[Crónica FICXixón 2011] El triunfo de la guerra

Con su historia dramática de enfermedad y sufrimiento contada de forma alegre e inventiva, 'La guerre est déclarée' se posiciona como favorita para hacer tilín al jurado. Por DANIEL DE PARTEARROYO

21 de noviembre de 2011

Hagan un descanso en su lectura de análisis, crónicas y desasosiegos ante el resultado de las elecciones generales para leer algo más agradable, como acerca de una película sobre un bebé con tumor cerebral. Hay muchas formas de contar la historia de una pareja joven que debe hacer frente a la enfermedad de su hijo. Bueno, quizás tampoco tantas. Y menos aún son las que permitirían salir airoso de la jugada, esquivando toda manipulación lacrimógena o espectacularización del sufrimiento a las que se presta el tema en las manos equivocadas. La guerre est déclarée (o Declaración de guerra, que es como la va a llamar Golem para su distribución en España) mantiene una relación funambulista con esos peligros, aunque su directora, escritora y protagonista Valérie Donzelli apueste siempre por la vivacidad y el asombro del espectador con constantes cambios de registro antes que por el shock emocional y la llorera indiscriminada.

La historia de los padres Roméo y Juliette y el cáncer de su hijo Adam, detectado a los dos años, está llena de soluciones imaginativas y saltos sin red en cada secuencia, como insertos musicales, trucos de magia, gags visuales, hipérboles trágicas y voces narradoras diferentes. Lo que en un principio parecia un trabajo sólo salvable por un titán del más difícil todavía como Arnaud Desplechin (Un cuento de Navidad), se beneficia de la frescura de Donzelli y su co-protagonista Jérémie Elkaïm a la hora de contar una historia que, además, es la que ellos mismos han vivido con su hijo Gabriel. Así, arropados por la prodigiosa fotografía digital de Sébastien Buchmann, llegamos a conectar con el drama familiar sin que el frío alambre de la manipulación emocional nos deje marca en el cuello. Algo nos dice que la unión de tema, forma de tratarlo y, qué demonios, resultado final, hacen de la peli una muy seria candidata a enamorar al jurado, sobre todo teniendo en cuenta que Eduardo Chapero-Jackson es su presidente. De momento, en nuestra sesión se llevó un atronador estruendo de palmas.

Declaración de guerra

Ya que hablamos de directoras, demos paso a otras dos de las estrellas femeninas detrás de las cámaras del festival (la más brillante, Mia Hansen-Love, no llega hasta mañana a la ciudad, según mi planning de acoso). A Marie Losier y sus modelitos über cute se les ve disfrutando de la gastronomía asturiana y los pases de películas de sus amigos, como Raya Martin. Además de un par de sesiones con sus cortos, el festival proyecta el magnífico documental The Ballad of Genesis and Lady Jaye sobre el proceso de mutación quirúrgica del cuerpo del artista y cantante de Psychic TV P-Orridge mediante el cual transformó su figura en el doble especular (que no tardaría en ser espectral al morir ella) de su amada Lady Jaye. Un hermoso collage de imágenes íntimas de la pareja que da una estimulante deriva quirúgico-hormonal a la idea del amor como vampirización del otro.

Ballad

Si la francesa Losier, afincada en Nueva York, mantiene una vinculación estética muy presente con el underground neoyorquino, las marcas de estilo de Miranda July se insertan en la corriente artística de la costa contraria, principalmente la escena indie de Portland. Con The Future ya vista, puedo apuntalar mi teoría de que la creatividad de la directora de la superior Tú, yo y todos los demás funciona mucho mejor en recorridos cortos. Le vienen bien los encapsulados más concentrados para sus despuntes de genio, que así dejarían menos sitio libre a los excipientes de cursilería. Pero bueno, tampoco están las cosas, en el cine y en la vida, como para echarle en cara a alguien que sólo pretenda agradar.

Crónicas anteriores desde Gijón:

Día 2

Día 1