Cine de superhéroes: Ni Marvel ni DC, Shyamalan

Aprovechamos el estreno de 'Glass' para analizar el impacto que han tenido los cómics de superhéroes en el cine de M. Night Shyamalan.

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18 de enero de 2019

Hubo un tiempo en que los cómics tenían mala prensa. No es solo que fueran una cosa de raritos o frikis, sino que incluso Hollywood se alejaba de ellos como de la peste. Algo a lo que no ayudaban los fracasos en taquilla de películas de superhéroes que parecían hechas con desgana y el triunfo de películas de capas y mallas que sus propios autores insistían que no lo eran. Y si bien Blade siempre fue un héroe, digan lo que digan las malas lenguas, si hay un director influenciado por el cómic fuera del actual dominio de Marvel/DC ese es M. Night Shyamalan.

Entender la influencia del cómic en Shyamalan no resulta difícil. Todo su cine está marcado por no pocos elementos ya no de los tebeos en general, que es un medio extenso y con muchas tendencias distintas, sino de las viñetas de superhéroes en particular, donde más claramente bebe la totalidad de su filmografía.

De hecho, podríamos usar una serie de superhéroes bien conocida por el gran público para ejemplificar los parecidos entre los cómics de superhéroes y el cine de Shyamalan. Pues para eso sólo necesitaríamos hablar de los X-Men.

Si algo define a los mutantes cinematográficos es que siempre están marchándose de aventuras. No tienen un lugar específico donde transcurran sus vivencias, sino que siempre están moviéndose allá donde hay problemas. Ya sea yéndose al espacio, a selvas ignotas o a otra dimensión, sus aventuras siempre tienen un componente que va más allá de la presencia de un villano dispuesto a amargarles la vida. En parte, también, porque los X-Men no son solo un grupo de superhéroes, también son un grupo de personas que se relacionan entre sí cada día, siendo ese el único contacto humano que tienen. Y por eso se enamoran, se decepcionan y se apoyan mutuamente.

Es en ese sentido en el que las películas de Shyamalan se parecen a los cómics de superhéroes, en el factor humano. En cómo detrás de conceptos inmensos, que prometen enormes aventuras, hay un núcleo puramente emocional. Una reflexión sobre lo que implica ser humano y tener sentimientos; no ser capaz de romper con tu corazón, incluso si eres capaz de otras cosas consideradas imposibles.

Si a eso sumamos otros dos aspectos muy propios de los cómics de superhéroes en general y de los mutantes de Charles Xavier en particular, los cliffhangers y el retrato de la diferencia como un factor positivo en una sociedad que abomina lo que considera diferente, también muy presentes en el cine de Shyamalan, parece difícil desvincular su cine de esos ecos heroicos.

A fin de cuentas, el grueso de sus películas resultan más heroicas, en el sentido de cómic, que casi toda la producción de Marvel o DC. Porque Shyamalan entiende que para ser un superhéroe no hace falta ni un uniforme ridículo ni tener superpoderes. Hace falta comportarse como un héroe. Superar la adversidad incluso cuando nadie más parece dispuesto o capaz de hacer nada para superarlo.

 

Trilogía superheroica 

En cualquier caso, hablar de este cineasta y superhéroes sería absurdo si no entráramos en un mínimo detalle. Al menos, en la medida que tiene una trilogía de superhéroes conformada por El protegido, Múltiple y Glass (Cristal). Por qué estas tres son películas de superhéroes puede parecer evidente. A fin de cuentas, nos encontramos con personas con poderes más allá de las capacidades humanas.

Pero en realidad nos equivocaríamos si pensáramos que su heroísmo se encuentra en los hipotéticos dones que pueden poseer. En parte, son superhéroes por lo que hemos señalado con respecto de los X-Men, partir de una premisa de género para enfrentar a sus personajes a una dimensión personal que sólo ellos pueden confrontar, pero también dos aspectos particulares que son propios de esta trilogía. El uso simbólico del color y la relación personal que existe en la lucha entre el bien y el mal.

El uso de los colores es algo que se ha hecho evidente ya desde los teasers de Glass. Cada uno de los personajes involucrados se nos ha presentado con el color que lo define. David, el héroe protagonista, con el color verde; Elijah, el villano Mr. Glass, con el color púrpura; y Kevin, el monstruo que no tiene control total sobre sus actos, con el color mostaza. Y esto no es casualidad.

Como ha desgranado el propio director en su Twitter, el verde es el color asociado a la vida, el púrpura el color de la nobleza y el mostaza el color de la religiosidad. Es decir, la elección de colores representa, de modo visual, el papel que cada uno de los personajes desarrolla dentro de la historia. Es decir, el héroe dador de vida, el villano que se cree por encima de todos los humanos y el outsider que viene a revelar la verdad al mundo.

Por supuesto, hay más colores. A Kevin se le suele asociar también con el color rojo, color de la pasión y las bestias, como se suele hacer con todos los que cometen malas acciones a lo largo de la trilogía, y no pocas veces el púrpura y el verde se mezclan en escena, especialmente cuando David y Elijah se encuentran o llegan a alguna clase de entendimiento tácito. Pero los colores más importantes son los básicos. El verde, el púrpura y el mostaza. Los colores de los protagonistas.

Algo que también pasa en un cómic muy conocido, Watchmen. Uno de los cómics más estudiados en su uso del color para transmitir información simbólica, incluso si está muy lejos de ser algo único o exclusivo de una obra en concreto.

 

Héroes y villanos

Del mismo modo, la relación personal que existe en la lucha entre el bien y el mal es otro aspecto capital tanto en los cómics de superhéroes como en la trilogía que comenzó El protegido. De nuevo, según palabras del propio Shyamalan, la historia de David y Elijah está pensada como la clásica relación entre un superhéroe y su supervillano de referencia.

Ambos guardan ciertas similitudes, siendo el uno el reflejo del otro, no pudiendo existir sin su presencia. Batman solo lo es por la existencia del Joker, Spiderman por la del Duende Verde, David por la de Elijah. Cada héroe tiene un villano que representa todo en lo que podría convertirse si abandonara su lucha por el bien, y cada villano tiene un héroe que representa todo en lo que podría convertirse si abandonara su lucha por el mal.

Esto no deja de ser la dicotomía clásica de la lucha del bien contra el mal, pero llevada a otra dimensión. Es el reflejo oscuro del héroe. Como por cada persona que existe en el mundo, existe alguien que es su diametral opuesto. Como, necesariamente, esas dos personas van a chocar eternamente, simple y llanamente, porque sus visiones del mundo son irreconciliables. Haciendo que tengan una relación íntima y personal, porque al verse en el otro, tienen un motivo para seguir adelante: no ser como él. Como ese villano, como ese héroe.

Ese es el motor narrativo de toda la trilogía de Shyamalan. No ser el otro. Eso que consideramos lo más terrible que nos podría pasar. Y que podríamos llegar a ser.

Al final la trilogía que componen El protegido, Múltiple y Glass es una historia clásica de cómics de superhéroes. Cada película es un arco, todos los arcos unidos componen una saga. Y es así no porque adapte un cómic concreto, sino porque hace algo mucho más difícil e interesante: utiliza sus códigos narrativos para replicar lo que hacen los (buenos) cómics de superhéroes, pero ahora en una pantalla de cine.

Por eso no debería extrañarnos que tanto Marvel como DC ofrecieran a Shyamalan dirigir una de sus películas de superhéroes. Tampoco que Disney, la actual poseedora de Marvel Studios, le recomendara no publicitar El protegido como una película de superhéroes, porque eso solo le interesaba a un nicho muy particular de gente. Porque, a fin de cuentas, Shyamalan sí siente pasión por los superhéroes, den o no dinero. Y eso lo deja ver no únicamente en sus películas que más evidentemente beben de los cómics, sino también en la totalidad de su filmografía.

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