Ciencia-ficción española en Hollywood: Àlex y David Pastor

Hablamos con ellos del estreno de 'Eternal', un guión original suyo, dirigido por Tarsem Singh, con Ryan Reynolds. Y de 'Incorporated', su primera serie en EE UU.

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17 de julio de 2015

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  • El encuentro es en el Tick Tock Diner, un restaurante ya clásico en la planta baja de otro clásico, el hotel New Yorker. Un lugar adecuado para estos dos hermanos barceloneses, casi neoyorquinos de adopción, los guionistas y directores, Àlex y David Pastor. David lleva viviendo 15 años en la ciudad; y Àlex se mudó en 2006. “Aunque pasamos dos años en Barcelona, mientras hacíamos Los últimos días”, dice el último. Película que, por cierto, está en Netflix para que “unos centenares de americanos puedan verla” y lo hagan “sin ningún tipo de prejuicio, porque la mayoría de las veces no saben ni que es española y va con subtítulos”.

    Debutaron en el largo con Infectados (Carriers), una película de producción americana, con Chris Pine y Piper Perabo como protagonistas; después saltaron a España por Los últimos días; y ahora se estrena Eternal (Self/less), con guión original suyo; dirigida por Tarsem Singh (La celda), con Ryan Reynolds y Sir Ben Kingsley, como protagonistas. Y si todo va bien, el año que viene estrenarán Incorporated, una serie en el canal americano SyFy, producida por la compañía de Ben Affleck y Matt Damon.

    alexdavidpastor

    ¿De dónde sale la idea de ‘Eternal’? ¿Y cómo llega a Tarsem Singh?
    David Pastor: Fue hace unos años, cuando Steve Jobs era uno de los tipos con más éxito del mundo, pero a la vez ya había rumores sobre su cáncer. Empezamos a hablar sobre cómo alguien que lo tiene todo, debería ser la envidia de todo el mundo, pero si está enfermo… Y empezamos a pensar: ¿qué pasaría si su dinero pudiera salvarle y si alguien estuviera dispuesto cambiarse de lugar con él?
    Àlex Pastor: La escribimos hace ya bastante tiempo. Por nuestra cuenta, y una vez terminado lo mandamos a varias productoras, hubo varias interesadas, y al final lo compró una, pero por el camino pasó un año y medio. Lo vendimos, nos fuimos a España, rodamos Los últimos días y cuando estábamos acabando, primero nos dijeron que habían conseguido a Tarsem. Y después nos dijeron que tenían a Ryan Reynolds. Y cuando acabamos, nos volvimos para reescribir.

    ¿Tuvisteis que reescribir mucho?
    AP: No, pero siempre hay ajustes en base a quién es el actor, dónde se va a rodar la película en concreto… Hay que amoldarlo al gusto de quien lo va a hacer.
    DP: Bueno, y que el guión siempre es mejorable. Ellos lo compran, y les debes una reescritura.

    ¿Nunca quisisteis dirigirlo vosotros?
    DP: Lo pensamos. Pero realmente nunca fue una de esas películas con la que sintiéramos un gran apego. A veces escribes historias que son como tu bebé y quieres criarlo tú; a veces son bebés que puedes darlos en adopción, no dejarlos en la puerta del convento, pero si encuentras una familia que los va a querer… Y estábamos muy liados con Los últimos días. Y además lo que pasa siempre con la ciencia-ficción es que mejor no esperar mucho porque siempre hay alguien por ahí que tiene una idea parecida y te la va a pisar. Nos ha pasado muchas veces.
    AP: Le pasa a todo el mundo. A nosotros nos pasó cuando estábamos con Carriers, y a tres semanas de rodar leímos la crítica del libro de La carretera, de Cormac McCarthy.
    DP: La de preguntas y comentarios que oímos y vimos sobre si nos habíamos inspirado.
    AP: Hasta cierto punto las historias están un poco limitadas. Esa obsesión con la originalidad extrema es un poco irritante, lo importante es cómo está conectado. Prefiero ver la misma historia contada con otro punto de vista y otra personalidad, a que no llegue a existir esa película.

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    ¿Y en qué punto está ‘Incorporated’?
    DP: Vamos a dirigir el piloto este verano en Canadá, haremos la postproducción en Los Ángeles, y si la cadena decide coger el piloto –que no hay nada seguro–, la idea es moverse a Los Ángeles para estar a tope con ella. El proceso de televisión es largo…

    ¿Podéis avanzar algo del argumento?
    DP: Es una serie de ciencia-ficción, ambientada en 50 años en el futuro en un mundo en el que las corporaciones tienen un poder absoluto, el gobierno no tiene poder, todo ha sido privatizado. Si trabajas para una empresa de éstas tienes una vida de lujo, en unas zonas residenciales completamente electrificadas; y si no, vives en las chabolas que están rodeando todas estas zonas. Básicamente, la idea es qué pasaría si EE UU se convirtiera en un país como Brasil, México o India. ¿Qué pasaría si las tendencias de privatización, poder de las empresas, cambio climático, polarización entre ricos y pobres continuaran a este nivel? Una serie distópica, pero bastante política. Thriller con un poco de sátira, pero sí intentamos darle un poco al sistema neoliberal norteamericano. Yo confío en que Fox News nos crucifique cuando se estrene. Si no lo hace, es que no lo hemos hecho bien [risas].
    AP: Estamos ahora con el reparto.

    Es una nueva experiencia para vosotros, ¿habéis tenido libertad?
    AP: La limitación en televisión viene dado por el tiempo y los recursos. En cierta manera tienes más libertad porque hay cosas en las que la industria del cine americana ya está menos interesada. En TV el peso cae en otros elementos: en los personajes, en los diálogos, es una temática más adulta, porque la gente que ve televisión es mayor que la que va al cine. Por eso las series son más adultas, más oscuras, más osadas… Y mientras no te pasas de presupuesto, te dejan hacer [risas].

    ¿Qué presupuesto tenéis?
    AP: No nos dejan divulgarlo.
    DP: Pero es mayor que el de una película española: tenemos más presupuesto para hacer un piloto que el de una peli como Los últimos días. Pero hasta ahí puedo leer.

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