Correspondencia del día: Las cartas de Hitchcock y Vladimir Nabokov

El director de 'Psicosis' y el autor de 'Lolita' intercambiaron varias ideas para guiones en 1964. Aunque la colaboración entre ambos no tuvo lugar, sus historias te resultarán muy familiares. Por CINEMANÍA

06 de diciembre de 2012

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  • Cuando los cinéfilos pensamos en Vladimir Nabokov, inmediatamente pensamos en su novela más famosa: Lolita. Y, por supuesto, inmediatamente nos viene a la cabeza los nombres de Stanley Kubrick, James Mason, Sue Lyon y Shelley Winters. Bueno, y también los de Adrian Lyne, Jeremy Irons y Dominique Swain, pero de eso mejor no acordarse demasiado. El caso es que el genial escritor ruso (que, durante esos años, vivía exiliado en EE UU) se llevó bastante bien con el genio del Bronx, más que nada porque ambos eran asiduos ajedrecistas… Pero también tuvo sus contubernios con otro gigante del cine. Estamos hablando de nada menos que Alfred Hitchcock. Y no sólo eso: también estuvo a punto de escribirle un guión.

    En 1964, dos años después de que Kubrick obtuviera el éxito (y el escándalo) con su adaptación de Lolita, Hitchcock se puso en contacto con Nabokov. El autor de Con la muerte en los talones no sólo quería expresar su admiración por el literato, sino también confiarle un par de ideas : según el cineasta, Nabokov era el hombre indicado para convertirlas en “historias emocionales y psicológicas, expresadas en términos de acción y movimiento y que, naturalmente, me permitan regodearme en el suspense habitual”. Nabokov no sólo se mostró muy agradecido por la solicitud, sino que (en la mejor tradición del groupie cinéfilo) replicó contándole a Hitchcock dos ideas propias para sendos guiones que, la verdad, estaban bastante bien. A continuación te traducimos la propuesta de Hitchcok.

    Querido Sr. Nabokov:

    Para proseguir con nuestra conversación telefónica acerca de mis futuros proyectos necesitados de guión, me gustaría proporcionarle sendos borradores de dos de ellos confiando en que quizás uno le interese lo suficiente como para convertirlo en una historia.

    Si usted se mostrara interesado, me gustaría precisar que sólo conservaría los derechos para el cine y la televisión. Los derechos literarios le pertenecerían a usted.

    La primera idea en la que he estado trabajando está basada en una cuestión que no creo haber visto nunca abordada en las películas o, hasta donde sé, en la literatura. Es el problema de una mujer asociada, bien por matrimonio o por compromiso, con un desertor.

    En el caso de una mujer casada, no cabría duda de que se pondría del lado de su marido. (…) La pregunta que de verdad me interesa es cuál sería la actitud de una chica joven, enamorada o prometida con un científico que podría ser un desertor.

    Para poner un ejemplo algo tosco: supongamos que el hijo de Werner Von Braun es tan brillante como su padre, y trabaja en proyectos de alto secreto. Es un ciudadano estadounidense y, según todas las apariencias, está libre de los antecedentes de su padre. Pero de repente, un buen día, se va a pasar unas vacaciones con los parientes de su familia.

    (…)

    La novia del chico es la hija de un senador, y quiere acompañarle en el viaje. El servicio secreto, que tiene sus dudas sobre las intenciones del científico, la recluta para ayudarle.

    La película se convertiría en la historia de un viaje detrás del Telón de Acero, pero sobre todo se centraría en el periplo de la chica. ¿Quién sabe? Tal vez podría ponerse de su parte. Todo dependería de cómo se defina al personaje. Haciendo esto, ella podría cometer un terrible error, sobre todo si él resulta ser un agente doble.

    (…)

    Ahora, mi siguiente idea, que no estoy seguro de si realmente le gustará, pero tal vez podría.

    Hace muchos años, empecé a trabajar en un guión para la productora inglesa para la cual trabajaba por entonces. La idea se quedó sin terminar debido a mi mudanza a EE UU. Me pregunté lo que ocurriría con una chica que ha pasado toda su vida en un convento de Suiza debido al hecho de que su padre es viudo, saliese del internado al final del curso. Ella volvería junto a su padre, que trabajaría como gerente de un gran hotel internacional (en el momento, se me ocurrió el Savoy de Londres). Este gerente, el padre de nuestra joven heroína, tiene un hermano que trabaja de recepcionista, otro hermano que ejerce de contable, un tercer hermano que es el chef del hotel, una hermana que es el ama de llaves y una anciana madre que vive en el ático del edificio. La mujer tiene cerca de 80 años, es una matriarca.

    Resulta que toda la familia forma una banda de ladrones que emplea el hotel como base de operaciones. Y nuestra inocente heroína de 19 años se ve en medio de ese escenario. Como verá, toda la parte del hotel (especialmente sus interioridades) sería extremadamente colorista, dado que el grueso del acción transcurriría en él, tanto en las zonas del servicio como en las habitaciones y en el club nocturno. En otras palabras: quiero una historia que transcurra en un hotel, no sólo una sucesión de escenas ambientadas en uno.

    (…)

    Como le señalé en nuestra conversación por teléfono, los guionistas profesionales no son la clase de gente que toman ideas como estas y les dan la forma de un material en condiciones. Ellos suelen ser gente que adapta las ideas de otros. Por eso estoy ignorándoles y acudiendo directamente a alguien como usted, un narrador.

    Sinceramente, Alfred Hitchcock”.

    Como podéis ver, las ideas de ‘Hitch’ tenían su sello personal, y da bastante pena que Nabokov no acabase convirtiéndolas en guiones, aunque la primera de ellas resulta casi idéntica al argumento de Cortina rasgada (de 1966, con Paul Newman y Julie Andrews). A continuación os ofrecemos la respuesta de Nabokov, afortunadamente mucho más concisa.

    Querido Sr. Hitchcock,

    Muchas gracias por su carta. Encuentro sus dos ideas muy interesantes. La primera de ellas me resultaría difícil de llevar a cabo porque no conozco los detalles suficientes acerca de las cuestiones y los métodos de la seguridad de EE UU, ni tampoco acerca de cómo trabajan las agencias de espionaje, bien juntas, bien por separado.

    Su segunda idea me resulta muy aceptable. Provisto de una libertad absoluta (como supongo que usted me concedería) creo que podría transformarla en un guión de cine. Pero tendríamos un problema de tiempo. ¿Qué plazos tiene usted en mente? Actualmente me hallo muy ocupado con varias cosas a la vez. Podría dedicarle algo de tiempo durante este verano, pero lo tendría muy difícil para trabajar en él en serio. Por favor, indíqueme cómo lo vé.

    Ya que estamos, me gustaría ofrecerle brevemente dos ideas de mi cosecha. Las hallará, anotadas de mala manera, en el folio anexo a esta carta. Por favor, hágame saber qué le parecen. Si le gustan, hablaremos sobre ella.

    Me gustó mucho hablar con Ud. por teléfono.

    Con mis mejores deseos y sinceramente suyo, Vladimir Nabokov

    1 .- Una chica, una estrella ascendente pero aún de segunda fila, es cortejada por un astronauta. Al principio, ella se muestra condescendiente: tiene un lío con él, pero podría tener uno o varios amantes al mismo tiempo. Un buen día, él encabeza una expedición a una estrella lejana: viaja hasta allí, y regresa con éxito. Las situaciones de ambos han cambiado: él es el hombre más famoso del país, mientras que la carrera de ella se ha estancado. Ella está ahora contentísima de quedarse a su lado, pero se da cuenta de que no es el mismo que antes de su viaje. Ella no puede precisar en qué consiste el cambio. El tiempo pasa, y la chica pasa de estar preocupada a estar asustada, y finalmente a estar aterrorizada. Tengo más de una resolución interesante para este argumento.

    2.- Aunque tengo poca idea acerca de la inteligencia militar de EE UU, he recabado bastante información sobre el espionaje soviético. Llevo bastante tiempo considerando escribir la historia de un hombre que cruza el Telón de Acero para exiliarse en EE UU. El peligro constante en el que vive, su necesidad de ocultarse y de evadir a los agentes de su país natal que le persiguen para secuestrarle o matarle.

    Como veréis, las ideas de Nabokov también tenían chicha. La segunda, incluso, nos recuerda a una película realizada muchos años después: La cara del terror (1999), con Johnny Depp y Charlize Theron. ¿Casualidad? En cualquier caso, si queréis leer los textos originales de estas misivas (en inglés) podéis acudir a la web The American Reader.

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