[Crónica Sitges 2011] Hombres y otros extraterrestres

Nacho Vigalondo y 'Apollo 18' aterrizan en el festival. Por ANDREA G. BERMEJO.

13 de octubre de 2011

Madrugar para pasar miedo. Levantarse a las 7,30 y no llegar tarde al primer pase de la mañana, la francesa Livide, segunda película del tándem Alexandre Bustillo y Julien Maury, aún recordados por su slasher con bombo À l’intérieur (“ya no son lo que eran”, escucharé a la salida, refiriéndose a que ya no son LO BESTIAS que una vez fueron, gracias a dios). Descubrir con perplejidad legañosa que el fanatismo sitgeano madruga y que el Auditori del Meliá está hasta el palo de la bandera. Comprender, también, que es posible perder la dignidad tan temprano. A las 8,45, y mientras una troupe de ineptos decidían en la pantalla que el mejor plan para un Halloween es intentar robar en la casa de una siniestra anciana en coma, yo ya había desplegado mi amplia gama de tácticas evasivas ante el cine de terror, léanse: el funcional cerramiento de ojos, la típica quitada de gafas y la siesta de aquí te pillo aquí te mato, gran hallazgo a esas horas de la mañana porque es la que mejor disimula el miedo.

Menos mal que justo después pasaban Extraterrestre y, poco a poco, se me han ido destensando los músculos hasta acabar en carcajadas. Gracias, Nacho Vigalondo, tu película ha sido el paréntesis de un día de los de entrar en bucle en el tren de la bruja. He contabilizado los saltos en la butaca: 12. Por 4 pelis vistas, hacen de media, 3 respingos por sesión. ¿Te pueden salir agujetas del miedo? Poco se puede decir (que no se haya dicho ya) del segundo largo de Vigalondo. Con una producción minimalista (que no cutre, ojo, Extraterrestre mola también formalmente), el director de Los cronocrímenes se echa un órdago con sus actores y con el guión. Villagrán es un descubrimiento, ya nos lo habían dicho, pero un redoble, por favor, a Carlos Areces y a Raul Cimas, que están tronchantes sin necesidad de muchachadas. Eso sin entrar en los detalles del cameo de Miguel Noguera. ¡Que alguien le regale un teleprompter, pardieu! Extraterrestre, que tiene algo de screwball comedy, sería película de cabecera de Oscar Wilde, amante de los enredos, y tiene algo también de Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza, aunque en este caso los alienígenas sean sólo una sospecha. ¿Todo esto para qué? Todo esto para ligarse a una chica –bien por Michelle Jenner–, o lo que es lo mismo, ¿hasta qué punto son capaces los hombres de hacer marcianadas con tal de llevarnos al huerto? Sí, a veces los hombres parecen auténticos extraterrestres. Sobre todo Vigalondo, que antes del photocall promocional ha estado haciendo el lagarto Juancho por el jardín del hotel. Imaginamos que así es como los directores calientan para las entrevistas en el planeta del que procede, que no sabemos cuál es, pero se ve que saben hacer (buen) cine.

En la cola para el siguiente pase, Carré Blanc, vuelvo a pegar la oreja y un par de chavales comentan: “Pues nada, ya está todo el pescao vendido”, “pues sí, ya hemos visto todo lo que teníamos que ver”. Pues no, listos. A mí hoy me quedaba por ver Apollo 18, la última película de Gonzalo López-Gallego. Nada nuevo bajo el sol, cierto, estamos hartos de ver falsos documentales de terror. Y éste lo es. Como El Proyecto de la Bruja de Blair, pero con la misión espacial del Apollo 18 como misterio sin resolver, el director de El rey de la montaña maneja el ritmo que da gusto, tira de sustos cuando menos te lo esperas y apuesta por un estilo Super 8 a la última moda para contar otra historia (spoiler) de hombres y extraterrestres y preguntarse una cosa terrible: ¿quiénes dan más miedo, los primeros o los segundos? Yo sólo diré una cosa. En el festival de Sitges las mujeres se pueden contar con los dedos. Algunos lo llamarían invasión.