Bruce Weber y el fin de los tipos duros de Hollywood

El fotógrafo y documentalista cierra con 'Nice Girls' una trilogía sobre la virilidad. Lo entrevistamos en el Festival Play Doc

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11 de abril de 2019

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  • Es prácticamente imposible que, durante tu vida, no te hayas dado de bruces con la obra de Bruce Weber (Pensilvania, 1946). Lo habrás hecho en su faceta como fotógrafo, con sus míticas campañas para Calvin Klein o Versace; en su condición de director de videoclips para Pet Shop Boys, con esa mítica fiesta del tema Being Boring; o como documentalista. Precisamente es esta última faceta la que le ha llevado hasta Tui, al Festival Play Doc, a presentar su última película, Nice Girls Don’t Stay For Breakfast, retrato de la leyenda de Hollywood Robert Mitchum, fallecido en 1997. De alguna manera, Nice Girls… es el cierre a su trilogía sobre grandes iconos de la virilidad estadounidense. Mitchum llega después del boxeador Andy Minsker en Broken Noses (1987) y del trompetista Chet Baker en Let’s Get Lost (1988). Las tres piezas fueron proyectadas en el festival. Tres documentales, tres retratos fotografiados en delicioso blanco y negro, tres homenajes analógicos a tipos con un talento especial para exprimir la vida… y seducir mujeres por el camino.

    Como en sus otros documentales, la película se abre con su narración contando cómo consiguió el proyecto… Esta vez parece que fue realmente complicado…
    De hecho, muchos creyeron que no lo íbamos a conseguir. Dennis Hopper me dijo que Bob (Weber siempre le llama así cariñosamente) nunca iba a aceptar. Pero bueno. Estuve enviándole regalos continuamente hasta que dijo que sí. No sé qué pensaría un tipo duro como él de que un hombre le agasajara tanto. Realmente, lo mío fue un cortejo en toda regla.

    ¿Por qué se mostraba tan reticente?
    Ya le habían ofrecido un montón de dinero para escribir su biografía, pero se dio cuenta que no podía hacerlo por su mujer y por su familia, porque tendría que contar la verdad, y eso no podía hacerlo. Al final, con la excusa de un documental sobre la grabación de un disco, aceptó.

    En Broken Noses y Let’s Get Lost, sus protagonistas utilizaban la cámara a modo de confesionario. Parece evidente que, en esta ocasión, Mitchum era un hombre bastante parco en palabras. Son los demás los que hablan de su ajetreada vida amorosa, de su carácter violento o de sus problemas con la justicia…
    Bueno, Bob era así, era un tipo callado. Creo que se debía un poco a su personalidad pero que también era una cuestión generacional: a casi todo los actores de entonces les costaba comunicarse cuando no estaban interpretando a sus personajes.

    En sus tres documentales hay una obsesión por la estética de la Edad de Oro de Hollywood, hasta el punto de que una de sus grandes cualidades es que es capaz de reproducirla en el presente sin que se aprecie la diferencia. ¿De dónde viene ese amor?
    Crecí en una granja y lo que me daba vida era la música jazz y el cine clásico. Me pasaba el día montándome películas y fotos en mi cabeza. Estaba tan obsesionado con Elizabeth Taylor que mi padre me quiso enviar a un psicólogo. Años más tarde me hice amigo de Elizabeth, y pensaba en aquello y no podía evitar reírme. Estaba un poco loco, si he de decirte la verdad. Los domingos mis amigos se iban a comprar cómics, y yo prefería ver las portadas de los diarios serios, porque salía Elizabeth Taylor con Richard Burton. Después he descubierto que no soy el único mitómano. A mis amigos les pasa lo mismo. Tengo uno que le ha puesto a su perro Guy, en honor al actor Guy Madison.

    ¿Por qué tanto interés por Robert Mitchum?
    Mi amiga Elizabeth Taylor me preguntó lo mismo: para mí Bob Mitchum era un hombre de verdad. Me encantan no solo sus películas, sino la energía que transmite. Para hacer un documental sobre una persona tienes que amarlo u odiarlo. Obviamente, yo amo a Bob Mitchum. Me recordaba a los hombres de cuando yo era niño.

    En el documental afirma que la historia del cine ha sido muy ingrata con Mitchum. ¿En qué se basa?
    En la industria de Hollywood nunca tuvo el reconocimiento que se mereció. Solo lo nominaron una vez a los Oscar y solo le dieron un Globo de Oro póstumo. Eso después de 60 años de carrera y más de 130 películas. Y eso después de pasar el último periodo de su carrera completamente en el dique seco, esperando una llamada.

    Los protagonistas de sus películas son siempre hombres. ¿No se ha planteado nunca un documental sobre una mujer?
    Pedro Almodóvar me presentó a Chavela Vargas. Habría sido un gran personaje. También estuvimos mucho tiempo hablando de la posibilidad de hacer un documental sobre Elizabeth, pero ya era viejecita y no tenía la energía disponible. Iba a ser sobre sexo. Sobre gente que le había resultado atractiva y sobre qué pensaba acerca de ellos. Al final, de todos modos, nunca sabes quién puede ser interesante. Hace cuatro años estaba en L.A. y tuve que ir varias veces a Disney. No sé cómo, empecé a fantasear con la posibilidad de dedicarle un documental a la bisnieta de Lassie, la perrita… Creo que sería una buena opción.

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