Carlos Aguilar: “Alguien tenía que haber a quien no le gustase Almodóvar”

Ni el manchego universal, ni Brad Pitt, ni Penélope Cruz ni James Cameron son santos de la devoción de este crítico, cuya monumental 'Guía del cine' suma casi 2.000 páginas en su nueva edición. CINEMANÍA habla con él sobre 'blockbusters', opiniones subjetivas y mucho más.

10 de diciembre de 2011

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  • Casi 2.000 páginas, aproximadamente 30.000 películas y una colección de opiniones no siempre para todos los gustos. Esos son los contenidos de la Guía del cine (Cátedra), la obra magna del crítico Carlos Aguilar. Un volumen que ha ido engordando en sus sucesivas versiones, y que constituyó el manual de referencia básico para el cinéfilo hispanoparlante antes de que internet (y quien dice internet, dice iMDB) simplificase la tarea de buscar quién actuó, quién dirigió y cuándo se estrenó esa película que te quita el sueño. Aunque el uso del tiempo pasado puede ser ocioso, porque el libro de Aguilar sigue vivo, bien y en las estanterías de tu librería habitual, en una cuarta edición más voluminosa, más erudita y también más incisiva que nunca. ¿Cuáles son las razones de su supervivencia en estos tiempos tan digitales?

    “Tras cada edición, el libro se vende aún mejor”, nos comenta el propio Aguilar acerca de una obra que muchos conocimos, años ha, como Guía del vídeo-cine. Según el autor, las claves para que este tomazo siga circulando son “la fiabilidad, porque conlleva un gran trabajo de documentación, y la posibilidad de compaginar un criterio objetivo (las fichas y los datos) con el criterio subjetivo de las críticas: eso despierta respeto en el lector”. De ahí que Aguilar se ufana de haber obtenido “el mejor diccionario de películas en castellano, porque es el que más variedad ofrece: a diferencia del New Biographical Dictionary of Film y otras obras de consulta en inglés, aquí vas a encontrar de todo, producciones españolas, asiáticas, europeas… Y de Hollywood, claro”.

    A ese respeto se suma, añadimos nosotros, la conciencia de que este trabajo es una labor de décadas. No en vano Carlos Aguilar tenía la costumbre, “desde los 13 o 14 años”, de catalogar todas las películas que veía en los cines de su barrio natal, el de Lavapiés. Una costumbre que prolongó durante su época de editor de fanzines, como Morpho. ¿Cuántas películas ha llegado a ver el escritor en un sólo día? “Seis, es mi récord”, comenta jocosamente. “A veces he llegado a ver siete seguidas, a lo mejor en un festival, pero eso ya es mucho”. Esas fichas fueron los cimientos de un volumen que nació por encargo de una distribuidora videográfica, en 1985, y que (como vemos) se mantiene en forma. Sin embargo, sorprende descubrir que Aguilar nunca ha clasificado los incontables dvd y cintas VHS que tiene en casa: “Los tengo por orden alfabético, y con eso basta”.

    Como alguien dedicado a aportar su punto de vista subjetivo acerca de todas las películas habidas y por haber, Carlos Aguilar se fía más bien poco de iMDB y sus criterios de valoración. “las críticas de iMDB no me gustan porque no hay un criterio homogéneo de valoración, y por lo tanto no hay rigor ni coherencia”, explica. Y añade: “A veces he entrado en esa web, y he encontrado críticas muy razonadas al lado de otras que eran auténticos disparates”. Por la misma razón, nuestro hombre tampoco se fía demasiado de Rotten Tomatoes. Y por eso mismo optó por incorporar su opinión sobre cada filme a su Guía… antes que dejarla en un simple diccionario de referencias: “Cuando leo sobre cine, me interesa encontrar un punto de vista crítico, porque un texto informativo se olvida enseguida”, reconoce.

    Durante nuestra conversación, Aguilar habla del “contacto emocional” que una crítica suscita entre el escritor y el lector. Y también reconoce que su opinión es revisable: “Hay películas que siempre me van a encantar, y otras que siempre me van a horripilar, pero reconozco que determinados criterios se flexibilizan”, explica. Pero quien espere encontrar una edición domesticada de la Guía del cine se llevará un chasco enorme: as críticas contra actores “sobrevalorados” como Paul Newman o Marlon Brando siguen ahí, y las bestias negras de Aguilar siguen siendo los blockbusters de Hollywood, que “degradan y vulgarizan el gusto general, hasta devolverlo a los tiempos de la barraca de feria”.

    Así mismo, junto a sentidos denuestos contra George Lucas, James Cameron y compañía, también se llevan unos cuantos tortazos vacas sagradas como Kubrick, Almodóvar y Tarantino, por no hablar de sex symbols como Brad Pitt y Penélope Cruz. “Supongo que alguien tenía que haber en contra de Almodóvar, pese a toda su buena prensa”, bromea Aguilar cuando se le pregunta por el primero. Respecto al segundo, matiza, “me gustan algunas de sus películas, como Jackie Brown, pero el problema de Tarantino es cuando hace cine para los tarantinistas”.

    Aguilar recuerda muchas veces a Armond White, ese crítico neoyorquino tan destrozón y desacomplejado, de quien hemos hablado ya en esta misma web y a quien el madrileño confiesa no haber leído. Y, al igual que en el caso de White, está claro que tras sus polémicas opiniones hay un sincero amor al cine, y mucha dedicación a una labor que considera esencialmente pedagógica. “Siento una responsabilidad creciente, porque ya son casi dos generaciones de lectores de la guía”, afirma. Y continua: “El libro es como una caja de resonancia: por eso, a cada edición, lo corrijo y lo matizo”. A continuación te ofrecemos una selección de sus collejas más sonoras.

    Opiniones contundentes: los veredictos de Carlos Aguilar

    Sobre Los abrazos rotos: “Potaje de películas previas de su director [Pedro Almodóvar] a lo largo de una historia de romances abrasivos que transcurren en diferentes tiempos cronológicos y preside una Penélope Cruz en modo ‘Penélope Cruz” (p. 24).

    Sobre Avatar: “Un engendro de lujo que, por añadidura, no termina nunca. Justo como el previo film del autor, Titanic” (p. 140).

    Sobre Crepúsculo: “Tediosa necedad para según qué adolescentes, según una moralista y deleznable serie de libros, o así, escritos por la inefable Stephenie Meyer” (p. 387).

    Sobre Drácula de Bram Stoker: “Deleznable resurrección cinematográfica de la figura de Drácula a cargo del astuto Coppola, quien, por lo visto, ni conoce el género gótico ni menos aún lo comprende o aprecia” (p. 515).

    Sobre El gran Lebowski: “Un falsamente brillante dechado de petulancia y autoafirmación autoral, repleto de gratuidades y excesos” (p. 699).

    Sobre Eyes Wide Shut: “Las posibilidades cinematográficas del original [Relato soñado, de Arthur Schnitzler] naufragan en un relato aburrido y autocomplaciente, a la postre banal y hasta moralista, para colmo de males interpretado por Tom Cruise. Un dechado de gratuita fatuidad artística, típico del muy sobrevalorado Stanley Kubrick, cuya filmografía finalizó aquí” (p. 608).

    Sobre Gladiator: “Resurrección del género peplum a la luz del concepto coetáneo del gran espectáculo (…) nada de erotismo, salvo un homosexualismo solapado ni sentido del humor, partiendo de un guión que no es sino un interminable encadenado de referencias y plagios” (p.684).

    Sobre Harry Potter y las reliquias de la Muerte (I): “Una de las peores entregas de la saga, que ya es decir, dividida en dos partes para apurar la rentabilidad al precio que sea (…). La típica estafa millonaria” (p. 730).

    Sobre Lost in Translation: “Apoyado en el irritante underplaying de Bill Murray, y con un humor lamentable (…) supone uno de los filmes más preocupantemente sobrevalorados de su momento” (p. 938).

    Sobre Piratas del Caribe: En el fin del mundo: “Por momentos parece una película de Bollywood: puede verse sin continuidad, mirando unas veces, despegándose otras… Porque no hay historia, ni personajes, ni sentido, sólo imágenes presuntamente atractivas” (p. 1250).

    Sobre La princesa prometida: “Es imperdonable que una obra que se pretende imaginativa caiga en el más gris de los aburrimientos” (p. 1283).

    Sobre Origen: “Una de las peores películas del autor [Christopher Nolan]que camulfa en una estructura supuestamente compleja, y con más de una deuda con la nefasta fiebre del videojuego, una trama de lo más simple (…). Sin auténtica inventiva ni sentido del equilibro, enamorada de sí misma, mal interpretada (…)” (p. 1178)

    Sobre Pulp Fiction: “Sin duda hábil en cuanto a técnica y dirección de actores, su concepto de la violencia y de los diálogos traduce el vacío fundamental sobre el que reposa: un vanidoso, interminable y falsamente cinéfilo ejercicio de gratuidad” (p. 1.301).

    Sobre La red social: “El desarrollo acusa la farragosidad expositiva y la pringosa autocomplacencia proverbiales en [David] Fincher, añadiendo un montaje sincopado insoportable, por añadidura en el seno de una ideología dudosa. Uno de los films más sobrevalorados de su temporada” (p. 1333).

    Sobre Moulin Rouge!: “Un insufrible y crispante show hortera, tan aparatoso como huero, y cuya descerebrada banalización del Arte es intolerable” (p.1073)

    Sobre Scream 4: “Un bodrio directamente insufrible que fluctúa entre el autohomenaje, la puesta al día y, directamente, la patochada” (p. 1412).

    Sobre Torrente 4: “La peor, que ya es decir, de las secuelas de la estimable Torrente: el brazo tonto de la ley. (…) por añadidura, su identificación, en todos los niveles, con la telebasura es absoluta” (p. 1.578).

    Sobre Vicky Cristina Barcelona: “Repelente engendro, que endilga la más descarada promoción turística partiendo de una trama baratamente calentorra, rigurosamente inverosímil, progresivamente arbitraria y penosa cuando pretende cierto psicologismo” (p. 1668).

    Sobre Uno de los nuestros:  “Empero, se trata de un filme enormemente sobrevalorado: la puesta en escena de Scorsese (…) carece de la mejor sutileza, y su puesta en escena muchas veces denota una grandilocuencia efectista y autocomplaciente” (p. 1633).

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