Dan Brown: “El código Da Vinci’ se me ocurrió en Sevilla”

Entrevistamos en Florencia al escritor americano durante el rodaje de 'Inferno', su nueva aventura cinematográfica con Ron Howard y Tom Hanks

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10 de octubre de 2016

“Motore!!!”. Una voz se alza entre el barullo del rodaje de Inferno, a los pies del Palazzo Pitti, en Florencia, donde Tom Hanks y Felicity Jones protagonizan la nueva entrega de la saga millonaria que inició hace 10 años El código Da Vinci. Son las tres de la tarde y el sol de principios de mayo (de 2015) atiza como si fuese verano en Madrid. Haciendo caso omiso, los actores suben y bajan unas escaleras de los jardines de Boboli huyendo de quién sabe qué enigmático peligro. ¿O  tal vez es de las hordas de turistas que invaden Florencia?
“Por aquí debería de haber una puerta que conduce al Palazzo Vecchio”, dice Tom Hanks entre jadeos. Escuchamos al protagonista de la saga gracias a unos auriculares que nos ha prestado un técnico de sonido y vemos la escena a través de un monitor. Estamos tan lejos del lugar en el que sucede el rodaje que parece que, en vez de un par de estrellas de Hollywood, al otro lado de la barrera para prensa lo que hay es un volcán peligroso cuya lava puede carbonizarnos los pies. Una distancia física que, por otra parte, da una idea clara de las dimensiones de esta producción de Hollywood con un presupuesto avalado por los más de mil millones que, a pesar de los desaires de la crítica, recaudaron El código Da Vinci y Ángeles y demonios. No se quedan atrás los 200 millones de ejemplares vendidos de la saga, incluidos los de Inferno, la cuarta novela protagonizada por Robert Langdon cuyo lanzamiento internacional pasó por encerrar a 11 traductores de todo el mundo en un búnker secreto de Milán.
“Cut!”, se oye a lo lejos, una voz que, suponemos, pertenece a Ron Howard, director y productor de esta y las cintas anteriores. Durante los siguientes 20 minutos la escena se repite en bucle dentro del monitor. Los periodistas la miramos absortos, aislados del mundo real por los enormes cascos que nos han puesto sobre la cabeza. De pronto, una voz mullida nos saca del ensueño: “¿Qué os parece?”. La pregunta viene de un hombre algo pelirrojo, con americana clara, gafas de sol naranjas y aspecto de acabar de llegar de su casa en los Hamptons con jardín de arena de playa. Tendrá unos 50 años, las manos entrelazadas detrás de la espalda y un destello en la forma de mirarnos que podría significar desde ociosidad hasta ilusión genuina por estar allí. Es Dan Brown, el ex cantautor y profesor de español reconvertido en escritor superventas tras encontrar el Santo Grial –¡Jesucristo tuvo hijos con María Magdalena!– que le hizo el milagro de los panes y los peces a su particular economía familiar.

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¿Cuándo viste Florencia como un lugar sobre el que escribir y cuándo empezaste con Inferno?

La primera vez que estuve aquí fue a finales de los 70, principios de los 80, cuando estudiaba la carrera. Conocía Roma y Venecia, pero lo que me sorprendió de Florencia fue su densidad de obras de arte. Es decir, ves una obra de arte, caminas cinco pasos y te encuentras otra. Es un escenario increíble. Luego, me interesé por la historia de Florencia como el corazón del Renacimiento. Pero no fue hasta que vine hace cinco años que descubrí que era un sitio perfecto para Langdon, lleno de pasadizos secretos y esas cosas que le entusiasman a él. Había querido escribir sobre Dante desde hacía mucho tiempo, lo había leído en el instituto y en la universidad. Y no puedes escribir sobre Dante sin escribir sobre Florencia.

¿Por dónde empiezas cuando arrancas con una nueva novela?

El personaje que necesitas para arrancar la historia es el villano. En este caso, es el personaje que fuerza a Langdon a actuar. En Inferno, como partíamos de un mundo tan antiguo como el de Dante, necesitaba algo nuevo, algo del mundo moderno. Hace tiempo que me preocupa la superpoblación y decidí que el villano podría ver a Dante, no como historia, sino como profecía.

¿Cómo te documentas cuando vas a escribir una novela?

Soy un poco desorganizado. Leo muchísimo, pego post-its y escribo notas. El trabajo se parece mucho a montar un puzle. Si lo haces, tienes que descubrir qué piezas quieres usar. Puede que empieces con 200 piezas y que cuando las intentes juntar te quedes con 50. Esto no es una exageración, de cada página que lees en cada una de mis novelas, he escrito 10 que he tenido que tirar. Podían ser buenas y divertidas, pero no servían al desarrollo de la historia. Es un proceso de destilación.

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En la película también van a cambiar algunas cosas. ¿Es difícil como autor del texto original asistir a esa transformación?

Claro. El proceso de adaptación cinematográfica de una novela siempre es difícil para el autor. Tú escribes una novela larguísima y es evidente que la película la tiene que comprimir. Mucho tiene que desaparecer. Pero soy afortunado porque estoy trabajando con algunos de los mejores cineastas de la industria y confío mucho en sus decisiones. David Koepp [guionista de Parque Jurásico, Spider-Man] ha hecho un trabajo fantástico, ha conseguido preservar el espíritu de la historia logrando también un buen producto de entretenimiento. Ya con la primera página de guión que leí supe que Koepp iba a hacer un buen trabajo. Empezó con esta idea. Si tuvieses que matar a la mitad de la población para salvar a la Humanidad, ¿lo harías? Es una pregunta que todos nos hemos hecho. Yo no sé la respuesta, es difícil.

El libro es muy riguroso en los detalles históricos, geográficos, etc. ¿Eso te encadena de alguna manera a la hora de escribir?

Es un arma de doble filo. Porque a veces tropiezas con un hecho y dices: “¿de verdad? ¡Esto es fantástico!”. Eso va a cambiar el argumento de la novela, así que de alguna manera, te encadena, pero por otro lado sirve de combustible de la misma. Había escrito una escaleta del libro antes de volver a Florencia por tercera vez. Había estado en el Baptisterio antes pero no fue hasta esta tercera visita que pensé que podía usarlo en la trama. Acababa de releer Infierno, de Dante, así que tenía muy fresca en la memoria la imagen de este demonio de tres cabezas. Cuando llegamos al baptisterio, fue lo primero que vi en el techo. Así que me pregunté, ¿qué fue antes? ¿la historia o la imagen? Pregunté a nuestra guía y me dijo: “No, no, Dante fue bautizado aquí y vino cuando era niño muchas veces a esta iglesia, lo vio, le asustó y lo incluyó en su libro”. Así que yo metí el baptisterio en la novela, una escena que, por cierto, se rodó justo hace dos días.

¿Qué aporta el hecho de que rodéis en las localizaciones reales?

Muchísimas cosas. Por ejemplo, para los actores es muchísimo más emocionante que ponerse delante de un croma verde. Imagino que, también, será más fácil para ellos meterse en los personajes.

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¿Cómo decides cuando parar de contar la verdad y empezar con la ficción? 

Lo que intento hacer siempre es coger personajes imaginarios y colocarlos en un escenario real. Un escenario de historia, arte  y arquitectura. Eso es lo real, y lo que no es real, son los personajes, los argumentos, la ética y la moral de estos personajes. Mucha gente se me acerca y me dice: “Has dicho que la mitad de la población debería morir”. Y yo contesto: “No, un personaje que yo he creado lo ha dicho, pero no he sido yo”.

¿Por qué decidiste prescindir de la escena del libro en la Galería de los Uffizi?

Tenía un borrador en el que sí que aparecía pero me pareció demasiado. Necesitaba que la trama avanzase, pero no puedes hacer que tus personajes paseen por la galería de los Uffizi sin hablar de ella. Fue una licencia artística que se saltasen la galería porque ayudaba a que la historia avanzase sin cambiar la esencia de la misma.

Estudiaste Historia del arte en Sevilla. ¿Fue inspirador para tu carrera de escritor?

Sí, pasé dos años en la universidad de Sevilla [dice en español]. Y me inspiró muchísimo. De hecho, ¿sabes una cosa graciosa? Fue allí donde nuestro profesor de historia del arte nos explicó La última cena, de Leonardo Da Vinci, y señaló que el hombre que estaba al lado de Jesús parecía una mujer. Fue él el que me contó que había toda una conspiración alrededor de este tema, así que de alguna manera El código Da Vinci se me ocurrió allí. Eso quedó por algún lado de mi cabeza y años después decidí escribir el libro.

¿Sigues con tus horarios extraños para escribir?

Sí, sigo levantándome todos los días a las cuatro de la mañana para escribir. ¿Parezco cansado? Me he despertado a esa hora hoy. Cuando estoy en casa, hago ejercicio antes de escribir. Creo que es difícil escribir escenas emocionantes cuando tu presión sanguínea es cero. Tu propio corazón tiene que estar bombeando. Aparte de que es una cuestión de supervivencia. Si vas a pasarte la vida delante de un ordenador.

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Es la tercera historia de Robert Langdon que se lleva a la gran pantalla. ¿Cómo te hace sentir eso?

Es emocionante. Siempre es surrealista crear personajes en tu cabeza y después verlos en la vida real y pronunciando frases que te has inventado tú. Es muy divertido, pero tienes que ser capaz, como escritor, de decir: “Es un medio diferente, está bien si no es exacta. Este es la historia de Ron Howard”. Cuando han cambiado algo de mi libro he entendido perfectamente que lo hiciesen.

¿Tienes ya un próximo escenario en el que escribir? Me imagino que te llegarán muchas propuestas.

Efectivamente. Acabo de volver de un book tour y en cada destino había un representante de la oficina de turismo.

¿Tienes mano para el cast?

No. Y aunque la tuviese creo que no me metería. Ron Howard es un cineasta brillante y me encanta el cast que ha reunido. A Ron le encanta formar casts internacionales, y aquí tenemos a los mejores actores de cada país. Creo que a los fans de la novela les va a encantar ver a estos actores juntos. Sidse Babett Knudsen, no he visto Borgen pero tengo muchas ganas. Sobre todo, después de verla actuar aquí. Es una actriz muy potente.

Inferno se estrena el 14 de octubre.

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