recoge aquellos trabajos sobre la mitología y la historia de la Tierra Media sobre los cuales Tolkien cimentó su cosmos privado. Abandonadas, retomadas y retocadas a lo largo de décadas, las historias comprendidas en el volumen resultan mucho menos vivaces que las de El Señor de los anillos: las influencias manejadas por el autor, como la poesía anglosajona antigua o los mitos celtas y finlandeses, aparecen de forma mucho más evidente y sin toques de humor que les aporten ligereza. Aun así, estamos seguros de que las guionistas Fran Wash Philippa Boyens, sempiternas colaboradoras de Jackson, podrían sacarle mucho partido a historias como la de Fëanor, el héroe orfebre que creó las joyas Silmarils, empujando así a los elfos a una cruenta guerra civil. Y tampoco nos desagradaría la idea de un filme sobre el romance entre el humano Beren y la princesa élfica Luthien: con este relato, inspirado por sus sentimientos hacia su esposa Edith, Tolkien creó una historia de amor y pérdida tan peculiar como emotiva y convincente. Antes de que nadie eche las campanas al vuelo, cabe tener clara una cosa: Peter Jackson no tiene claro que se puedan rodar más películas sobre la Tierra Media. ¿Por qué? Pues por qué va a ser: por el copyright. Según ha explicado el propio cineasta, El Señor de los anillos El Hobbit pudieron rodarse “porque Tolkien vendió sus derechos para el cine en los 60”. Con respecto a sus otras obras, prosigue Jackson la situación es mucho más espinosa. “Los derechos [de El Silmarillion] le pertenecen a la familia de Tolkien, y sus herederos no tienen ninguna intención de permitir adaptaciones al cine”. Aquí, “los herederos” es una forma sutil de referirse a Christopher Tolkien, hijo y albacea literario del autor, cuya opinión sobre las películas de Jackson es tirando a nefasta. Lo bastante, de hecho, como para acusar al cineasta de haber “destripado [El Señor de los anillos], convirtíendolo en una película de acción para críos de 15 a 25 años” en una entrevista publicada en 2012 por el diario Le Monde. Así mismo, Christopher Tolkien deploraba el hecho de que el trabajo de su padre había sido “devorado por su propia popularidad”, así como que las películas “reducen a la nada su importancia estética y filosófica”. Si bien Christopher Tolkien tiene todo el derecho a deplorar los filmes de Peter Jackson, conviene saber que, en el momento en el que expresó sus quejas, acababa de abandonar una querella contra las productoras Warner Bros. New Line por impago de royalties. Y también es bueno estar al tanto de que, entre la vieja guardia de lectores tolkienianos, el ‘joven’ Tolkien tampoco es un personaje demasiado apreciado. Sin ir más lejos, cuando apareció El Silmarillion algunos críticos y fans señalaron al libro como un cuestionable refrito elaborado por Christopher y el escritor Guy Gabriel Kay a partir de materiales que, o bien no estaban destinados para su publicación, o bien estaban demasiado ‘verdes’ para llegar a la imprenta cuando el profesor Tolkien dejó este mundo. Si bien la visión de la crítica literaria establecida hacia la obra tolkieniana siempre ha sido tormentosa, estas acusaciones no han hecho sino crecer con la publicación de otros textos como los Cuentos inconclusos Los hijos de Hurin. Y, aunque no hubiéramos de tener presente este problema, siempre estaría la cuestión del tono: si Jackson decidiese saltar de El Señor… (y no digamos ya de El Hobbit) a la ampulosidad épica de El Silmarillion, sería como si, después de rodar Indiana Jones y la última cruzada, Steven Spielberg hubiese decidido embarcarse en una adaptación de los poemas artúricos sobre la búsqueda del Santo Grial. Tal vez el resultado hubiera sido hermoso, pero está claro que hubiera tenido mucho menos encanto. Tal vez Christopher Tolkien acabe dando su brazo a torcer: de la misma manera en la que no ha dudado en editar libros con textos fragmentarios, alterados y refundidos hasta no sabemos qué punto, podría acabar cediendo ante un cheque con muchos ceros y dando luz verde para una película basada en El Silmarillion. La duda está en si esto es algo, no ya necesario, sino deseable. En su correspondencia privada, hablando sobre la creación de El Señor de los anillos, Tolkien expresó su placer al dejar ocultos o insinuados algunos factores clave del relato “como quien señala una montaña en la lejanía”, eludiendo esa tendencia a explicarlo todo tan propia de su detestada modernidad. Así las cosas, y contando con que ésto podría no ocurrir nunca, sólo cabe confiar en el juicio de Peter Jakcson, quien además de un cineasta con talento es un lector y un fan de la obra tolkieniana. Y, si esto llegase a ocurrir, podemos rogarle al neozelandés que se lo piense dos veces antes de planear una nueva trilogía.

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