[Crónica Sitges 2012] El diablo habita en el súper 8

Una crónica bélica de guión agujereado y unas viejas películas poseídas, menú del jueves en Sitges. Por TONI VALL

11 de octubre de 2012

Me encuentro con Karra Elejalde en el ascensor del hotel. Un “Hola, qué tal” mutuo y poca cosa más. Me cae muy bien y me encantó su eterno discurso cuando le dieron el Goya por También la lluvia. No obstante experimento cierta sensación de incomodidad, sospecho que provocada por lo poco que me ha gustado Invasor, el motivo de su estancia en Sitges. Daniel Calparsoro filma con nervio y mucho oficio pero acostumbran a fallarle los guiones. Recuerdo con agrado sus primeras obras –Salto al vacío y A ciegas- pero Asfalto y Guerreros hacían aguas desde el libreto. Tras un tiempo dedicado a la televisión, regresa con esta película sobre dos soldados españoles (Alberto Amman y Antonio de la Torre) que regresan de Iraq traumatizados por la violencia y con un doloroso secreto a cuestas. Sólo una pista: ¿os acordáis del Redacted, de Brian de Palma? Pues por allí van los tiros. Todo es tan gratuitamente peliculero que se le escapa a uno la risa. Las persecuciones, los silencios, Elejalde -con sombrero y gabardina- parece estar en otra película, los gratuitos vaivenes de los personajes y, sobretodo, la arbitrariedad de un guión que parece un queso de gruyere. No hago spoilers ni cuento nada, simplemente cuando veáis la peli haceros esta pregunta: ¿Por qué los polis persiguen a Alberto Amman si hasta bien entrada la acción no tienen ni idea de la existencia del vídeo que desencadena el lío? Y ya me callo.

Bastante más suerte tuvimos con Sinister, muy lograda historia demoníaca a cargo de Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose, Ultimátum a la tierra) y con un inspirado Ethan Hawke en la piel de un escritor de best sellers obsesionado con los casos de asesinatos sin resolver que se muda con su familia a una casa donde tuvo lugar uno de ellos. Lo más interesante de la peli es el uso que hace de las viejas películas de Súper 8 para descubrir la presencia del maligno en los casos que investiga Hawke. Personalmente, percibí mayor enjundia fílmica y pasión por el hecho cinematográfico en algunos de los pasajes de Sinister que en toda esa chiquillada llamada Súper 8, aquel capricho de exégeta de los 80’s que J.J. Abrams nos endosó el año pasado. Ah! Y si a la propia excitación que emana de la pantalla le añades un inesperado corte de la proyección a mitad del metraje y, además, en un momento bastante climático, pues ¡bingo!

 

CINEMANÍA en el Festival de Sitges 2012

Día 6: De hijos de papá y niños robados

Día 5: Pequeño manual de mutilación casera

Día 4: Ego-horror: el cine de terror que sólo habla de sí mismo

Día 3: La hermandad natural de Bayona y Spielberg

Día 2: ¿Qué cine nos queda?

Día 1: Otro susto de muerte para Belén Rueda