Cómo adaptar una novela al cine: manual de instrucciones

David Mitchell, autor de 'El Atlas de las nubes', da cinco sabios consejos a los guionistas que se entrometen con libros ajenos. Por CINEMANÍA

31 de marzo de 2013

Está claro que ni la crítica ni el público han terminado de ponerse de acuerdo acerca de El Atlas de las nubes. Que si una obra ambiciosa pero fallida, que si un desastre sin paliativos, que si una futura película de culto… Cada cual tiene su opinión. Lo que sí podemos decir nosotros es que David Mitchell, autor de la novela original y coguionista de la película, tenía las cosas muy claras cuando se alió con los Wachowski y Tom Tykwer para llevar su libro al cine. Porque, en una columna para el Wall Street Journal, este literato inglés proporcionó cinco consejos para adaptar novelas al cine. Los cuales nos han impresionado mucho, hasta el punto de que aquí te los ofrecemos extractados y con ejemplos a granel. Aquí puedes leer el artículo original (en inglés).

Primero: “La abundancia de los libros es exceso en el cine”

Lo que dice Mitchell: “A una novela se le permite que se ande por las ramas. La divagación es una virtud literaria. Dickens, Thackeray y compañía tenían que llenar páginas en revistas, y sus novelones son como un cofre de dvd con una serie completa. Las películas, por contra, cuestan cerca de 8.000 euros por minuto, y tras 180 minutos de duración, el ojo humano comienza a resentirse”.

Un ejemplo positivo: El Padrino. Aunque su duración sea mastodóntica (175 minutos: ¿casualidad?), el filme de Coppola resume drásticamente, y para mejor, la novela de Mario Puzo. Los flashbacks sobre la juventud de Don Vito fueron reciclados para El Padrino II, mientras que otras subtramas desaparecieron para siempre. Nosotros no las echamos de menos.

Segundo: “En el libro, sugiere. En el cine, sé exacto”

Lo que dice Mitchell: “Muchos detalles en la página congestionan el texto igual que el colesterol congestiona las arterias: con tres frases por descripción suele sobrar. El truco está en poner en marcha la imaginación del lector y que ella trabaje por ti. Pero en el cine no puedes contar con esto: las cosas están o no están en la pantalla”.

Un ejemplo positivo: Blade Runner. El autor de la novela, Philip K. Dick, no era precisamente aficionado a las descripciones largas, así que Ridley Scott y su equipo partieron casi de cero en su versión del Los Ángeles futurista. Pese a ello, o precisamente por ello, el novelista se echó a llorar cuando vio uno de los primeros copiones de la película, emocionado por la similitud entre las imágenes y sus propias visiones distópicas.  Blade Runner lo cambiará todo en la ciencia-ficción”, escribió Dick. Y no iba desencaminado.

Tercero: “Cariño, he encogido al reparto”

Lo que dice Mitchell: “Hay novelas, como El Señor de los anillos, que tienen sitio para docenas de personajes, la mayoría de los cuales desaparecen tras unos pocos párrafos. Pero una película debe ser selectiva, para que el espectador no pierda la pista de quién es quién”.

Un ejemplo positivo: Juego de tronos. La trilogía de Peter Jackson nos vale también, pero piensa en esto: si el número de nobles (enanos o no) y plebeyos (o plebeyas) que se mueven por la serie de HBO te parece desproporcionado, ten en cuenta que en los libros originales de George R. R. Martin pululan, por lo menos, el triple. Si los responsables del show los hubiesen mantenido a todos en sus guiones, imagina el desbarajuste.

Cuarto: “Simplemente, añade música”

Lo que dice Mitchell: “Por ahora, los libros no tienen sonido, aunque es posible que esto cambie con los e-books. Pero un compositor con talento puede transformar la esencia de una novela en música y hacer que se mueva por la película como el Espíritu Santo”.

Un ejemplo positivo: Lo que el viento se llevó. La novela original de Margaret Mitchell no es gran cosa, pero su versión cinematográfica resulta apabullante. ¿Por qué? Pues, aparte de por Clark Gable, Vivien Leigh y los directores que trabajaron en ella, por ese tremendo tema de Max Steiner que recorre sus escenas más importantes.

Quinto: “Todas las tramas deben cerrarse”

Lo que dice Mitchell: “El contrato tácito entre escritor y lector no contiene una cláusula que rece: ‘Yo, el novelista, prometo revelar el destino final de los personajes principales’. Pero en el cine la cosa cambia: muy pocos filmes bien valorados por la posteridad dejan al público en la incertidumbre”.

Un ejemplo positivo: La carretera. Como este consejo se presta a ENORMES SPOILERS, no queremos dar muchos detalles. Pero sí podemos decir que, con cuatro pinceladas, el filme de John Hillcoat transforma la ambigua (y tétrica) conclusión de la novela de Cormac McCarthy en un cierre mucho más positivo. Sin por ello, y esto es lo importante, desviarse demasiado del original.

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