Dan Stevens (‘Eurovisión’), el actor que lo hace todo (bien)

Marido de Lady Mary en 'Downton Abbey', mutante paranoico en 'Legión' y Bestia para Disney, reivindicamos al camaleónico actor que ahora canta por Rusia en Eurovisión.

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26 de junio de 2020

Dan Stevens (Craydon, 1982) insiste en que su rebeldía incontenible durante la infancia y la adolescencia no tuvo nada que ver con que fuera adoptado a los siete años por una pareja de profesores. “Yo soy uno de esos casos que salió bien”, aseguraba hace unos años en una entrevista para Daily Mail, refiriéndose al sistema de adopción.

“Pero sí, en primaria me portaba fatal”, recordaba: “Siempre me metía en líos, los provocaba. Cuando fui a Tonbridge [un prestigioso colegio donde consiguió una beca por sus sobresalientes notas], seguí el mismo camino. No me gustaba la escuela, no encajaba ni quería encajar con nadie, y si podía rebelarme de alguna forma, lo hacía”. 

Lo salvaron sus altas calificaciones y un talento precoz para la actuación, que comenzó a mostrar cuando solo era un niño e imitaba personajes de la TV. Quería ser todo eso que veía en pantalla: abogado, periodista, carpintero, detective… Hasta que se dio cuenta de que esos profesionales eran en realidad actores.

Ese “juego de niños” se convirtió en su tabla de salvación en Tonbridge, donde, a los 13 años, se hizo con el papel protagonista en Macbeth. “Me hizo muy poco popular entre mis compañeros, pero mi profesora de Inglés y Teatro salió en mi defensa cuando otros me querían fuera del instituto. Les debo todo a ella y a mis padres”.

Lejos queda ese joven indomable y autodestructivo en el Dan de ahora, el padre que se deshace en elogios hacia su mujer e hijos en cada entrevista, actor que se muestra sonriente y cercano con la prensa, el hombre cuya palabra favorita es ‘palimpsest’ (‘palimpsesto’ en castellano). Sin embargo, hay algo que se mantiene. “La indecisión”, asegura el británico.

Dan Stevens se considera indeciso. Y, sin embargo, si uno echa un vistazo a su ficha en IMDb pronto se da cuenta de que tiene buen ojo para localizar personajes complejos a la vez que carismáticos. Prueba de ellos es el cantante ruso con el que compite y conquista a partes iguales en Festival de la canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga (Eurovisión para los amigos), la comedia musical protagonizada por Will Ferrell y Rachel McAdams en la que Stevens acapara todos los fotos (y todo el vestuario brilli-brilli).

Aprovechamos el estreno de la película de Netflix para reivindicar la carrera de uno de los actores más arriesgados y sorprendentes de su generación.

 

Sobre las tablas

Stevens aún recuerda su primera obra escolar: “Era el chico de la limpieza que aparecía al final. Se suponía que tenía que ayudarme a desahogar mi mal carácter y me encantó de inmediato”.

Como buen intérprete británico, debutó en una obra de teatro de Shakespeare (esa Macbeth que lo enderezó en el instituto) y no tardó en ser aceptado en el respetado National Youth Theatre de Reino Unido. Sin embargo, al cumplir la mayoría de edad, cambió la escuela de teatro por la universidad en Cambridge para estudiar Literatura Inglesa, carrera que compaginó con la actuación.

Allí hizo sus primeros pinitos en la comedia con la compañía teatral Footlights. “Era bueno actuando y malo haciendo comedia, pero eso no me desanimó. Seguí intentándolo”. Entre sus compañeros y maestros estaban Simon Bird, Joe Thomas, Tim Key o Mark Watson. No abandonó el drama y protagonizó una vez más Macbeth con la compañía de Peter Hall junto a su hija, una aún desconocida Rebecca Hall.

Entre sus logros sobre las tablas esos años, cabe destacar su nominación a los premios Ian Charleson por dar vida a Orlando en la también shakesperiana Como gustéis [Foto], en la que volvía a coincidir con su amiga Rebecca Hall, futura madrina de su hija Willow, y que lo llevó de tour por EE UU

 

De repente, la televisión

Stevens se estrenó en pantalla durante su época universitaria. Lo hizo con una miniserie llamada Frankenstein (2004), que rodó un verano en Eslovaquia junto a Donald Sutherland y William Hurt. De esa experiencia, recuerda que “no tuve mucha relación con Donald, solo me acuerdo de que era físicamente enorme”.

El actor le cogió el gusto a eso de verse en pantalla y pronto empezó a compaginar obras de teatro con series británicas. Un Dan veiteañero iría haciéndose un hueco en la televisión británica con proyectos como la aclamada miniserie de la BBC La línea de la belleza (2006) [foto], en la que daba vida al protagonista, Nick Guest, un joven homosexual en el Reino Unido de los 80, el de Margaret Thatcher y la propagación del Sida. Lo acompañaba Hayley Atwell.

El actor volvería a la TV en Bram Stoker: Drácula (2006), Miss Marple: Némesis (2007) o en el telefilme Maxwell (2007). En 2008 llegaría la serie para BBC1 Sentido y sensibilidad, basada en la obra de Jane Austen, en la que Stevens se metía en la piel de Edward Ferrars y volvía a coincidir con el guionista Andrew Davies tras La línea de la belleza.

Stevens también se atrevió con varias radionovelas para BBC: The Tennis Court, Dickens Confidential (sobre qué hubiera pasado si Charles Dickens hubiera continuado con su carrera como periodista), Orley Farm o The Lady of the Camellias, entre otras.

En teatro, los títulos se sucedían: Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespare; Los romanos en Gran Bretaña, por Howard Brenton; La fiebre del heno, de Noel Coward y con Judi Dench… Dench es una de las actrices que mayor impacto ha tenido en él. “No tiene ego ni se toma en serio a sí misma, le encanta trabajar con nuevos actores y te anima todo el rato, como Maggie Smith. Haciendo con ella La fiebre del heno, me dijo: ‘Como actor, hagas lo que hagas debes seguir regresando al teatro’. Otra día, me aconsejó: ‘Siempre recuerda que los actores no somos adultos reales”.

 

Había una vez, en una abadía británica…

Hay un proyecto que supone un punto de inflexión en la carrera de la mayoría de actores (con suerte, varios). Stevens había hecho papeles aclamados en teatro y televisión cuando entró en aquella mansión de la campiña inglesa que le cambiaría la vida. Sería ahí, con el traje de Matthew Crawley, donde su carrera se dispararía.

Para el actor, Downton Abbey fue una escuela, una experiencia de la que asegura sentirse “realmente orgulloso”. “Me gustaba su carácter subversivo”, ha asegurado en numerosas entrevistas, “cómo no era la típica adaptación de una novela del siglo XIX, sino un drama de época escrito en tiempos modernos, que permite explorar temas como, por ejemplo, el affaire de Lady Mary (Michelle Dockery)”.

Esta ficción, cantera de estrellas británicas (así como pasarela de los mejores actores veteranos) donde las haya, ha abierto puertas por todo el mundo no solo a Stevens, sino a todo su elenco. Sin embargo, todo gran éxito tiene su parte negativa, y es la de que a menudo te encasillen en un determinado tipo de personaje.

Por eso, nada más salir de la ficción, Stevens ya advirtió: “Ahora soy rebelde contra mi propia carrera. Mi siguiente papel será totalmente diferente a lo que la gente espera que haga. No sé qué, pero debéis esperar lo inesperado”.

 

Se oye una canción

Tenía que pasar: Dan Stevens y su inmenso talento tenían que hacer las maletas y cruzar el charco para crecer entre las colinas de Hollywood. Primero llegó Vamps (2012), una película de vampiros con Alicia Silverstone (“No tenía un tráiler enorme ni nadie sabía quién era, aunque eran todos muy amables”). Más tarde, The Guest (2014), su primer papel protagonista en EE UU con el que nos enseñó a no fiarnos de él en la piel del misterioso David.

Filmes en los que mayoritariamente tenía un rol secundario se sucedieron confirmando eso de que el actor rehuía el encasillamiento por encima de todo: para prueba, la secuela Noche en el museo: El secreto del faraón; Colossal, de Nacho Vigalondo; Criminal Ativities, con John Travolta; Marshall, con Chadwick Boseman; o Una relación abierta, con su inseparable Rebeca Hall.

En algún momento entre esos días en los que pasaba de lidiar con monstruos gigantescos a compartir cama con mujeres que no son tu esposa, Disney llamó a su puerta para ofrecerle su papel más comercial en la última década: la de Bestia en La bella y la bestia en acción real.

Toda la expresividad posible en el rostro y el andar del personaje más monstruoso de la realeza animada de la casa del ratón se la debemos al actor, pasado por licra, zancos CGI y prótesis faciales. A la hora de entonar la icónica banda sonora de este clásico, tuvo la inestimable ayuda de su mujer Susie Hariet, cantante de jazz y profesora de canto sudafricana.

“La mayor responsabilidad la sentí con mi ‘yo’ de pequeño, al que le encantaban los cuentos de hadas y la película animada. Y luego con mis hijos. Preferí no pensar en el resto de niños”.

 

Paranoia mutante

En los últimos años, Stevens se ha convertido en uno de los actores más polifacéticos y camaleónicos de la industria gracias a sus papeles en gran pantalla: Lucy in the Sky, la reciente La llamada de lo salvaje o sobre todo esa El apóstol, en la que daba vida a un hombre que se infiltra en una secta de siniestros cultos religiosos para rescatar a su hermana. Terror pagano con Gareth Evans.

Sin embargo, ha sido en la televisión donde nos ha regalado su mejor actuación y, de paso, nos ha reconciliado con los mutantes en pantalla. Hablamos de esa Legión de Noah Hawley (Fargo) tan adictiva como surrealista y sobresaliente en todos los aspectos.

Tuve que llegar David Haller, el hijo esquizofrénico de Charles Xavier, para traer consigo inventiva y riesgo no solo al universo de los X-Men, sino también a la pequeña pantalla, gracias a su trama imprevisible, sus incatalogables personajes, su reparto en estado de gracia (Stevens, Rachel Keller Aubrey Plaza) y esa puesta en escena rompedora.

En una entrevista a Collider, el actor se refería así a la serie tras finalizar con la tercera temporada: “Estoy súper orgulloso de haber sido parte de algo tan único y extraño, con este héroe/antihéroe. El hecho de que hayamos podido contar esta historia durante tres entregas es el mayor logro. Era el arco que había pensado Noah, una historia con un principio, un nudo y un desenlace”.

Temporada 1, episodio 1, y ya esto. Qué grata sorpresa:

 

Tócala otra vez, Alexander

¿Qué decir de Alexander Lemtov, el personaje que nos trae al Stevens más histriónico, excéntrico y descacharrante? Que es el representante ruso de Eurovisión, la ‘gran sensación’ hecha hombre. También que tiene el ego como un piano, que puede no albergar las mejores intenciones y que le gustan bailar descamisado tanto como las prendas brillantes y el pelo cardado.

También que te va a conquistar en la comedia protagonizada por Will Ferrell y Rachel McAdams, que acaba de llegar a Netflix. Sin desmerecer la melena y el acento islandés de Ferrell, Alexander tiene estatuas inspiradas en él en una mansión que recorrerán los cameos más esperados.

“Siempre hay un número que es muy sexual, erótico. No es solo una canción de amor, es una canción sexual. ¡Vamos a unir Europa con esta canción sexual! Pasa cada año y es importante que esté en la película”, nos ha contado el actor sobre el carácter erótico-festivo que también tiene el certamen y que en el filme representa su personaje.

A continuación, puedes ver la entrevista al completo:

A continuación, puedes ver el tráiler de Eurovisión: 

Eurovisión se estrena el 26 de junio en Netflix. 

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