“Con las películas cubrimos costes. Los beneficios los dan las palomitas”

Exhibidores y empleados de cines españoles dan la clave: siguen haciendo negocio gracias a la venta de palomitas. ¿Revelación dulce o salada? Por IÑAKI BERAZALUCE

09 de marzo de 2012

Que las palomitas de los cines son uno de los productos que mayor margen de beneficio brindan a cualquier tipo de negocio es un secreto a voces: con cien gramos de maíz (40 céntimos de euro) sale una caja de palomitas, que se vende en el cine por 3,5 euros. ¡Eso es un portentoso 900% de beneficio!

El Cine Ideal (de la cadena Yelmo) es un clásico de la versión original en Madrid. Su cartelera ha mutado en su historia desde aquella intimidante categoría llamada “arte y ensayo” hacia películas cada vez más comerciales, una evolución que ha venido acompañada del crujido de las palomitas en la sala. “Nos dejan un margen de beneficio del 100% y las películas de entre el 20 y el 30%”, nos cuenta Laila, encargada del cine. ¿Se programan entonces películas más “palomiteras” para aumentar el margen? “No. Hay películas en las que entran 20 espectadores, todos con sus palomitas, y películas como The Artist en las que entra mucha gente, pero casi nadie las come.

Inopinadamente, The Artist, la película muda que acaba de triunfar en los Oscar se convierte en un termómetro del “palomiterismo” en la elaboración del reportaje. En los cines Princesa, otros de V.O., Ángela y Christian, los vendedores de la barra, confiesan que “casi todo el mundo entra con palomitas a ver The Artist”. “¡Pero si es muda!”, apunto. “Por eso mismo”. Lógico.

El perfil del espectador palomitero para estos trabajadores del maíz inflado es prístino: de 20 a 50 años, va a ver una peli de acción o una comedia, viene en fin de semana, con su pareja y se gastan mínimo 8 euros entre ambos, “porque no hay palomitas sin refresco”. La pareja de veinteañeros nos desvelan uno de los secretos mejor guardados por los cines, la cantidad de palomitas vendidas: un día de fin de semana, no menos de 20 kilos de maíz.

Uno de los mayores vendedores de palomitas (amén de exhibidor de películas) es Kinépolis, 63 salas repartidas en tres megacomplejos de Madrid, Granada y Valencia, amén de los correspondiente mostradores de ventas de chuches, refrescos y palomitas. La responsable de marketing de Kinépolis, Ruth Benito, reconoce que las “cotufas” son el verdadero negocio de la cadena: “Todo lo que ingresamos en palomitas se lo queda el cine, pero la mitad del precio de la entrada va para el distribuidor, las asociaciones de derechos de autor, etc.”. ¿Cuántas toneladas de palomitas puede vender Kinépolis un fin de semana? “Uf, muchas”. ¿Cuántos espectadores entran a la sala con su caja de palomitas? “Más de la mitad, calculo”. (En cines de versión original, esta cifra es del 15-25%, según los cálculos de este cronista).

Así las cosas, ¿puede sobrevivir un cine hoy en día sin vender palomitas? “Nosotros no, desde luego”, dicen desde Kinépolis. “Nosotros no podríamos”, aseguran desde Yelmo Ideal. “Pues nosotros llevamos 24 años sin vender y aquí seguimos”, responde Carmen, taquillera del Cine Renoir, uno de los dos únicos cines puristas de Madrid (el otro es los Golem). “El dueño del cine [Enrique González Macho, a la sazón presidente de la Academia] dice que ganaría más dinero si cerrara una sala y pusiera una barra de palomitas”, afirma Carmen.

Pero no lo va a hacer: “Es nuestro rasgo distintivo -subraya Brian, acomodador- Aquí viene gente que no le gusta el sonido de las palomitas…o el olor de la comida en la sala”. Además, vender comida también tiene sus desventajas, desgranan a coro Brian y Carmen: necesitas a alguien que limpie entre las sesiones, el cine se pone perdido… “¡En otro cine en el que trabajaba llegué a recoger hasta cáscaras de huevo!”, exclama, para rematar, indignada, “¿pero cómo puede alguien comer palomitas viendo The Artist?”. Más de los que crees…

 

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IÑAKI BERAZALUCE es culpable de, por lo menos, la mitad de Strambotic.