[Crónica Gijón 2014] Gente en sitios y citas a ciegas

Visitamos la India, Brasil, Georgia, Corea del Sur y París. Una jornada en el FICX repleta de variedad.

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28 de noviembre de 2014

¿De qué se habla en Gijón? De que pasado el ecuador del festival, hay muy pocas candidatas reales a figurar en el palmarés. La sección oficial no es ni mucho menos la más destacada del total de la programación y si bien es cierto que hemos ido de menos a más (los dos primeros días esto parecía un castigo) la cosa sigue sin alcanzar los registros de, por ejemplo, el año pasado, donde coincidieron films como Ida o Blue Ruin. Para cuando leáis esta crónica quedarán dos días de films a concurso… veremos lo que nos espera.

¿Qué has visto? Dos nuevas películas de la sección oficial, y ambas bastante dignas. La india Titli, presente este mismo año en la sección Un Certain Regard de Cannes, nos llevaba a una Nueva Dehli actual en la que una familia de tres hermanos y su padre se dedicaban a acometer distintos robos y actos delictivos para salir adelante. El más pequeño de los tres, en su intento de huir de aquel escenario, perdía en el proceso una cantidad de dinero importante y se veía obligado a casarse contra su voluntad. El punto de partida de la película no puede ser más tópico pero las cosas como son: sin inventar la rueda, su director Kanu Behl sabe cómo contar la historia de este joven atrapado en un mundo que no le gusta, aunque le pierde en cierto modo su necesidad de cerrar todos los flecos, forzando un poco las cosas. Los modelos que toma como base, incluyendo al mismísimo Michael Corleone de El Padrino no hacen más que demostrar que la película no es gran cosa, pero como ya hemos dicho, se pasa rápido pese a sus más de dos horas de duración y remarcados al margen, es aceptable. Hace unos días la griega Xenia nos demostró que esto podía hacerse muchísimo peor.

Por su parte, la francesa Hippocrate de Thomas Lilti podría definirse como un magnífico episodio piloto de una serie de televisión, o como un film sobre médicos residentes en un hospital que se queda a medio gas por su incapacidad, durante algo más de 90 minutos, de profundizar demasiado en sus personajes. Pensad en Urgencias, Anatomía de Grey o la más castiza Hospital central y erradicad la adrenalina, los líos amorosos y a Vilches respectivamente: así es Hippocrate, un film funcional, muy llevadero, con dos actores principales solventes como son el joven Vincent Lacoste y el gran secundario Reda Kateb, que cae en algunas trampas algo torpes y que no parece disponer de tiempo suficiente para que las cosas fluyan con normalidad. Por ejemplo, en su tercer acto introduce una denuncia social de forma completamente salvaje, algo que era innecesario porque esos detalles ya se habían presentado con anterioridad aunque no de forma tan frontal: es simplemente, repetición de ideas. Con un estilo muy hollywoodiense, introduciendo música en el montaje de forma enfática y una estructura, insistimos, puramente televisiva, sus productoras serían inteligentes en convertir a estos personajes en fijos de alguna teleserie local y aprovechar las ideas buenas que tiene un largometraje que no vuela muy alto pero que funciona bien mientras se ve, y que además tiene potencial para ser todo un taquillero. A España llegará en algún momento de 2015, por cierto.

AnimaFICX sigue mostrando sus cartas con dos largometrajes radicalmente opuestos, totalmente antagónicos a nivel temático y estético. Comenzando de menos a más, la producción surcoreana independiente On the White Planet de Hur Bum-wook plantea un mundo alternativo en el que todo es blanco, salvo un niño que tiene la piel de color carne. Esto genera una serie de problemas que harán que el joven deba sobrevivir de cualquier forma que le sea posible. Si conocéis el cine del país sabréis que son capaces de hacer magia con los martillos, pero aquí tal ilustre herramienta no hace presencia y ni falta que hace: se las ingenian para que la sangre aparezca por todas partes, que los cuerpos se rompan y exploten o que las balas lleguen de forma certera a su objetivo. Tristemente, aunque la idea de base no es mala, On the White Planet tiene problemas en su guión, que fuerza demasiado las cosas y va al ‘todo por el todo’ como si eso fuera suficiente -y no, no lo es-, amén de una descripción de personajes superficial, con una psicología absurda. Si le sumamos que cuenta con estilo de animación muy feista, de forma buscada eso sí, la cosa no remonta ni cuando eventualmente se atreve a experimentar (con, por ejemplo, un par de secuencias narradas a modo de novela gráfica). Llega demasiado tarde y no compensa del todo.

Curiosamente, a O menino e o mundo (o The Boy and the World, como se conoce internacionalmente) le pasa lo contrario. Es un cine infantil precioso -y preciso-, una película perfecta para los más pequeños (en la sala había varios y acabaron aplaudiendo efusivamente, además) y al mismo tiempo un bálsamo para los adultos. No porque aborde temas demasiado profundos, aunque hay algún momento de experimentación formal muy sólido, sino porque al igual que ocurre con -por ejemplo- Mi vecino Totoro sabe cómo llegar a ambos públicos sin excluir a los espectadores con trucos absurdos. Prescindiendo de los diálogos (no hay ni uno legible) y de la estructura narrativa, se trata de una película que podríamos concebir como soñada o imaginada, más que dirigida o realizada por una persona, un film esquivo y laberíntico en el buen sentido, que no propone nada más allá de dejar volar la imaginación con imágenes bellísimas, con animación tradicional, y un tercer acto espectacular. Por la libertad con la que presenta sus ideas podría recordar incluso a Paprika de Satoshi Kon, y su contenido más comprometido apunta al método de Raoul Servais. Total, una película infantil magnífica, de las que se hacen demasiado poco. Si lees esto y eres profesor a cargo de niños, apúntatela porque es una asignatura obligada.

Terminamos la recapitulación de películas vistas con la divertidísima Blind Dates. Que quizá, si os decimos que es una comedia dramática georgiana, os quedáis con cara de póker, pero la cosa engancha mucho más de lo que parece: comedia mínima, al estilo Kaurismäki, con personajes entrañables e ideas muy potentes a nivel de construcción de gag tanto visual como escrito. Su reparto está en estado de gracia y es una pena que el film no esté compitiendo en la sección oficial porque por lo menos su protagonista debería optar a premio, e incluso su guión o la precisa realización de Levan Koguashvili. De lo mejor que hemos visto en este FICX 52.

¿Qué te has perdido? The World of Kanako. O mejor dicho, qué no hemos recuperado. Porque la vimos en Sitges y nos pareció maravillosa. Tranquilos, os hablaremos de ella en la siguiente crónica, porque merece una revisión.

Gijonmetro: Sin ser excelentes, las dos nuevas películas a concurso tienen valores claros. Quizá Vincent Lacoste (aunque nuestra opción sería Reda Kateb) pueda optar a mejor actor por Hippocrate, y quién sabe si el jurado se va a dejar engatusar por su guión o el de Titli. No es que destaquen por encima de Calvary tampoco en este aspecto, pero nunca digáis nunca.