Cuando robaron el ADN del presidente de Marvel

Ni los hermanos Russo, ni James Gunn, ni siquiera Stan Lee podrían haber ideado esta desquiciada historia de robos genéticos, insultos en hebreo y pistas de tenis

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11 de agosto de 2016

Aunque su poderío en la Casa de las Ideas ya no sea el de antaño (Kevin Feige, ese pequeño maquiavelo, se ocupó de que fuera así), el CEO Isaac ‘Ike’ Perlmutter sigue siendo una de las figuras más interesantes, encopetadas y enigmáticas de Marvel: su legendaria tacañería (estuvo a punto de expulsar a Robert Downey Jr. de las películas del estudio porque le salía muy caro), su secretismo (su única fotografía data de los 80) y las anécdotas sobre su racismo, su machismo, su afición por las armas y su amistad con Donald Trump le han hecho ser descrito más de una vez como un supervillano de la vida real. Ahora bien: la última anécdota que ha trascendido acerca de este señor de 73 años de edad no sólo tiene ocupados a los tribunales de Nueva York y Florida, sino que podía haber salido de la historieta más delirante concebida por Stan Lee Jack Kirby. Hablamos nada menos que de un complot para extraerle ilegalmente muestras de ADN.

¿A qué se debe este delirante suceso? Pues de la enemistad de Perlmutter con Harold Peerenbom, millonario y político canadiense, amén de vecino del CEO de Marvel en la exclusiva urbanización Sloan’s Curve de Palm Beach. Según relata The Hollywood Reporterlos vecinos de Sloan’s Curve temen a Peerenbom más que a una vara verde: cuando la comunidad de vecinos le negó el derecho a construirse una nueva piscina, el canadiense respondió instalando focos de alta intensidad en su chalet y manteniéndolos encendidos toda la noche, para no dejarles dormir. Este encantador caballero e Ike Perlmutter chocaron debido a su común afición al tenis. Más concretamente, debido al uso y la administración de las pistas de tenis del complejo residencial.

Los detalles del enfrentamiento son de lo más bizantinos, pero incluyeron a Perlmutter enredando a su rival en una larguísima causa legal sobre el uso y disfrute de las instalaciones, y también repartiendo notas anónimas entre los demás vecinos (y también entre su familia y amigos) en los que ponía a Peerenbom a parir, acusándole incluso de abuso de menores. Harto de tanta marrullería, Harold Peerenbom tramó un plan diabólico: atrajo a su rival a un bufete de abogados de Palm Beach, para lo que se suponía que era una negociación sobre el caso. En realidad, la cita en el despacho era una trampa, porque Peerenbom la aprovechó para recopilar material genético de los objetos que el mandamás de Marvel había tocado. Su intención era cotejarlas con los anónimos que circulaban por su urbanización, para así llevar a Perlmutter a un juicio por injurias.

El ardid, reconocido por el canadiense ante el juez en 2013, fue la guinda de la tarta, porque Florida es uno de los cuatro estados de EE UU que consideran al ADN como propiedad personal, y exigen un consentimiento firmado antes de recoger muestras. Lo irónico del caso es que esta estratagema no hubiera sido necesaria, porque los servidores de Marvel rebosan con correos electrónicos que acusan a Peerenbom de todo lo habido y por haber, y que, además, incluyen abundantes insultos en hebreo (Perlmutter nació en Israel, y ese idioma es su primera lengua) como “hatichat harat”, equivalente a “pedazo de mierda”. De hecho, hay rumores según los cuales las trituradoras de documentos y los discos duros de las oficinas de Marvel echan humo actualmente, dado el esfuerzo por destruir todo el material incriminatorio.

En cualquier caso, el tiro salió totalmente por la culata: la recogida ilegal de ADN no sólo le ha servido a Ike Perlmutter para poner a su rival contra las cuerdas, haciéndole pagar de sobras lo de la pista de tenis y lo de los focos, sino que también ha avivado el debate sobre la protección legal del material genético, considerado como posible materia prima para chantajes y extorsiones. En general, la historia se ha acabado pareciendo mucho a uno de esos duelos entre el Doctor Muerte Kang el Conquistador, sólo que con Mel Brooks (en el mejor de los casos) escribiendo el guión, en lugar de Roy Thomas. Lo mismo hasta da para película, y todo…

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