[Crónica FICXixón 2012] Viajes de ida y vuelta

Desde Georgia a Tailandia, la quinta jornada del FICX50 funciona como un viaje con cuatro paradas en las que puede visitarse el alma humana. Por PABLO GONZÁLEZ TABOADA

Por
21 de noviembre de 2012

El Festival de Gijón se ha caracterizado en los últimos años por haber sido capaz de aglutinar un tipo de cine muy particular y crear una especie de tradición en torno a nombres que inicialmente eran desconocidos y que con el paso de los años han ganado notoriedad, dentro y fuera de las fronteras del certamen. Uno de los más destacables de la lista es el de Kelly Reichardt, directora que no se ha perdido ni una sola edición del festival desde que estrenase Old Joy (2006), volviendo a someter sus películas al criterio de los gijoneses con Wendy & Lucy (2008) y Meek’s Cutoff (2010). En esta FICX50 aún no hemos localizado a ninguna promesa a seguir, pero si hemos podido comprobar es la influencia de Reichardt entre las imágenes de dos de las propuestas proyectadas en esta quinta jornada.

The Loneliest Planet, de Julia Loktev es la más solida de las dos. También dirigida por una mujer, algo que se nota en la forma en que se reflejan las relaciones de sus personajes, en ‘el planeta más triste’ convive una pareja de enamorados (Hani Furstenberg, Gael García Bernal) que decide iniciar un viaje antes de su boda recorriendo las montañas del Cáucaso en Georgia. Lo que se inicia con la alegría propia del descubrimiento se va volviendo más oscuro hasta que llegado cierto punto del filme el encuadre comienza a oprimir a sus protagonistas. Del diálogo se pasa al silencio, siendo más importante lo que se calla que lo que se dice, en una película de un ritmo muy pausado que es capaz de extirpar todos los clichés de las películas románticas al uso para quedarse sólo con el hueso, mostrando de forma seca, cortante y realista la degradación de una relación basandose en conceptos como la confianza o la inseguridad. Notablemente interpretada por sus tres únicos intérpretes principales (a los citados se les suma un sobresaliente Bidzina Gujabidze en el papel de guía), la realización de Julia Loktev es sólida aunque en ocasiones trate de prolongar los planos sin una necesidad real, quizá buscando desmarcarse aún más -si cabe- de lo convencional.

Por su parte, Viaje a Surtsey de Javier Asenjo y Miguel Ángel Pérez está en las antípodas del filme anterior. Segundo título español en la sección oficial del certámen, es un trabajo bienintencionado que fracasa en cada una de las cosas que intenta. Cuenta la historia de dos padres, amigos desde la infancia, que deciden ir con sus hijos de escalada a una montaña. Como viaje iniciático de los jóvenes funciona con tanta densidad como un spin-off de Crepúsculo, mientras que la parte de redescubrimiento de los dos amigos es una (mala) suerte de Brokeback Mountain adaptando sus códigos al contexto de la citada Old Joy. Una película terrible, casi amateur y por tanto indigna de ser proyectada a competición en un festival de esta importancia, o en síntesis, un (mal) cortometraje del Notodofilmfest alargado hasta los 99 minutos que provoca carcajadas (involuntarias) con cada línea de diálogo. De sus actores, por llamarlos de alguna forma, mejor no hablar. Con diferencia, lo peor que se ha proyectado en esta edición del festival.

No ha fallado Michel Franco con su multipremiada Después de Lucía, producción franco-mexicana que ganó el premio principal en la sección ‘Un certain regard’ de Cannes y una mención especial en San Sebastián, dentro del bloque ‘Horizontes Latinos’. Enviada como candidata de México a los Oscar, se trata de una crudísima historia sobre acoso escolar protagonizada por una intensa Tessa Ia, una joven actriz de mirada profunda y gran capacidad expresiva. Franco filma de forma seca, cortante, pareciendo frío pero siendo en verdad analítico, un argumento que tristemente se da más de lo que nos gustaría creer y que a medida que avanza la película va ganando en crudeza y explicitud, haciéndose difícil de soportar en según qué momentos. Cuando llega su final sólo puede aplaudirse la valentía de su realizador (también guionista) por los méritos conseguidos en una película importante, rigurosa y terrible, que sin ser perfecta propone suficientes ideas y posee bastantes valores a los que acogerse. Comparada por su violencia psicológica con Michael Haneke, habría que apuntar también como referente a Klass, de Ilmar Raag, filme que pasó por el certámen en 2007 dentro de la sección Enfant Terribles y que abordaba un tema similar.

Tras Georgia, España y México la siguiente parada del día fue Tailandia, con escala al noreste del país. El anfitrión, Apichatpong Weerasethakul, y nuestro destino, Hotel Mekong. Hablar de una historia per se no tendría demasiado sentido considerando el tipo de cine del ganador de la Palma de Oro, híbrido de documental y ficción, y eso es lo que encontramos en este pequeño trabajo de menos de una hora de duración: las obsesiones de su autor a la hora de unir diferentes planos de existencia (terrenal, sobrenatural) integrando lo fantástico en un entorno realista con una habilidad extraordinaria. Fantasmas y vampiros que pululan por este lugar a las orillas del río Mekong son capturados por la cámara del realizador para dar forma a otra de sus lúcidas obras en las que la duración del plano, el encuadre y el uso de las herramientas cinematográficas son partes de un todo. Lo que a otros les cuesta horrores a Apichatpong le sale sorprendentemente natural, siendo uno de los pocos realizadores capaces de usar una melodía en loop infinito o mantener la cámara fija diez minutos sin que el espectador se aburra. Sin llegar a la altura de sus mejores trabajos (Syndromes and a Century, Blissfully Yours) en Mekong Hotel reside todo aquello que define a su autor y expresa además nuevas ideas dentro de su cine. Hay que verlo.