Breve historia del tráiler

En 2014 se cumple el primer centenario de los tráilers cinematográficos. Así ha evolucionado esta herramienta publicitaria que, a veces, alcanza la categoría de arte. Por DANIEL DE PARTEARROYO

10 de enero de 2014

Sus lanzamientos son acontecimientos globales que generan inmediatamente riadas de comentarios en las redes sociales. Sus imágenes son escrupulosamente analizadas por los fans en busca de pistas y detalles fugaces. La duración de sus planos está medida al milímetro y la distribución diseñada para generar diferentes puntos de impacto emocional. Hoy en día, los tráilers cinematográficos son pequeñas obras de ingeniería de la anticipación encapsuladas en misiles de menos de tres minutos cuya misión consiste en interesar a millones de personas de todo el mundo. Los más esperados, hasta tienen su propio (meta)tráiler.

Una idea que seguramente dejaría pasmado a Nils Granlund, el productor de Broadway a quien se acredita la invención del tráiler gracias a un cortometraje rodado específicamente como reclamo de las representaciones de la obra The Pleasure Seekers en 1913. Pero no fue hasta un año después que el propio Granlund aplicó la idea al medio cinematográfico para anunciar una película de Charles Chaplin, por lo que es ahora, en 2014, cuando podemos celebrar el primer centenario de esta herramienta publicitaria que en ocasiones es capaz de alcanzar altas cotas artísticas y la mayoría de las veces enseña demasiado (cuando no, directamente, da gato por liebre). Para entender mejor los 100 años de historia de los tráilers, nos vamos a fijar en 10 momentos clave de su evolución y cómo dieron pie a tendencias muy definidas. 

La sencillez de los inicios



Unos simples carteles con el título de la película, alguna que otra frase promocional de catálogo, los nombres de las estrellas presentes en el reparto y escenas del filme en cuestión montadas sin mucho gancho eran los elementos principales de la gramática básica que se utilizaba para componer los primeros tráilers.

 

Se hizo la voz



Igual que ocurrió con el cine en general, la introducción del sonido grabado y sincronizado supuso un cambio revolucionario. Tan sobrados iban los responsables de El cantor de jazz que, al inicio de su avance de siete minutazos, se permiten el lujo de dirigirse a los espectadores directamente y a viva voz. Después, un pequeño publirreportaje y alguna que otra secuencia de la película para dejarnos con la miel en los labios… Si queremos escuchar a Al Jolson, tendremos que comprar la entrada.

 

La era de las hipérboles flotantes

“Si buscas aventura… la encontrarás en Casablanca”. “El hombre más peligroso en la ciudad más peligrosa del mundo”. Si creías que el hype era una invención de internet, te sentirás sobrepasado por la contundencia de las aserciones que aparecían impresas sobre las imágenes de los filmes en los avances de los años 30, 40 y 50. Sin miramientos hacia la cantidad de spoilers explícitos que colaban en sus anuncios, durante décadas lucharon por encontrar los adjetivos más llamativos e impactantes hasta que el cine de serie B hizo saltar la banca definitivamente. 

 

Alfred Hitchcock presenta




El genio portentoso de Alfred Hitchcock no se notaba sólo en la realización de sus películas, sino también en las estrategias publicitarias que ideaba para cada nuevo proyecto. Gracias al éxito de su serie de televisión Alfred Hitchcock presenta, la figura del cineasta británico era mundialmente conocida, por lo que su presencia en los tráilers de películas como Con la muerte en los talones o Psicosis anticipando el tono del filme, paseando por sus escenarios y revelando lo mínimo sobre la trama pero intrigando al máximo son clases magistrales en el arte de la venta directa de un producto.

 

La experimentación vende

Lolita y ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú son sólo dos ejemplos, pero la mayoría de los tráilers de la filmografía de Stanley Kubrick demuestran cómo el director neoyorquino llevó hasta las pequeñas piezas promocionales su interés por expandir la riqueza artística del medio. Experimentando con el montaje, el sonido, los diálogos y la tipografía, muchos de estos avances nos dejarían boquiabiertos si alguien tuviera la valentía de seguir su camino hoy en día.

 

Poder conceptual

De Alien, el octavo pasajero a The Turin Horse pasando (obligatoriamente) por El resplandor. Triple demostración de que, tanto hace unas pocas décadas como hoy en día, un concepto poderoso capaz de transmitir con efectividad la intención atmosférica de la película que se anuncia hace mucho más en la generación de curiosidad e interés (¿pero de qué va esto exactamente? ¿por qué tengo un escalofrío helado recorriéndome la espalda desde hace 20 segundos?) que todos los adjetivos calificativos y frases grandilocuentes que un departamento de márketing con sobresueldo es capaz de aportar.

 

Explosiones blockbuster

Claro que, de los años 80 en adelante, la necesidad de ganarse a la audiencia juvenil con emociones más fuertes que los videojuegos y películas más espectaculares que la vida misma hizo que los estudios reforzaran la promoción de sus blockbusters con imágenes de auténtico impacto. Era la época en la que ver la Casa Blanca saltando por los aires en el avance de una película podía generar aullidos de asombro y conversaciones durante semanas.

 

 El teaser bien temperado

Cuando los tráilers ya se hacían insuficientes para vender películas del tamaño de las mayores superproducciones del año, demasiado-grandes-para-un-sólo-avance, los teasers empezaron a aparecer en las pantallas de los cines con la única finalidad de generar expectación sobre películas todavía lejanas (¿la estrategia te resulta familiar?). Muchas veces rodados específicamente para la ocasión, sin metraje real del filme, su anticipación de acontecimientos como Terminator 2 o Parque Jurásico son capaces de encoger el corazón aún hoy en día. Y ocurrencias como la burla de Godzilla contra El mundo perdido hace que echemos de menos ese sentido del humor naíf en los tráilers actuales.

 

Su fan service, gracias

La expansión masiva de internet, los blogs, redes sociales y webs de noticias como esta misma propulsaron un nuevo cambio de modelo. En 1998, en EE UU la gente compraba entradas para ver ¿Conoces a Joe Black? porque antes proyectaban el primer tráiler de La amenaza fantasma. Veían las primeras imágenes de Star Wars en 15 años y después se salían del cine sin mirar atrás. Ese mismo año, Lucasfilm colgó el avance en su web (inmediatamente colapsada por internautas con conexiones de risa) y todo empezó a cambiar. Ya hace más de una década que los tráilers se hacen principalmente para internet, para generar conversaciones efímeras entre fans de franquicias dispuestos a cazar las referencias visuales primorosamente incrustadas al fondo de los planos mientras se almacenan en webs y canales de YouTube que funcionan como bases de datos. Si una película tiene menos de dos o tres tráilers distintos, denota su anomalía.

 

Quédate con la canción

Podríamos haber cerrado con la inceptionización salvaje como fenómeno contemporáneo, pero preferimos quedarnos con una nota positiva y llamar la atención sobre esos tráiler recientes que consiguen sobresalir entre las toneladas de vídeos, anuncios, clips e impactos que recibe un internauta cinéfilo cualquiera al año. Los que de verdad hoy en día consiguen no sólo que nos quedemos con el título de la película que anuncian, sino que nos acordemos de ellos años después. La última estrategia más celebrada es confiar en el poder de las imágenes, sin diálogos, sólo ritmo gracias al montaje y la pregnancia de una canción asociada. El de Donde viven los monstruos es una debilidad personal, pero los ejemplos de La red social y Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres son rotundos: David Fincher sabe bien lo que hace.

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