Buscando a Dory (y la inspiración de Pixar) con Andrew Stanton

Tras el batacazo de John Carter, Andrew Staton ha vuelto a Pixar, el estudio que ayudó a fundar y en el que rodó Buscando a Nemo y Wall-E. CINEMANIA ha charlado con él

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23 de junio de 2016

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  • Andrew Stanton ha estado en Madrid para presentar la secuela más esperada del verano, Buscando a Dory, que -con 136 millones de dólares recaudados- se ha convertido en el mejor estreno de una película de animación en la historia de EEUU.

    Durante la masterclass que ofreció ante una entregada audiencia de estudiantes y moderada por Enrique Gato (el padre de Tadeo Jones), Stanton ha citado a Steve Jobs –”nuestro trabajo es saber lo que la gente quiere antes que ellos mismos lo sepan” decía- y ha afirmado que “Pixar es como una escuela de cine -por su sentido de la colaboración- y, a su vez, como una villa olímpica -por el perfeccionismo de los que trabajan allí-”. Todo esto ha dado lugar a una cultura creativa donde todos opinan de los proyectos de todos en el llamado Brain Trust, lo que les ha convertido en los líderes del cine de animación. En un milagro. Nunca antes en la historia de Hollywood un estudio había facturado tantos éxitos de crítica y público seguidos.

    Pero todo este éxito y perfeccionismo también ha podido convertirse en su talón de Aquiles, ya que desde Cars 2 el estudio anda algo falto de imaginación y parece haber perdido la frescura de sus comienzos. Atrás quedaron los tiempos en los que eran capaces de estrenar consecutivamente obras maestras tan arriesgadas y originales como Up, Wall-E y Ratatouille. La prueba es que, en su calendario de estrenos, hay tres secuelas Cars 3, Los increíbles 2 y Toy Story 4 y solo una película original: Coco.

    “¡Me gusta pensar que Buscando a Dory es muy original!” se defiende Andrew Stanton cuando, más tarde, nos quedamos a solas con él y le insinuamos esto. “Lo que nos emociona es contar historias, no importa si es en un lugar completamente nuevo o en un lugar familiar. Lo que importa es que cuando estés viendo la película la sientas como algo fresco y original”. Lindsey Collins, productora y escudera, sale en su defensa: “Cuando los directores de Pixar venden su proyecto ponen tres o cuatro ideas sobre la mesa, pero Andrew lo tiene tan claro que solo pone una. No se lo toma a la ligera porque sabe que van a ser cuatro años de su vida y un gran compromiso”. Los genios de Pixar tienen arte hasta para esquivar las preguntas más difíciles.

    Tal y como Ed Catmull contó en su recomendable libro Creatividad S.A, en Pixar son los directores (y no los ejecutivos) los que deciden qué historias quieren contar. Pero, ¿En qué momento se dio cuenta su director de que Dory merecía su propia película? “A principios de 2011 teníamos que aprobar una nueva versión de Buscando a Nemo en 3D -rememora- y la vi por primera vez en siete años, con otros ojos, como un espectador más”. Y prosigue: “Cuando terminó la película me sentí muy frustrado, intranquilo y preocupado porque pensaba que había muchas preguntas sobre Dory sin responder: ¿Qué iba a pasar con ella? ¿Y si se olvidaba de Marlin y Nemo? Se quedaría como al principio, sin familia. ¿Y de dónde era? ¿Y por qué tenía que seguir disculpándose por su discapacidad? Quería verla bien, feliz y en paz”.

    Pese a esto, Andrew confiesa que Dory es todo lo contrario a él: “Yo soy más como Marlin: me atormenta el pasado, me asusta el futuro y soy incapaz de vivir el presente. Por eso amo al personaje de Dory y creo que por eso nos gusta a todos, porque vive el momento”. Para encontrar ese contrapunto femenino ficharon a Victoria Strouse para escribir el guion y volvieron a contar con Ellen DeGeneres para prestarle su voz y su personalidad (Anabel Alonso, de nuevo, en la versión española).

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    Después de Buscando a Nemo, los animadores se han movido como pez en el agua -nunca mejor dicho- a la hora de recrear las profundidades marinas. “Este rodaje ha sido más divertido y mucho más fácil porque con la tecnología que tenemos ahora ha sido más fácil generar la ilusión de estar debajo del agua” explica Andrew. El mayor reto técnico ha sido -nos cuenta su productora- animar al misántropo pulpo Hunk, uno de los nuevos personajes principales. “Desde el concepto inicial a la creación, sin contar la animación, nos ha llevado dos años -cuando un personaje normal nos lleva seis meses. Esto es porque no tiene una estructura interna, no tiene huesos, es muy líquido y todo lo expresa con la mirada, ya que la boca apenas se le ve. Luego están los tentáculos, que se mueven y cogen cosas todo el rato”. E ilustra: “La escena en la que Dory y él están en el fregadero de la sala de cuarentena llevó seis meses animarla”.

    Pero todo este despliegue técnico no sería posible sin el pilar fundamental que ha convertido a Pixar en lo que es: la historia. John Lasseter -que fundó el estudio hace 26 años junto a Andrew Stanton y Pete Docter- siempre afirma que todas las películas han sido terribles alguna vez y que durante el proceso de guión siempre se encuentran con un muro que parece imposible de atravesar. Y Buscando a Dory no ha sido una excepción. “El problema siempre fue Dory, encontrar cómo seguir con un ser tan emocional y con un deseo tan fuerte de encontrar a su familia. Estuvimos buscando la respuesta durante cuatro años en las piezas de un puzzle, pero fue frustrante porque cuando pensábamos que la teníamos la imagen era incompleta y llegamos a pensar que era una historia que no se podía terminar. Y esto fue así porque cuando uno tiene la pérdida de memoria a corto plazo, uno no puede reflexionar y decir `oh, durante el desayuno estaba feliz, pero ahora después de hablar con mi madre durante el almuerzo estoy triste´. No se pueden seguir los cambios en sus emociones y cuando no tienes eso estás perdido, no puedes seguir adelante, lo que nos frustró durante mucho tiempo”. Parte de la solución estuvo en los flashbacks en los que Dory recuerda su infancia y se convierten en su motivación (y su autoestima) a la hora encontrar a su familia.

    Finalmente gracias a su perseverancia, que es la misma de Dory a la hora de superar sus dificultades, el viaje ha llegado a buen puerto y -a la espera del veredicto del juicio español- Pixar ha vuelto a hacer historia (y a hacernos felices) una vez más.

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