[Crónica Gijón 2014] El arte de ilustrar, en lienzo o papel

Bill Plympton presenta su película inédita y Mike Leight convence con su biopic de J. M. W. Turner.

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24 de noviembre de 2014

¿De qué se habla en Gijón? De la lluvia, que ya se ha dejado ver durante buena parte de la jornada. Los que somos asiduos a Gijón no encontramos nada de raro en este tiempo tan poco amigable pero lo cierto es que tras dos días de bastante calor, el cambio ha sido brusco. Los que vienen de fuera no parecen preparados para algo así, pero todo es acostumbrarse. Se habla también de la entrega de Bill Plympton, que no desaprovecha ninguna ocasión para regalar dibujos a los asistentes de sus películas, y teniendo en cuenta que hablamos de dos o tres centenares de personas… ganas le pone. Se ha ganado el cielo.

¿Qué has visto? Jornada intensiva con otros cinco largometrajes, que han ido de menos a más. Comenzando por la sección oficial, abrimos el día viendo la griega Xenia, film presente este año en una sección paralela de Cannes y prometemos que los motivos son del todo incomprensibles. Tomando como punto de partida la historia de dos hermanos que deciden iniciar un viaje para encontrar a su padre biológico, con la intención de obtener la nacionalidad griega y no ser deportados al cumplir la mayoría de edad a su Albania original, se trata de un film que dilata su metraje hasta límites inadmitibles, durando 128 minutos para contar algo que podría resumirse en apenas una hora. El problema de la película es que no es nada concreta, sacando varios temas y no abordando ninguno en particular, lo que hace que cualquier apoyo o momento de interés desaparezca para introducirse otros elementos y acabar ahogando la narración. Tiene alguna cosa interesante (la forma en que mezcla realidad y ficción, sin ser extraordinaria, es lo más salvable) pero en general es una película torpe, hinchadísima, que jamás encuentra un punto de apoyo.

Algo mejor resultó ser Con todas nuestras fuerzas (De toutes nos forces, 2013), dirigida por Nils Tavernier (el hijo del reputado Bertrand Tavernier). ¿De qué va? De un niño tetrapléjico que decide forzar a su padre a participar en una triatlón llamada “Ironman”. Al principio las cosas no se ven claras por parte de su progenitor, que por cierto no hace mucho caso de su retoño, pero poco a poco la cosa se caldea y terminan por competir. Así arranca la película, que nos cuenta cómo se llegó a ese punto situando el 80% de la trama un año antes. El perfil de la película es el que es, no engaña a nadie: un crowdpleaser, o película hecha para gustar a todo el mundo, que toca un tema muy particular aunque es cierto que tampoco ahonda en el porno emocional de forma continuada. Le sobra musiquita machacona para avisar de cuándo tienes que llorar o emocionarte pero tampoco es lo peor que hemos visto (o veremos) en el FICX. Flojita, pero si llega a su público objetivo puede funcionar como una película pequeña de buen corazón. Credibilidad no le pidamos, eso sí. Mejor entenderla como una fábula en la que la moraleja es esa de ‘lucha por tus sueños y que nadie te los arrebate”.

La tercera película de la jornada ya puso la nota bien alta, pero claro, hablamos de la recuperación de una película que gustó muchísimo en Cannes y que supone el regreso de un director del talento de Mike Leigh. Con Mr. Turner, se nos cuenta la historia del pintor J.M.W Turner y se hace de la mejor forma posible: llevándolo a la pantalla no como gesto o como representación virtual de un personaje; sino como persona en sí misma. Porque no es un documental pero por la extraordinaria interpretación de Timothy Spall aquí casi pareciera no haber ni un ápice de ficción. El actor, acostumbrado a roles pequeños, deslumbra como ese personaje misterioso y algo atormentado capaz de lo mejor y de lo peor, pero que indudablemetne contaba con un talento para la pintura muy por encima de la media. El trabajo de Leigh con la cámara es muy sólido, pero sería injusto negar la aportación de su DP habitual, Dick Pope, que consigue que algunos planos parezcan cuadros del mismísimo Turner. Un biopic muy solvente que no obstante acusa una duración algo extensa, teniendo algún pequeño bajón de ritmo en su bloque inicial. Da igual en el fondo porque cuando engancha ya no te suelta hasta su potente final.

Y terminamos el día con una doble sesión de Bill Plympton, que este año es uno de los artistas homenajeados en el FICX, siendo eje de una retrospectiva que recoge todos sus largometrajes animados y una de las dos películas que filmó en imagen real. Empezando por esta última, pudimos ver la inédita Guns of the Clackamas, un film que apenas ha tenido recorrido festivalero y que no se encuentra disponible en DVD, BluRay o formato digital; es una rareza en toda regla que remite a This is Spinal Tap y que cuenta una historia divertidísima sobre el rodaje de un western de serie B a cargo de un director muy particular. Es divertida, con un humor negrísimo y algunos momentos que valen su peso en oro. Plympton en estado puro incluso cuando se aleja del papel y el lápiz. Ya hablando de animación, pudimos revisitar su primer largometraje, The Tune, un extraordinario debut que rinde homenaje a The Yellow Submarine de los Beatles engarzando varios segmentos musicales a un esqueleto muy sencillito en el que un hombre debe presentar a su agent musical una canción para que ésta sea publicada. Por el camino pasan muchas cosas… pero es mejor descubrirlas en primera persona que contarlas. Si conocéis a Plympton sabréis que esperar: animación ilimitada, deformación de los cuerpos, libertad absoluta en el trazo y un sentido del ritmo absurdamente bien medido. Total, una doble sesión muy sólida que pudo haber sido triple si hubiéramos ido a ver Cheatin’ a los Cines Centro. Ya lo hicimos el año pasado y os lo contamos al detalle, pero en resumen: era un film extraordinario.

¿Con quién has hablado? Con Carlos Pumares, como cada día. Y los temas son siempre los mismos: la caótica organización de Sitges (prometemos que siempre sale el asunto), la película de la mañana (no, tampoco le gustó Xenia) o lo bien que se come en Gijón. Sabe de lo que habla. También con Bill Plympton, que nos ha contado ahora por su propia boca la anécdota sobre su oferta de trabajo con Disney, y cómo la rechazó para poder seguir trabajando en lo que le gustaba sin presiones ni ponerle límites a su imaginación. La cosa se entiende como algo verdaderamente loable cuando hablamos de que era bastante joven y la cifra ascendía al millón de dólares, aún cuando él apenas había triunfado con algún corto y no se sabía qué iba a ser con su carrera. En nuestra opinión hizo bien, todo sea dicho. Sus largometrajes y producción corta posterior valen muchísimo más que eso.

¿Qué te has perdido? On the White Planet, una de las revelaciones del cine surcoreano independiente. La recuperaremos, claro está, que aún quedan muchos días.

Gijonmetro: No hay quien le tosa a Calvary y muy mal tendrían que darse las próximas jornadas para que una película como Xenia figurase en el palmarés de alguna forma. Aunque quién sabe, los jurados son imprevisibles…

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