Cuando un Gremlin quiso comerse a Donald Trump

En 1990, cuando el millonario aún no aspiraba a meterse en política, 'Gremlins 2' le arreó una colleja verde y viscosa. Aquí te lo contamos

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15 de junio de 2020

“Grosero”, “racista”, “ultraderechista”, “acosador”, “peluquín horrible”… Esos son sólo algunos de los comentarios que Donald Trump suscita entre buena parte del público, tanto en Europa como en Estados Unidos. Y, por lo que a nosotros respecta, dudamos de que le molesten mucho: durante su carrera, el millonario metido a político parece haber estado inmerso en una búsqueda desesperada de la popularidad, bien a través de sus actividades financieras, bien como presentador de reality shows, bien como Presidente de Estados Unidos. Ahora bien: en 1990, Trump tuvo que ver cómo un personaje algo más que inspirado en él se enfrentaba a criaturas igual de chillonas, peligrosas y narcisistas… sólo que verdes, con orejas puntiagudas y con colmillos. Porque (con el permiso de Alec Baldwin) una de las mejores parodias jamás realizadas de este personaje tuvo lugar en Gremlins 2.

Si Gremlinssu filme de 1984, había supuesto una parodia tan fina como ácida de las películas navideñas, el director Joe Dante quiso subir la apuesta seis años más tarde, cuando dirigió la secuela. Gremlins 2 se llevaría a los protagonistas Gizmo Billy (Zach Galligan) a Nueva York, poniendo en su punto de mira a la cultura yuppie y a los excesos neoliberales alentados por Ronald Reagan. El comienzo de la película nos muestra al peludo y adorable Mogwai teniendo que huir de aquella tienda de Chinatown que le servía de hogar: el anciano chino (Keye Luke) junto al que vive muere al poco de empezar el relato, y, tras su óbito, el local es demolido por un maligno imperio inmobiliario que está arrasando los barrios populares de la ciudad. En cuanto a Billy, ha conseguido abandonar el pueblo de Kingston Falls, pero eso sólo le ha servido para currar de delineante en ese mismo imperio inmobiliario. Un imperio cuyo amo y señor, por cierto, es un magnate con severo déficit de neuronas llamado Daniel Clamp (John Glover). ¿Vais adivinando por dónde van a ir los tiros?

Entre aquel Gizmo imitando a Rambo, ese Christopher Lee dándolo todo como el doctor Catéter, el Gremlin inteligente con la voz (en castellano) de Constantino Romero y el cameo de Hulk Hogan, es fácil olvidar que Dante y el coguionista Charlie Haas concibieron Gremlins 2 como una forma de hacerle la peineta a Trump, un personaje que, por entonces, estaba en el cénit de su fama. El hombre del peluquín se había coronado a finales de los 70 como el promotor inmobiliario más temido y exitoso de la Gran Manzana, erigiendo un monumento a su propio ego llamado Trump Tower en el centro de Manhattan. Un monumento que se construyó en el solar dejado por un edificio de valor histórico, y durante cuya erección se registraron numerosas irregularidades laborales y fiscales.  Así pues, Dante y Haas veían al magnate como un sujeto “histriónico y ridículo”, considerándolo como “un emblema de todo lo que estaba pasando en los 80 y los 90 con tanta codicia, tanto dinero y tanta vulgaridad. Parecía creer que el mundo entero estaba en venta, pero, por entonces, resultaba más o menos inofensivo”. 

Desde el principio, los autores de Gremlins 2 concibieron a Daniel Clamp como un supervillano. Pero, cuando ficharon a John Glover para interpretarlo, pensaron que el estilo del actor (al que tal vez recuerdes por Los fantasmas atacan al jefe o por la serie Smalville) no pegaba con esa caracterización: “El personaje nos salió tan idiota que acabó resultando casi adorable”, explicó Dante . De esta manera, y aunque el cataclismo gremlin que sucede en la Clamp Tower sea, indirectamente, culpa suya, Daniel Clamp acaba resultando un cretino y un cargante, ansioso por agarrarse a todas las oportunidades posibles para hacerse aún más famoso (“¡Promotor inmobiliario salva la ciudad! ¡Me gusta eso!”), más que un genio del mal. Por otra parte, Donald Trump no fue el único magnate de los 80 satirizado en Gremlins 2haciendo a Daniel Clamp dueño de una red de TV por cable, Dante y Haas quisieron mandarle también un recadito a Ted Turner, el señor esposo de Jane Fonda y dueño de emisoras como TCM, también conocido por su megalomanía.

Pero, sin duda, el donaldtrumpismo más peculiar de Gremlins 2 fue una profecía que acabó cumpliéndose. Porque, en la película, Daniel Clamp acaba liado con una oficinista llamada Marla (Haviland Morris). Y, en la vida real, la amante (y futura segunda esposa) de Donald Trump se llamaba Marla Maples. “Fue sólo una coincidencia”, asegura Daniel Haas. Por otra parte, ¿qué tal se tomó el auténtico Donald Trump tanto cachondeo a su costa? Joe Dante y Charlie Haas no lo saben, pero tienen sus sospechas: “Seguro que estuvo al tanto, porque es un narcisista”. Al guionista, de hecho, le cuesta relacionar los acontencimientos actuales con su película: “Aquello era una comedia de terror, pero esto es algo muy distinto”, remacha.

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