Cómo NO titular tus secuelas de cine

¿Te cuesta pronunciar el título de la nueva 'Independence Day'? Pues, aun así, suena mejor que estas continuaciones bautizadas de aquella manera.

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25 de junio de 2015

Ahora mismo, mientras tú lees estas líneas, los departamentos de marketing de varias distribuidoras internacionales de cine tienen que estar echando fuego, y sus responsables tirándose de los pelos. Y no porque se les haya estropeado el aire acondicionado, precisamente. Es que, a la hora de ponerle un nombre a la (postergadísima) secuela de Independence Day, el señor Roland Emmerich no ha tenido otra idea que bautizarla como Independence Day: ResurgenceAlgo que puede poner en aprietos al traductor más experto de títulos de cine: no se trata sólo de que la fórmula “Título de la película original: Una palabra o expresión que suene impactante” ya empiece a oler, máxime después de que las sucesivas entregas de Star Trek (desde Star Trek 2: La ira de Khan hasta Star Trek: En la oscuridady las secuelas más recientes de Marvel, por citar sólo unos ejemplos, la hayan exprimido hasta la extenuación. Se trata también de que la palabreja de marras resulta ya fea en inglés, y no queremos ni pensar en cómo podrá verterse a otros idiomas…

Por lo pronto, eso de “Independens Dei: Risuryens” (pronunciación aproximada) no suena muy pegadizo a priori para el público español: lo de dejar el título en inglés, por las bravas, parece poco practicable. Además, la Real Academia no admite la palabra “Resurgencia”, que designa a un fenómeno oceanográfico también conocido como “Afloramiento”, Independence Day: Afloramiento no queda muy épico, que digamos. Así pues, habrá que confiar en la habitual pericia española para rebautizar películas de aquella manera… y también recordar que las secuelas de cine son terreno fértil para títulos estúpidos, redundantes o que directamente dan risa floja. Aquí van unos ejemplos.

Instinto básico 2: Adicción al riesgo (2006)

Secuela (innecesaria) de… Instinto básico (1992), aquel thriller que escandalizó al mundo con un descruzamiento de piernas.

¿Quién tuvo la culpa? El original: Basic Instinct 2: Risk Addiction.

¿Por qué nos horripila? Por apropiarse de un término pseudopsicológico puesto de moda por los medios para describir, de forma tirando a torpe, las aficiones de su protagonista: resulta que ir por la vida acabando con machitos cocainómanos a golpe de picahielos, como Catherine Tramell (Sharon Stone) es un efecto de la misma patología que lleva a otros a saltarse los límites de velocidad o a hacer puenting sin revisar antes los cables. Seguro que Michael Douglas Paul Verhoeven tendrían algo que decir al respecto…

Vuelve el padre de la novia (Ahora también abuelo) (1995)

Secuela de… El padre de la novia (1991), el remake del clásico de 1950 con Spencer Tracy en funciones paternas y Liz Taylor como hija casadera.

¿Quién tuvo la culpa? Los traductores: el original se titula, sencillamente, Father of the Bride Part II

¿Por qué nos horripila? Cuando la versión original de El padre de la novia tuvo su secuela, el director Vincente Minelli la tituló Father’s Little Dividend: la broma resultaba graciosa en inglés, pero resultaba complicado verterla a nuestro idioma, de modo que los traductores de entonces optaron por una alternativa sobria y eficaz: El padre es abuelo. Así pues, ¿por qué no se empleó de nuevo esa opción cuando a Steve Martin le tocó arrullar a su nietecito? Ni idea, pero el resultado fue un título feo, farragoso y contrario a la economía del lenguaje. Y con paréntesis, con lo feo que queda eso.

2 Fast 2 Furious – A todo gas 2 (2003)

Secuela de… A todo gas (2001). Sabemos que, a estas alturas, duele recordar el retitulado de marras, pero es lo que hay.

¿Quién tuvo la culpa? Todo el mundo, en general: aunque lo de “A todo gas” no tuviera perdón de Vin Diesel, el original también se las traía.

¿Por qué nos horripila? Vayamos por partes: el título en inglés de esta secuela aprovechaba la homofonía entre “two” (“dos”) y “too” (“demasiado”, aunque en el contexto tal vez quede mejor “demasiao”). Algo que, además de complicar la cosa para el espectador sin idiomas, quedaba de un macarra subido. Quieras que no, esto seguía evocando la imagen de señores cachas y pibones sin escrúpulos surcando autopistas a bordo de cochazos, pero, si la versión española nos sugería algo, era la estampa de chavales pelocenicero castigando rotondas subidos a sus motos con kit Yasuni. Y de ese trío de doses mejor no hablamos, que se nos sube el nitrometano a la cabeza.

Siempre sabré lo que hicísteis el último verano (2006)

Secuela de… Sé lo que hicísteis el último verano (1997), película que bien podría haberse titulado “Queríamos hacer ‘Scream’, pero Wes Craven se nos adelantó”, y su secuela Aún sé lo que hicísteis el último verano (1998). Está claro que el Hombre del Gancho no tiene problemas de memoria.

¿Quién tuvo la culpa? El original: I’ll Always Know What You Did Last Summer.

¿Por qué nos horripila? Ya en su momento de esplendor, con Jennifer Love Hewitt a la cabeza del reparto, los títulos de esta saga de slasher veraniegos suscitaron mucho cachondeo: en inglés, por lo aparatoso, y en español, porque “el verano pasado” hubiera sido la fórmula correcta. Cuando apareció esta tercera parte, en cambio, casi nadie se rió, más que nada porque el serial tenía ya el arroz más pasado que la paella de un chiringuito de Gandía.

El caballero oscuro. La leyenda renace (2012)

Secuela de… El caballero oscuro (2009), la película que, junto a su antecesora Batman Begins, hizo que nunca más pensáramos en armaduras con pezones al recordar al Hombre Murciélago.

¿Quién tuvo la culpa? Los traductores: el original, The Dark Knight Rises, tampoco era para tirar cohetes, pero quedaba más digno.

¿Por qué nos horripila? Cuando Christopher Nolan bautizó por fin su tercer viaje a Gotham City, muchos nos encogimos de hombros: con los millones de Bruce Wayne, seguro que se podía haber escogido un apelativo más saleroso. Sin embargo, el anuncio de la versión española nos dejó con un gesto que ríete tú del Joker de Heath Ledger, por incongruente y por usar ese punto y seguido que hacía pensar en una visita de Bane a la Real Academia. No es por nada, pero los títulos alternativos que propusimos en su momento estaban mucho mejor.

X-Files – Creer es la clave (2009)

Secuela de… Expediente X (1998). Igual de sinfustona que su predecesora, pero con un título español menos bochornoso.

¿Quién tuvo la culpa? Los traductores: no es que The X Files: I Want To Believe fuese la repanocha, pero…

¿Por qué nos horripila? Los más jóvenes del lugar lo mismo no lo captan, pero quienes pasamos la adolescencia siguiendo a Fox Mulder Dana Scully sufrimos lo nuestro al darse a conocer este título. Primero, porque la serie que dio lugar a esta película se llamaba Expediente X de toda la vida, y su lema siempre fue ese “Quiero creer” del poster que adornaba el (cochambroso) despacho de su protagonista masculino. Segundo, porque un título español tan penoso no hacía más que recordarnos lo evidente: que del serial de Chris Carter ya no se acordaba ni Perry, que David Duchovny Gillian Anderson estaban ahí sólo por el cheque y que este filme apenas tenía sentido. A ver si con el relanzamiento en TV hay más suerte…

Jason X (2001)

Secuela de… La saga Viernes 13, aunque cueste creerlo.

¿Quién tuvo la culpa? El equívoco ya venía de fábrica, y miedo nos da sólo de pensar en lo que podría haber resultado de una traducción ‘creativa’.

¿Por qué nos horripila? Así como Jason X no es en absoluto una mala película (su sentido del humor, su viraje a la ciencia-ficción y su cameo de David Cronenberg bien valen un rescate), su título tiene más sentido del que parece: se trata de la décima entrega de Viernes 13, con lo que la letra de marras no es tal, sino un número romano. La cuestión es que, con ese título, uno no pensaba tanto en una vindicación del campamento Crystal Lake como en una de esas películas, basadas en otras películas de carácter más convencional, que antes la gente alquilaba a hurtadillas en el videoclub y que ahora se baja de internet como si no hubiese un mañana. Vosotros nos entendéis.

La saga Crepúsculo: Amanecer – Parte 2 (2012)

Secuela de… Como su propio nombre indica, estamos ante la última entrega (¡por fin!) de la saga de vampiros castos.

¿Quién tuvo la culpa? Un poco todo el mundo, empezando por Stephenie Meyer y acabando por los ejecutivos de marketing.

¿Por qué nos horripila? Si bien lo de dividir en dos estrenos la última entrega de un serial no fue cosa suya (Harry Potter y las reliquias de la Muerte se les adelantó), los capítulos de Crepúsculo batieron casi todos los récords de idiocia en lo que a títulos de cine se refiere: por si su público objetivo no se supiese ya los nombres de las novelas originales, había que añadir a machamartillo lo de a qué saga pertenecían, por si acaso alguien se olvidaba. El colmo llegó con su último capítulo (partido por dos), que no sólo repetía esa fórmula tan machacona, sino que además añadía un guion tipográfico muy feo y muy puñetero. ¿Lo que más rabia nos da? Que la pobre Katniss Everdeen haya tenido que apechugar con esta costumbre: como si la moza del arco y las flechas no tuviera bastante ya con lo suyo…

Wall Street: El dinero nunca duerme (2010)

Secuela de… Wall Street (1987). A falta de reaganomics, Oliver Stone y el financiero Gordon Gekko (Michael Douglas) hacen su agosto con la crisis.

¿Quién tuvo la culpa? No sabemos si el director o los dos guionistas: en todo caso, lo de Wall Street: Money Never Sleeps estaba en el original.

¿Por qué nos horripila? De acuerdo: Wall Street 2, a secas, hubiera quedado perezoso, máxime tratándose de una secuela postergada la friolera de 23 años. Pero, puestos a optar por la fórmula de los puntos suspensivos y la apostilla aguda a la par que inquietante… ¿no había la posibilidad de optar por una frase un tanto menos tonta? En todo caso, cuando se estrenó la película no le prestamos demasiada atención a este defecto: estábamos demasiado pasmados con lo soso que se mostraba Shia LaBeouf. Y con el cameo de Charlie Sheen, un poco también.

El último exorcismo 2 (2013)

Secuela de… El último exorcismo (2010). Un título tramposo, por lo que se ve.

¿Quién tuvo la culpa? El título original es The Last Exorcism: Part 2. ¿Una conexión insospechada con Crepúsculo?

¿Por qué nos horripila? Vamos a ver: ¿no habíamos quedado en que era el último? Pues no: resultó que era el penúltimo. Y, si se rueda la tercera parte, cosa que dudamos, acabará siendo el antepenúltimo. Porque, cuando se trata de estirar los dividendos de un hit de bajo presupuesto, la coherencia salta por la ventana…

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