¿Supondrá el coronavirus el fin de los extras de cine?

Tanto el parón actual en la industria del cine como las nuevas medidas de seguiridad que se adoptarán tras la pandemia podrían suponer el fin de los extras.

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05 de mayo de 2020

La crisis del coronavirus ha retrasado un sinfín de estrenos cinematográficos que iban a llegar estos meses a la gran pantalla, a la vez que ha puesto en suspenso rodajes de series y películas por todo el mundo. Con la industria totalmente paralizada, Deadline analiza ahora cuál será el futuro de los extras de cine, una profesión que podría desaparecer.

Tal y como apunta la publicación norteamericana, esta profesión ya se ha visto amenazada por los avances tecnológicos que permiten crear multitudes por ordenador, y ahora la propagación de la COVID-19 podría suponer su extinción.

Entre las recomendaciones sobre el proceder en los sets de rodaje que se han filtrado en las últimas semanas en Australia, Suecia, Dinamarca, o en Film Florida y Warner Bros. TV, todas tienen un aspecto en común: la eliminación virtual de escenas con aglomeraciones, así como la reducción del número de extras o su sustitución por miembros del equipo. De esta forma, pretenden limitar el acceso al set y contar solo con el personal esencial.

“Eso convierte a los extras en el grupo más vulnerable”, asegura Rick Markman, un veterano de la profesión, a Deadline. Markman también recalca la importante labor que cumplen estos actores que sirven como telón de fondo en las historias que vemos: “Son los que llenan los estadios en los eventos deportivos y los conciertos, comen en restaurantes y cafeterías, compran en tiendas, van a bodas y funerales, caminan por las aceras. En resumen, los extras son la multitud que proporciona realismo a las series y a las películas”. 

La asociación Film Florida, entre sus recomendaciones, incluye la de contar con suficiente espacio, mesas y sillas para los extras en las áreas de espera para que mantengan la distancia social”. “Hasta que se nos necesita en el set, nos mantienen en salas de espera”, cuenta Markman: “Y muchas veces estas salas son como una lata de sardinas. Sería imposible mantener la distancia social en las condiciones en las que trabajábamos antes de la COVID-19″. 

Cabe apuntar que estos trabajadores son a menudo actores profesionales, como Markman, miembros del sindicato de intérpretes americano SAG-AFTRA: “Pagamos como miembros y debemos cumplir ciertos criterios basados en nuestras ganancias para tener cobertura sanitaria y pensión. Si se recorta, muchos miembros no podrán pagar esto”.

En ese mismo aspecto, la actriz y miembro de la junta local de Los Ángeles, Linda Harcharic afirma: “La mayor preocupación de la comunidad de extras en este momento es no poder optar a cobertura médica y jubilación porque no hay trabajo”.

El número de actores profesionales que ejercen como extras varía de una producción a otra. Aunque los acuerdos del SAG-AFTRA se aseguran de que sus intérpretes tengan prioridad a la hora de ser contratados, ahora todo ha quedado en el aire con la crisis. “¿Respetarán los productores los contratos con el SAG-AFTRA y contratarán a extras del sindicato? ¿Y reforzará el SAG-AFTRA nuestros contratos eliminando así a actores que no sean del sindicato si el número de personas en un set de rodaje se ve reducido?”, se pregunta Markman.

De no cumplir con esos acuerdos, “los productores podrían contratar a extras que no pertenezcan al sindicato y nosotros desaparecer”. Si no, sería los extras que no pertenecer al organismo los que podrían quedarse sin trabajo. “No importa cuales sean las nuevas directrices de seguridad o protocolos en el set, hay una cosa clara: el rol del actor que trabaja de extra cambiará dramáticamente para siempre”.  

El actual contrato del SAG-AFTRA caduca el 30 de junio y tanto el sindicato como los estudios están estudiando un nuevo pacto. A eso cabe sumarle el miedo por parte de estos extras de que, tras la pandemia, no haya cabida para ellos en los nuevos guiones que ya se estarían escribiendo para “incluir el mínimo de intérpretes de fondo”. 

¿Y cómo se prescinde de ellos? Sustituyéndolos por CGI o por otros miembros del equipo. “En primer lugar, por contrato el equipo no puede trabajar como extras. Hay excepciones que tienen que contar con la aprobación del  SAG-AFTRA”, afirma Markman: “Además de que no es productivo porque ya tienen suficiente trabajo”.

En cuanto al uso de efectos visuales, añade: “El CGI está bien para escenas en grandes estadios con planos amplios en los que la multitud participa poco en la acción y no tienen importancia en la trama. Pero si hay actores principales en medio de la aglomeración, quieres gente real detrás de ellos, no gente creada por ordenador. Lo mismo con secuencias en restaurantes, centros comerciales, o iglesias. Sería muy poco realista”.

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