[Crónica FICXixón 2012] Ghibli sube el listón

En una segunda jornada marcada por propuestas de presunto y riguroso realismo, 'From Up To Poppy Hill' de Studio Ghibli y 'Las sesiones' aportan músculo y emoción. Por PABLO GONZÁLEZ TABOADA

Por
18 de noviembre de 2012

Segundo día del Festival de Cine de Gijón y la cosa se va animando. En la crónica anterior comentábamos lo sorprendente que resultaba la escasa asistencia de público y prensa a los pases, cuando en años anteriores la cosa había arrancado ya desde la primera sesión. Bien, poco a poco esto se va caldeando tanto en estos términos como en lo que respecta a la propia programación, que abre su oferta dejando espacio para propuestas de todo tipo.

Europa, Europa

El viejo continente ha sido el más representado en esta segunda jornada, tanto en la sección oficial como en las paralelas. En el primer grupo, la primera apuesta española del certamen ha sido La venta del paraíso, de Emilio Ruiz Barrachina, una película coral que ha dividido opiniones: para unos, un descubrimiento absoluto, una rara avis de obligado visionado. Para otros, una tomadura de pelo que abarca muchos temas sin ser capaz de profundizar en alguno. Más consenso ha generado Teddy Bear, un film danés ganador del premio a mejor director internacional en Sundance y nominado al Discovery Award en los European Film Awards. Mads Matthiesen, su responsable, adapta en formato largo un cortometraje que dirigió en 2007, Dennis (puede verse aquí) que giraba en torno a un culturista en su intento por integrarse en un mundo eminentemente supercial. Todo lo que muestra la película estaba en aquellos veinte minutos, encontrándonos en el film la misma tésis alargada hasta la hora y media.

Bien facturada pero sin demasiados hallazgos, es una película que se ve sin problema pero que tampoco provoca ningún tipo de emoción, encontrando en la adecuada interpretación de su intérprete principal (Kim Kold) su mayor logro. La forma de abordar el tema está muy lejos de ser novedosa aunque a su favor tiene el no reincidir en aspectos melodramáticos y tratar con cierta distancia los momentos más enfocados a tocar la fibra sensible. No sería extraño que ganase algún premio en el certámen pero sus meritos no van más allá de la correción. Como nota curiosa, mencionar que su actor principal, bien dotado para el drama, ha sido fichado por la maquinaria de Hollywood para sacar partido de su físico (140 kilos y casi dos metros) en A todo gas 6, donde compartirá pantalla con nada menos que The Rock.

Fuera de concurso hemos podido ver dos producciones que igualmente han dividido opiniones. Por un lado la italiana Siete actos de misericordia, de Gianluca y Massimiliano De Serio, un drama social demasiado encorsetado y dependiente de contar algo importante y grande sin saber nunca qué es. Los directores parecen más dedicados a mostrar señas de un estilo sin caer en la cuenta de que finalmente todo se pierde en las formas académicas, contando la historia de una mujer delincuente que tras sufrir cierto revés se ve obligada a cuidar de un hombre mayor contra su voluntad. Más libre se sentía la griega Aima (My Blood), de Diamantis Karanastasis, una relectura del mito de Edipo que prescindía de la narración convencional para dar saltos en el tiempo y alternar los roles de los mismos personajes entre distintos actores. Le ha faltado cierta depuración para alcanzar mayor impacto, pero es una película que aún con sus carencias ofrece numerosos alicientes si se ve con la mente abierta.

“And the Oscar goes to…

Una de las promesas del festival era además el traer películas de mayor repercusión internacional, algo que se ha llevado a cabo buscando producciones de (supuesta) calidad respaldada por otros certámenes internacionales, ganadoras de premios extranjeros o candidatas a los Oscar. Con este aval llega “The Patience Stone, la enviada por Afganistán a la Academia en la categoría de mejor película de habla no inglesa y que si llega a suficientes miembros podría conseguir, como poco, que Hollywood compre sus derechos de explotación para hacer un remake protagonizado por alguna estrella sufridora. Y así, premiarla. Cine sorprendentemente ameno, hecho muy al gusto de este tipo de espectador, con una crítica social muy obvia para narrar la historia de una mujer que debe curar de su marido tras recibir un balazo en el cuello. Aprovechando su silencio se libera de la carga de su día a día contándole sus vivencias pasadas y presentes. La película se sostiene por la excepcional interpretación de Golshifteh Farahani y la valentía con la que trata temas tabú como el sexo o las relaciones extramatrimoniales. Por lo demás, hay pocas ideas de realización y cuenta con un final especialmente torpe.

También de premio Oscar está John Hawkes en Las sesiones, de Ben Lewin, película indendiente ganadora de dos galardones en Sundance (Premio del Jurado y mejor reparto) y del Premio del Público en Donostia. Viendo la película se entiende este respaldo: es amable y capaz de sacar una sonrisa a pesar del drama mostrado en pantalla, una de esas dramedias con protagonista simpático y algún secundario de oro. Calculada al milímetro para emocionar, por momentos la entrega de su reparto (tanto de Hawkes como de una recuperada Helen Hunt y el siempre inmenso William H. Macy) consigue no se noten las costuras y como ocurría con el reciente éxito de Intocable es el tipo de película donde pesa más el sentimiento primario que el estímulo intelectual. Siendo lo que es y pese a abusar de trampas de guion, funciona con suficiente eficacia como para entender su éxito. En España la veremos a partir del 21 de diciembre, así que si os gustan este tipo de películas marcad bien la fecha en el calendario.

Y Ghibli sube el listón
Fue la película más taquillera de 2011 en Japón, tuvo su estreno en Francia hace unos meses pero se mantenía inédita en España… hasta ahora. Habiéndose perdido festivales afines como Sitges ha sido en Gijón donde por fin ha tenido lugar el estreno nacional de From Up on Poppy Hill, la nueva película de Ghibli tras la excepcional Arrietty y el mundo de los diminutos (Hiromasa Yonebayashi, 2010). Como aquella, el guión está escrito por Hayao Miyazaki basándose en un material ya existente, en este caso un manga de Chizuru Takahashi. El origen literario se nota en pantalla tanto en la forma de abordar las relaciones entre personajes como en la planificación de las escenas, en un trabajo de dirección que recae esta vez en el benjamín del clan Miyazaki, Goro Miyazaki, que ha evolucionado notablemente desde su primer largo (el irregular Cuentos de Terramar de 2006) facturando una película sencilla, con líneas narrativas muy definidas y limpias, logrando emocionar con resortes muy básicos y sin forzar artificialmente la máquina.

La historia, ambientada en los años 60, nos muestra los quehaceres de una joven que vive en una comunidad y se ve involucrada en una serie de actos reivindicativos. De fondo, un drama familiar que se va revelando con cuentagotas en un filme que encuentra en su claridad expositiva su mejor arma y que decide aferrarse a la realidad para transmitir sus sensaciones, abandonando el estilo de los (maravillosos) eco-epics de Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke) para acercarse más a otros trabajos del estudio como Susurros del corazón o sobre todo la excepcional Recuerdos del ayer, de Isao Takahata. La sección Animaficx abre asi con un título clave y ampliará su oferta con títulos de los que os hablaremos en los próximos días, como la checa Alois Nebel -nominada a los European Film Awards– o lo último de los responsables de Pánico en la Granja. Seguid atentos.