[Cannes 2019] ‘The Lighthouse’: loca academia de fareros con Robert Pattinson y Willem Dafoe

Robert Pattinson, Willem Dafoe y un faro en el fin del mundo. Con muchas gaviotas. Son los elementos que Robert Eggers ('La bruja') combina en su segunda película.

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19 de mayo de 2019

Como un faro en el fin del mundo, The Lighthouse te lanza a la cara la radiación de las interpretaciones al límite de Robert Pattinson y Willem Dafoe. Es una de esas películas cuya visión trasciende el grado de experiencia física de sentarse a observar una pantalla. Aquí se sale del cine empapado de tormenta, oliendo a mar, salitre y sangre de gaviota.

El segundo filme de Robert Eggers, aupado a las máximas alturas del nuevo cine de terror gracias a la aclamación crítica de su debut La bruja (2015), es una apuesta estética de alto nivel. Empieza con la fuerza de una pantalla –en formato 1.19:1, con fotografía en blanco y negro expresionista de Jarin Blaschke– llena de luz blanca, seguida por la quilla de un barco que avanza rompiendo un océano blanquinegro mientras el ruido de las olas se confunde con el retumbar de la música de Mark Korven, otro colaborador imprescindible del equipo técnico de La bruja que el director recupera.

The Lighthouse solo cuenta con dos personajes: dos fareros, maestro y aprendiz, que llegan a su destino en una isla desierta –localización natural en el remoto finis terrae canadiense de Nueva Escocia, donde el equipo de producción construyó el faro y la casa que sirven de únicos escenarios– y se preparan para cuatro semanas de duro trabajo hasta ser relevados.

Como es fácil de imaginar, en una tradición de literatura de terror que toma referentes clásicos a lo Poe Lovecraft como suelo básico sobre el que construir, pronto empiezan a suceder cosas que desbordan la simple tensión de la convivencia. La estancia en la isla pasa en poco tiempo a una situación extrema que desemboca en un descenso directo a los infiernos de la locura.

Willem Dafoe como el farero y Robert Pattinson como su subalterno se entregan a un salvaje tour de force expresivo en un duelo actoral excepcional. Dafoe, de expresión desquiciada y verbo desatado a medio camino entre el Ahab de Moby Dick y el Haddock de Tintín, contra Pattinson en un registro taciturno a punto de e.x.p.l.o.t.a.r. que bien podría ser uno de los mejores trabajos de su impecable racha de los últimos años.

La desconfianza, la paranoia, las alucinaciones y la violencia dominan el choque dialéctico entre los dos protagonistas. Porque, aunque esté repleta de grandes ideas visuales –hay algo a celebrar en los directores actuales que eligen la relación de aspecto cuadrada para dar un toque distintivo a sus películas: de repente, se ven obligados a trabajar con detalle la puesta en escena y pensar la composición del plano; a dejarse ver y operar sin salvaguardas– e instantes que no desentonarían en filmes de terror de Murnau, Dreyer o el expresionismo alemán, en The Lighthouse la dimensión verbal también es fundamental.

Igual que en La bruja, Eggers ha dedicado una gran atención a la autenticidad de los diálogos –firma el guion junto a su hermano Max Eggers– para plasmar cómo se expresarían unos fareros de principios del siglo XX al perder la cabeza. De ahí sacamos la mejor colección de parlamentos y retahílas de insultos marineros del cine reciente, que en boca de Willem Dafoe son capaces de invocar a muchas más criaturas de las profundidades marinas que cualquier fragmento de Aquaman. 

Aparte de los dos fareros, las gaviotas son los únicos seres vivos que también habitan en la isla. Tras la primera proyección en la Quincena de Realizadores de Cannes, una persona del público preocupada por las aves preguntó a Eggers si algún animal había sufrido daños durante el rodaje de la película. El director ha contestado que solamente dos, señalando a Robert Pattinson y Willem Dafoe, que lo acompañaban sobre el escenario. No hay mejor síntesis de lo que ofrece The Lighthouse: dos animales marinos devorándose el uno al otro. El hombre es una gaviota para el hombre.

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