[Crónica FICXixón 2012] La imaginación desbordante de Laguionie

La desbordante imaginación de Laguionie anima un día marcado por una música de la que nos conocemos los acordes y sabemos la letra. Por PABLO GONZÁLEZ TABOADA

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22 de noviembre de 2012

Sexta jornada en la 50 edición del Festival de Gijón. Pasado el ecuador del certámen aún no está muy claro hacia dónde puede enfocarse el palmarés más allá de un par de categorías claras y esto es debido al nivel general de las producciones de la sección oficial, que de momento sigue sin despegar al estar todas las películas que la forman cortadas por el mismo patrón. Hoy han podido verse de hecho dos que abordan el mismo tema aunque por suerte lo hacen de forma diferente. La nota más alta, una vez más, viene del nuevo ciclo del festival, Animaficx.

Hasta tres películas de sección oficial han sido proyectadas hoy en los Cines Centro. California Solo de Marshall Lewy se anticipaba como la apuesta más amable del día, contando con la presencia del recordado Robert Carlyle en el rol principal. Su papel: el de una vieja estrella del rock, ahora en decadencia y retirada, que se ve obligada a hacer frente a la posibilidad de ser deportada a su lugar de origen (Escocia) desde los Estados Unidos, donde reside desde hace más de una década. La película tuvo su estreno en el Festival de Sundance el pasado mes de enero y eso ya deja bastante claro hacia dónde se dirige en términos narrativos, de realización e incluso el cómo van a ser interpretados los personajes: lo mismo de siempre en el cine ‘indie’ pero de otro color. No hay nada especialmente molesto, pero tampoco algo destacable. En un par de días ni siquiera recordaremos que existe.

Mejor no hablar (de ciertos temas) (conocida internacionalmente como Porcelain Horse) es la única película sudamericana (Ecuador) de la sección oficial, un pequeño juguete que sin más ambición que la de contar una historia pequeña termina por ganarse al espectador por su frescura y honestidad. La historia muestra a dos hermanos cuyas vidas no podrían ser más diferentes, siguiendo a cada uno su propio camino y analizando de esta forma dos vertientes de una misma realidad: por un lado una historia de amor imposible, y por el otro, el éxito de una banda musical. Esta última parte es una sátira estupenda sobre el mundo de la mercadotecnia, lo efímero del éxito y la nula memoria histórica dentro del mercado masivo. Como conjunto es muy disfrutable, tiene momentos de interés y pese a que no inventa nada tampoco se resiente por ello. A todo esto habría que sumarle que su director Javier Andrade demuestra -por momentos- un dominio de la imagen inesperado (realizando ciertos planos secuencia muy sólidos) y que, de las cintas de la SO que se han proyectado, es la única que cumple todo aquello que promete y que no tiene ninguna coartada: ni pretende ser importante ni se pierde en sus intenciones.

Mucho más destacable es el trabajo con la cámara de Aida Begic, responsable de Children of Sarajevo. Mención Especial del Jurado en el festival de Cannes dentro de la sección Un certain regard, la película muestra las penurias de dos huérfanos de la guerra de Bosnia y los intentos de éstos por salir adelante en la actualidad. Si el jurado del FICX50 tiene ojos debería premiar sin dudarlo a Begic, cuya enérgica dirección repleta de planos secuencia y magníficos encadenados salva una propuesta que de otra forma no llegaría demasiado lejos, a pesar de que captura bien la vida de estos personajes y evite el amarillismo con cierta habilidad. Un drama social estimable que no deslumbra pero interesa mientras dura, excelentemente dirigida y con una interpretación principal a cargo de Marija Pikic que bien podría aspirar también al premio en el certamen. En tres días saldremos de dudas.

Donde todo está bastante claro es en la nueva sección incorporada en este FICX50, Animaficx, una celebración del cine de animación que con trece películas seleccionadas es indudablemente lo que está elevando el nivel global del evento. Si Ernest et Clèmentine nos devolvió la sonrisa, lo que consigue Le tableau de Jean-François Laguionie tampoco es moco de pavo. El realizador de piezas de culto como Gwen le livre de sable (1984) vuelve a la actualidad con una película de una imaginación desbordante, que fue nominada el año pasado a los Cesar (los ‘Oscar’ franceses) y que este 2012 se ha pasado por varios festivales, entre ellos Annecy. La excusa es mostrar cómo conviven los personajes pintados en varios cuadros pero la idea va muchísimo más lejos: cada representación al óleo es en verdad una forma de abordar un mundo con matices en el que sus ‘habitantes’ conviven como en un universo ya conocido. De esta forma, a través de un tono amable, se establece una crítica social evidente con la lucha de clases como núcleo y otra serie de aspectos puestos en tela de juicio a lo largo de unos 70 minutos de metraje. Con una animación notable y una composición de planos, evidentemente, pictórica y bastante rítmica y musical, su tésis es tan inteligente como agradecida, recordando por momentos a la libertad creativa de ejercicios (superiores, eso sí) como El viaje de Chihiro o Paprika, de Hayao Miyazaki y Satoshi Kon respectivamente.

El gato del rabino (Le chat du rabbín, 2011) es la segunda película francesa de la sección que ha podido verse en esta jornada. Su recorrido también se inició en 2011, ganando el Cristal de Annecy y el premio Cesar al mejor largo de animación. Como en otra de las películas ya comentadas este año (Couleur de peau: Miel) nos encontramos con un largometraje que adapta una novela gráfica de forma libre y en cuya realización está involucrado el responsable del material original: Joann Sfar. Junto a Antoine Delesvaux, nos cuenta la historia de un gato que tras comerse un canario adquiere el don del habla, lo que lleva a éste, su dueño (el rabino del título) y una serie de personajes a iniciar un viaje para descubrir los orígenes de su religión en el contexto de los años 30. Lejos de las grandes películas del género que ha dado el país en los últimos años, se trata de un film estimable y divertido, algo más largo de lo que debería pero que perfila muy bien a sus personajes y cuenta además con un estilo bastante particular, amén de un guión repleto de referencias que, en su mayoría, funcionan de forma divertida y amena. Y como Persepolis o Vals con Vashir, cae del lado de las producciones de animación para adultos. Es de las que merecen la pena.