Buster Keaton: 5 temeridades que siempre recordaremos

En los 100 años del debut del mayor cómico de la era del mudo repasamos los desafíos que asumió durante su carrera, siempre consagrada al gag perfecto.

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01 de febrero de 2016

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  • El 1 de febrero de 1966 murió a los 70 años Joseph Frank Keaton, quien conocido como Buster Keaton –nombre inspirado, según contaba él mismo de manera quizás apócrifa, en una asombrada exclamación de Houdini al verlo actuar con apenas 18 meses de vida– fue una de las mayores estrellas mundiales del cine.

    Si bien su legado como humorista visual persiste actualmente en el trabajo de reconocidos admiradores como Jackie Chan Wes Anderson, la figura de Keaton se mantiene inigualable dentro de la historia del cine por su constante capacidad de reinvención, la imaginación de sus películas, el extraordinario dominio de la puesta en escena y el encuadre como recursos humorísticos, la inquebrantable rotundidad de su cara de palo o el riesgo físico que asumía él mismo para lograr el gag perfecto.

    APOSTÓ POR LA COMEDIA FÍSICA

    Sin dobles, sin temor. Formado en los trompazos del vodevil desde la tierna infancia, Buster Keaton tenía el entrenamiento y la habilidad necesarios para realizar él mismo todas las osadías y desafíos a la fuerza de la gravedad que normalmente poblaban sus películas. “El secreto reside en saber cómo caer, contrarrestar la fuerza de la caída con un pie o una mano. Comencé a hacerlo desde tan pequeño que es como una segunda naturaleza para mí. Muchas veces podría haberme matado si no hubiese caído como un gato. Los imitadores de nuestros números [de vodevil] no duraban mucho tiempo porque no podían soportarlo”, declaró en una ocasión. Ya en el cine, muchas veces el riesgo no estaba sólo en cómo caía él, sino en cómo le caían las cosas encima:

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    SIEMPRE HUMOR VISUAL

    Buster Keaton era un genio de la acción física, pero también del lenguaje cinematográfico. Tenía muy claro el poder del cine como vehículo de narración visual y, frente a la media de 240 cartelas con texto que se utilizaban en el cine mudo, el máximo de su filmografía quedó en 56. La construcción de los gags de Buster Keaton se basan en lo que se ve, en el punto de vista de la cámara, en la disposición de los elementos dentro del encuadre y en el montaje. Es uno de los narradores más puramente cinematográficos que ha habido.

     

    DEFENDIÓ SU INTEGRIDAD ARTÍSTICA

    Sí, lo de arriba es una locomotora de ferrocarril real cayendo al río desde un puente. Cosas del cine en la era pre CGI. Lo cierto es que aunque El maquinista de La General (1926) hoy en día tiene estatus de obra maestra y se considera uno de los mayores logros de la filmografía de Buster Keaton, en el momento de su estreno sólo le trajo problemas. Su fracaso crítico y de taquilla (entre otras cosas, por atreverse a satirizar la Guerra de Secesión) causaron que Keaton no volviera a tener el control total sobre sus películas y, poco después, pasó a ser un asalariado de Metro-Goldwyn-Mayer justo cuando el cine sonoro llamaba a la puerta. El fin de una era.

     

    NO TUVO MIEDO DEL SONORO

    Aunque entre unas cosas y otras, incluida la turbulenta separación de su esposa Kathleen Key que lo llevó al alcoholismo, su carrera nunca volvió a ser la misma desde la década de los 30, Keaton no se dejó derrotar y sobrevivió a los cambios en el cine de humor, la eclosión de nuevas sensibilidades y apuestas por los diálogos chispeantes. En MGM llegó a escribir chistes para películas de los hermanos Marx —Una tarde en el circo (1939), Los hermanos Marx en el Oeste (1940)—. En 1952 acompañó a Charles Chaplin con un memorable secundario en Candilejas y en 1961 protagonizó su propio episodio de Twilight Zone, escrito por Richard Matheson.

     

    SE DEJÓ LIAR POR SAMUEL BECKETT

    Quizás el mayor desafío que ha afrontado un actor cómico en toda la historia del cine, mucho antes de las reinvenciones dramáticas de Tom Hanks, Jim Carrey Adam Sandler. En 1965, el director teatral Alan Schneider contactó con Buster Keaton para ofrecerle el rol protagonista de Film, el único guión cinematográfico escrito por el dramaturgo Samuel Beckett. El resultado fue uno de los cortometrajes más fascinantes de la historia, donde Keaton interpreta a un personaje identificado como dentro de una asfixiante exploración de la experiencia subjetiva de la imagen que, pese a su atmósfera asfixiante, funciona como perfecto epílogo a una filmografía que siempre supo sacar el máximo partido al punto de vista de la cámara de cine.

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